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48 Sociedad MARTES 6 12 2005 ABC ENTREVISTA CON MIGUEL DELIBES DE CASTRO Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en la Estación Biológica de Doñana De la jara y otras yerbas (y III) En la tercera y última parte de la conversación entre el biólogo Delibes de Castro y el escritor Sánchez Ferlosio hablan de la dificultad de controlar los fuegos rurales y de la discutible política de evitarlos a toda costa POR RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO Ferlosio: El incendio que usted ha mencionado antes, ¿ocurrió en la sierra de Segura? Delibes: Más cerca de Segura que de Cazorla. El parque se llama Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Y ha sido entre Segura y Las Villas. Y ahí, como no ha habido culpables, se habla menos de él, como si no hubieran ardido 6.000 hectáreas y no hubiera habido que evacuar gente. Pero ha sido un incendio muy grave. También hay que hablar de eso, aunque sólo los rayos estén detrás. En otras ocasiones, afortunadamente poco frecuentes, los fuegos se originan por contacto entre cables eléctricos (de tendidos o, quizás más a menudo, de catenarias de ferrocarril) y los árboles, e incluso por chispas que saltan de los tractores u otras maquinarias agrícolas; en esos casos hay humanos detrás, no ocurre como con los rayos, pero hay que reconocer que su responsabilidad es muy indirecta. Y la otra cuestión es que los expertos dicen que en hidroaviones y otros medios ya hemos llegado al límite de lo que es posible tener. O sea, que España tiene una de las mejores flotas para las tareas de extinción de incendios. -F: ¿Pero quién la tiene, el gobierno o las empresas privadas? -D: La tiene el Ministerio de Medio Ambiente, estos días veíamos su nombre en los aviones de Galicia. También han comprado muchos las comunidades autónomas, aprovechando el deshielo de la guerra fría, procedentes de ejércitos del bloque del este, pero dicen que el límite de lo que es posible tener se ha saturado ya. No se podrían tener muchísimos más, y económicamente tampoco. Ahora las exigencias de seguridad son mayores, se trata de evitar accidentes dramáticos como los del Yak- 42 y eso implica mayores costes de mantenimiento, y con respecto a eso ya hemos alcanzado el límite. Muchos días del año están parados, incluso durante gran parte del verano, si hay suerte y hay pocos fuegos. Mi amigo Juan Clavero lo ha contado muy bien: no es un problema de medios; en los años setenta se dedicaban a la campaña contra incendios en Andalucía 100 millones de pesetas al año, y en la actualidad también 100 millones, pero de euros, y aún así el número de fuegos se ha multiplicado por cuatro (aunque no la superficie media quemada por año, que ha pasado de 17.000 a 14.000 hectáreas) Ante la saturación de los medios de extinción y su coste, los expertos consideran que las posibilidades más evidentes para mejorar el sistema solo pueden encontrarse en una conjunción de acciones preventivas que reduzcan la frecuencia de los incendios y limiten la intensidad de los fuegos mediante selvicultura que actúe sobre las acumulaciones de biomasa Otra necesidad, a mi modo de ver, es la profesionalización de los bomberos forestales, que dependen de las comunidades autónomas. En varias de ellas se les contrata tres o cuatro meses al año, en verano. No es un trabajo atractivo y no aprenden mucho. Tendría que convertirse en una profesión, como la de los bomberos urbanos, y habría que pagarles todo el año, y que en invierno practicaran con fuegos controlados, fuegos de matorral en días de lluvia para evitar el fuego de verano, pero tendrían que cobrar. Si queremos evitar fuegos grandes necesitamos gente más profesional. Creo que en Andalucía ya intentan hacerlo así. Y ello enlaza también con otra cuestión a la que suelen aludir los forestales: el hecho de que la tendencia política sea atender más a lo urgente (la extinción) que a lo importante (la prevención) A mí me dio mucha pena, pero me sorprendió, que los muertos de Guadalajara fueran jóvenes, estudiantes que en vacaciones se han apuntado a las tareas de extinción porque les pagan 1.000 euros, supongo. Reciben 1.000 euros durante dos meses o tres, es una forma de ganar un poco de dinero, pero su inquietud y su preocupación no es el monte, y aunque intentan aprender, no es lo mismo un trabajo de temporada que el aprendizaje de una profesión. Hoy apagan el fuego los estudiantes y otros eventuales con La tendencia política es atender más a lo urgente (la extinción) que a lo importante (la prevención) Muchachos de estas cuadrillas nunca han visto un fuego real, y cuando llegan al incendio se espeluznan poca experiencia de campo: entre 1980 y 1989 el 90 de los componentes de retenes de incendios eran trabajadores del medio rural; entre 2000 y 2004 sólo eran trabajadores de ese medio el 2 La reclamación de profesionalizar al bombero del bosque es razonable. O al menos que sean trabajos más duraderos, de seis u ocho meses cada año. -F: Con su entrenamiento. -D: Claro, dedicarse durante tres meses o más al entrenamiento, limpiando el monte. Cuentan algunos ingenieros que hay muchachos y muchachas de estas cuadrillas que nunca han visto un fuego real, y cuando llegan al incendio se espeluznan, porque ante una situación como ésa nadie sabe muy bien cómo va a reaccionar. Y hay gente muy valiente, con mucho ánimo y mucha fuerza de espíritu, que se enfrenta al fuego, pero también hay gente que ha estado un mes contratado como re- tén de incendios y cuando ve de cerca las llamas no puede resistirlo y se va. Es tremendo que esto llegue a pasar, pero parece que ocurre. -F: La inexperiencia la demostró uno de los testigos del incendio de Guadalajara, que se llevó la misma sorpresa que me llevé yo cuando vi por primera vez un fuego, cuando tenía 15 años. Era pasto seco de finales de agosto, de un rubio casi blanco, y muy crecido, porque el ganado no debía de haber comido nada. Los autores involuntarios no podíamos haber sido más que nosotros mismos, mi hermano, yo y otro amigo, que era medio pariente. Lo que me sorprendió fue lo que la razón natural podía haber previsto, pero ante los ojos de la experiencia resultaba, con todo, muy espectacular: en un campo como la palma de la mano, con un pastizal agostado, totalmente homogéneo, sin que soplase ni una brizna de aire, el fuego, teniendo como tenía un único punto de ignición, no podía desarrollarse más que formando un círculo perfecto, un redondel negro rodeado por una circunferencia de fuego que avanzaba radialmente a toda velocidad; cuando lo vimos tendría unos cinco metros de diámetro; cuando llegamos a él tendría ya siete u ocho y ya no pudimos hacer otra cosa que pedir auxilio. La cosa se acabó hacia las seis de la tarde con unas cien hectáreas quemadas, y quedamos en 500 pesetas de indemnización, porque aunque el fuego había abarcado gran parte de encinar, cuando es sólo pasto lo que quema, pasa rápidamente por debajo de la El incendio de Guadalajara en julio causó la muerte a once miembros de un retén. En la imagen, tres de los fallecidos REUTERS