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4 Opinión MARTES 6 12 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil LO QUE IMPORTA ES EL MENSAJE A expulsión de los seis ex cabecillas de ETA presos en distintas cárceles españolas que, en agosto de 2004, firmaron una carta en la que pedían el abandono de la violencia al haber sido superada la estrategia política por la represión del enemigo demuestra que nada ha sido más eficaz contra la banda que la política antiterrorista desplegada en la anterior legislatura. Más allá de las cuestiones internas de ETA, que ha utilizado el procedimiento habitual con los discrepantes, lo significativo es que Pakito Makario y compañía reconocieron de manera explícita su derrota ante el Estado de Derecho. Aquella carta era la constatación de un fracaso, razón por la cual la dirección de la banda terrorista decidió abrirles expediente. Los tiempos han cambiado y aquella política que llevó a los cabecillas etarras a pedir el abandono de las armas se ha tornado en otra bien distinta, lo que sitúa el escenario en coordenadas bien diferentes. Pero el mensaje de la misiva interceptada a los terroristas resulta inequívoco: es desde la fortaleza de la democracia como se combate al terror. Lo demás es un ejercicio de alto riesgo. L EL VALOR DE NUESTRA CONSTITUCIÓN E L distanciamiento entre ciudadanos y partidos políticos es un mal de toda democracia, resultante de dejar reducido este sistema a una convocatoria electoral periódica, orillando su sentido más estricto, aquél que debería hacer que todo gobierno representativo se vea concernido por las directrices de la opinión pública en la definición de su acción política. En definitiva, la democracia habría de ser un estado de permanente legitimación, y no sólo del acceso al poder, sino también de su ejercicio. En este sentido, la celebración del vigésimo séptimo aniversario de la Constitución España no podría estar siendo más expresiva de la disociación de intereses entre, por un lado, el sentimiento ciudadano de respaldo al texto constitucional y a sus valores esenciales y, por otro, la orientación de las principales decisiones del Gobierno en lo que afecta a la reforma del Estado, objetivo más ambicioso y radical que la llamada reforma territorial El 6 de diciembre se convierte, hoy más que nunca, en una jornada de defensa de los valores que representa la Carta Magna, cuyo marco de convivencia ven amenazado muchos españoles. No hace falta encuesta alguna para percibir que la sociedad española asocia su estabilidad y su progreso a la seguridad institucional y jurídica que ha proporcionado la Constitución de 1978, y lo hace en la misma medida en que valora como amenazas a estas condiciones del éxito constitucional las reiteradas andanadas nacionalistas contra la unidad de la soberanía nacional. La experiencia de veintisiete años de paz democrática ha permitido a los españoles saber bien qué está dentro y qué está fuera de la Constitución. Y no sólo en cuanto norma jurídica vinculante, que no es una categoría menor, sino también como una ética política cimentada en la moderación, el consenso, el reformismo y la transacción. Pese a esta evidencia- -reflejada en sondeos que atestiguan un estado de opinión muy consolidado- España vive hoy un proceso de relativismo conceptual sobre lo que ha de entenderse como constitucional, con motivo, fundamentalmente, de una estrategia política del Gobierno socialista que sólo puede tener alguna expectativa de éxito si los ciudadanos españoles dejan de ver la Constitución como un patrimonio común y empiezan a percibirla como un muro de contención que hay que superar para entrar en las tierras prometidas del presi- dente del Gobierno. Así se explican algunas de las más agrias polémicas que castigan a la sociedad española en los últimos meses y, también, el empeño del PSOE en deslegitimar democráticamente al centro- derecha que representa el PP y en excluirlo de toda opción de acuerdo sobre asuntos de Estado. También responde a este patrón la descalificación de todas las manifestaciones públicas realizadas hasta ahora. La convocada para la defensa de la familia era una orgía inquisitorial; la de apoyo a las víctimas, una manipulación partidista del terrorismo; la que congregó a un millón de asistentes contra el proyecto de la LOE, una convocatoria de privilegiados; y el acto del PP del pasado sábado en la Puerta del Sol, de respaldo a la Constitución, una manifestación sectaria que fomenta el odio entre españoles Para justificar pactos con Esquerra Republicana de Cataluña, para arropar la posible negociación con ETA y para impulsar un modelo confederal de relaciones entre Comunidades Autónomas y Estado es preciso romper las amarras de la sociedad con aquellos valores y principios que, hasta ahora, habían dejado extramuros de la democracia los acuerdos con minorías independentistas, el desistimiento ante el terrorismo y la derogación de la unidad de la soberanía nacional. El constitucionalismo, sin embargo, está reaccionando, porque no es, como pretende el PSOE, un talante que permite hacer cualquier cosa. Precisamente porque la Constitución no permitía todo, ha sido posible llegar hasta donde estamos, con sus luces y sus sombras. Repasar los objetivos de los aliados preferentes del Gobierno de Rodríguez Zapatero es, simplemente, contemplar otro Estado no distinto, sino opuesto al diseñado en 1978, con la previa liquidación de la realidad nacional de España. Ni la unidad nacional, ni la solidaridad entre las regiones, ni la soberanía popular, ni la Monarquía parlamentaria. Nada de esto queda a salvo de unos aliados cuya hostilidad a la Constitución es aún más pública desde que comparten poder político con el PSOE. Así se explica, en definitiva, que la ruptura definitiva del consenso constitucional de 1978- -condición sine qua non para el buen fin de la estrategia socialista- -requiera la marginación política de esa derecha democrática que legítimamente ha decidido salir en defensa de la Constitución. Pakito POOL RADIOGRAFÍA DE LA ESPAÑA REAL A estadística le pone cifras al drama, pero no es capaz de dibujar el rostro anónimo de ese 20 por ciento de españoles que, según el INE, vive con menos de 313 euros al mes, por debajo del umbral de la pobreza relativa. La encuesta de Condiciones de Vida que, por primera vez, presenta el Instituto Nacional de Estadística ofrece datos para la reflexión y el análisis: la sociedad española se encuentra aún lejos de lograr la plena igualdad de géneros, pues la mujer percibe un salario inferior en un 9,4 por ciento al de la media total. El estudio pone en valor las diferencias entre territorios, las reales, y no las disquisiciones teoréticas que ocupan el debate político: Ceuta y Melilla, Extremadura, Andalucía y Castilla- La Mancha siguen siendo las ciudades autónomas y comunidades más pobres. Asimismo, las cifras dibujan un escenario nada alentador: la mitad de los hogares españoles recibe algún tipo de prestación social, ya sea pensión, subsidio o cualquier otro tipo de ayuda. L ISRAEL: VUELTA AL PASADO C ADA vez que en Oriente Próximo se ha dado un pequeño paso en la dirección de la paz, aparece el sempiterno aliento brutal del terrorismo para volver a recordarnos que continúan habiendo muchos que prefieren seguir vagando en el desierto pedregoso de la violencia estéril. El terrorista suicida que ayer asesinó a cinco personas en la ciudad israelí de Netanya ha roto con tan insensato acto gran parte de la atmósfera positiva que se había creado tras la apertura, bajo control palestino, del paso fronterizo de Rafah entre Gaza y Egipto, y ha vuelto a recordarnos que la sombra de la muerte aún sigue siendo espesa. Después de esta acción, reivindicada por la organización terrorista Yihad Islámica como también es habitual, la reacción militar de las autoridades israelíes servirá para volver a encadenar la espiral siniestra de la violencia. Lamentablemente, lo único cierto es que ni los atenta- dos ni la respuesta iracunda de las autoridades judías sirven para gran cosa. Hace cinco meses, en ese mismo lugar, otro asesino suicida mató a tres israelíes, y ni aquel crimen ni las represalias que siguieron han cambiado la situación de los habitantes de la región para bien. Lo único que podría cambiar las cosas en estos momentos serían los gestos valientes de los partidarios de la paz en las dos sociedades, la israelí y la palestina. Ambas tendrán la ocasión de manifestarse claramente en sendas citas electorales en los próximos meses y pueden lanzar al mundo el mensaje claro de que los partidarios de la paz son muchos más que los que jalean a los asesinos o los que claman por la ciega venganza de la ley del Talión. Sólo la luz de los votos puede iluminar las tinieblas del terror, porque si los israelíes y los palestinos quieren verdaderamente alcanzar la paz por la que clama todo el mundo, ahora tienen una oportunidad de lanzar nítidamente su mensaje.