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ABC MARTES 6 12 2005 Opinión 7 No es, pues, posible contraponer absolutamente lo que es conocimiento científico evaluable a opción personal imposible de ser evaluada. Que los valores sean opciones personales no quiere decir que no se pueda argumentar a su favor, que no se puedan basar en conocimientos históricos y de tradición. La confesión de fe, la interiorización de un valor, no es evaluable. Sí lo es la capacidad de argumentar la opción personal, capacidad que algo, o mucho, tiene que ver con el conocimiento de la Historia. LA ESPUMA DE LOS DÍAS LA DEMOCRACIA DÉBIL te neutrales, los valores republicanos franceses, no dejan de ser opciones personales que han ocultado intereses de clase y que reconocidamente están necesitados de un reajuste serio. El que los valores sean objeto de opción personal no quiere decir que no puedan ser argumentados. Es posible establecer una escala en referencia a la argumentabilidad en materia de valores, sin olvidar la advertencia de Isaiah Berlin respecto a la pluralidad de valores, pluralidad no reconducible a un sistema jerárquico, pluralidad necesaria para salvaguardar la libertad individual. Es equivocar del todo el debate educativo afirmar lo siguiente: no es posible que la Religión valga lo mismo que las Matemáticas o las Ciencias Naturales. No corresponde que una opción libre como es la fe se pueda computar como el conocimiento estrictamente científico. Esta afirmación encierra un doble peligro: hacer imposible la educación, relegar la formación en valores al terreno de la irrelevancia, del relativismo completo, de la subjetividad absoluta. Y creer que las Matemáticas o las Ciencias Naturales no conllevan ningún tipo de valores, de ideología. Todo conocimiento está guiado por un interés, dice Habermas. Saber es poder, escribió Francis Bacon, para controlar, y destruir, la naturaleza. La racionalidad unidimensional de la cultura científico- técnica y de la sociedad capitalista correspondiente fue objeto de crítica acerada por parte de Horkheimer y de Marcuse, por poner algún ejemplo. Y Oppenheimer, uno de los padres de la bomba atómica, afirmó, vistas las consecuencias, que la ciencia había perdido su inocencia. A estos peligros no responde adecuadamente la Iglesia católica. En lugar de referirse al debate sobre la formación religiosa como indicativo de los problemas de la educación en valores, y en lugar de ofrecer la formación religiosa como una ayuda para superar esos problemas, con humildad, reconociendo que la presencia de la formación religiosa en la escuela es una oferta de conocimientos históricos y argumentativos- -fides quaerens intellectum- trata de conservar un poder de indoctrinación a través del control moral y doctrinario de los profesores, colocándose en los límites de lo aceptable en un Estado aconfesional. Pero los errores de la Iglesia católica no pueden conducir a ocultar que en las sociedades modernas, con su positiva relativización de los valores y de la tradición, la educación ha entrado en una situación problemática que no se soluciona con una fe ciega en la ciencia. E PALABRAS CRUZADAS ¿Se debe abordar con urgencia la reforma de la Constitución? FALTA CONSENSO SIN PRISA, PERO SIN PAUSA E STÁ muy bien defender la reforma de la Constitución, nadiecon dos dedos de frente se apuntaría alinmovilismo; la sociedad ha cambiado en estos veintitantos años y la carta constitucional debería reflejar esos cambios. Pero que la cambien porque sí, porque lo quiere media docena de políticos que amenazan y chantajean, ya es otra cosa. Y sin embargo, ése es el escenario en el que nos movemos: quienes no tienen más que un puñado de votos en una región imponen su criterio a todos los españoles, les guste o no les guste, les convenga o no les convenga. Reformar la Constitución en este momentoprovoca poca ilusión, escaso o ningún entusiasmo, incluso siendo conscientes de que hay que cambiarla. Pero cambiarla porque el GoPILAR bierno está atado de pies y manos por un CERNUDA par de partidosminoritarios es un disparate; cambiarla en el sentido que quieren esos partidos minoritarios es un desatino. Así que una cantidad nada desdeñable de españoles sentimos rechazo al cambio, sentimos tristeza por la pérdida del consenso, del acuerdo, de la negociación con sentido común buscando el bien de todos. Este aniversario, más que nunca, a muchos nos inunda la nostalgia porque nos faltan referentes: nos faltan hombres y mujeres con la cabeza sobre los hombros para ponerse a trabajar, en libertad y sin presiones, en las reformas que necesita la Constitución. E S una de mis frases de Goethe favoritas: hay que hacer las cosas sin prisa y sin pausa, como las estrellas Hay veces en las que lo urgente es esperar (lema genial de Pío Cabanillas) y ocasiones en las que la demora es delito ¿quizá de Napoleón? Ahora toca ir adecuando la Constitución a los nuevos tiempos para que esta misma buena Constitución, renovada y remendada, nos sirva para bastantes años más. Pero sí, tienen razón quienes dicen que está desfasada en algunas cosas- -no solamente en el término minusválidos de lo que nadie se había dado cuenta hasta que llegó Zapatero: también, por ejemplo, el artículo 30 sigue hablando de servicio militar obligatorio. Y FERNANDO más- Yendo al fondo del asunto, pienJAÚREGUI so que hay capítulos y hasta títulos, incluyendo el octavo, que habla de la organización territorial, que se redactaron para salir de una situación- -el franquismo- pero no para lo que ocurriese veintisiete años después. No hay que tener miedo a las reformas, cambios o enmiendas cuando son fruto del consenso y están meditados sin prisa y sin pausa Lo malo son las improvisaciones, el llegar a un centro de discapacitados y soltar la última genialidad que se te ocurra. O utilizar la Constitución como moneda de cambio frente a las presiones nacionalistas. Así, sí me da miedo reformarla. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate L presidente Zapatero presume de haber dado durante su año y medio de mandato un impulso formidable a las libertades civiles. Por el momento ese novedoso concepto político no va más allá de los matrimonios gays; sin embargo, el desarrollo de esas enigmáticas libertades civiles contrasta con la preocupante astenia que viven en España las libertades a secas, las clásicas, las del manual: libertad de expresión, de manifestación, de libre información, de educación, etc. En los últimos tiempos hemos presenciado episodios de acoso a militantes de la oposición, de hostigamiento a medios críticos y de ataques a empresas no adictas. La mayoría política que nos gobierna CARMEN avanza sin complejos y MARTÍNEZ sin escrúpulos sobre la CASTRO sociedad civil. No padecemos los círculos bolivarianos o los comités castristas de defensa de la revolución, pero tenemos a las juventudes de determinados partidos políticos convenientemente adoctrinadas para acosar al discrepante; tenemos delaciones anónimas en Cataluña y detenciones supuestamente ilegales en Madrid. Realmente no nos privamos de nada. Si alguien quierever cómo una democracia se puede corromper hasta el tuétano no tiene que remontarse en la Historia, le basta con mirar hacia la Venezuela de hoy. Las elecciones se han convertido allí en un mecanismo viciado para perpetuar a un tirano en el poder. El otrora pujante país petrolero se ha convertido en un ejemplo práctico de la debilidad de las democracias cuando caen en manos de corruptos o de populistas sin escrúpulos. Increíblemente, todavía hoy encontramos a políticos, intelectuales y medios de comunicación que perdonan a Chávez sus tropelías totalitarias con la excusa de la cruzada contra la pobreza. No se quieren enterar de que ha sido el propio Chávez, con sus políticas enloquecidamente intervencionistas, quien ha propiciado la aparición de más de dos millones de pobres y reducido la riqueza nacional de Venezuela un 25 por ciento. Chávez es el ejemplo perfecto de que la política, en contra de lo que nos quieren hacer creen algunos, no es inocua: tiene consecuencias y graves. Puede ser fuente de miseria, de exclusión social y de retrocesos democráticos; puede sentar las bases de la crispación o llevar a la sociedad a rebeliones civiles como ese 75 por ciento de abstención electoral. Chávez es el ejemplo perfecto de que las urnas, por sí solas, no garantizan la pulcritud democrática si no están acompañadas de otros elementos de legitimidad política como la libertad de expresión, la seguridad jurídica y, principalmente, el respeto al adversario. Ahí es donde radica la esencia de la democracia. Resulta sorprendente tener que recordar estos principios en pleno siglo XXI, resulta irritante hacerlo en España, frente a un Gobierno que llegó enarbolando la bandera del talante democrático, pero resulta mucho más inquietante verse obligado a hacerlo el día que la Constitución cumple 27 años. Disfrútenla mientras dure.