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50 Sociedad LUNES 5 12 2005 ABC Medio Ambiente ENTREVISTA CON MIGUEL DELIBES DE CASTRO Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en la Estación Biológica de Doñana De la jara y otras yerbas (II) La gestión del bosque y el fuego palpitan en la segunda parte de la conversación que mantienen el escritor Rafael Sánchez Ferlosio y el biólogo Miguel Delibes de Castro, hijo del también escritor Miguel Delibes. Mañana, publicaremos la última entrega de la entrevista POR RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO Ferlosio: ¿Hay bastante arbolado en Doñana? Delibes: En Doñana hay poco. Y ahora ya no se quema, y esta situación supone un problema pues si pasa mucho tiempo sin arder se acumula mucha leña y antes o después prende, es casi inevitable, así que hay que desbrozar a mano. Cuando las condiciones meteorológicas son desfavorables, el fuego puede ser muy difícil de controlar, a pesar de que en Doñana haya mucha gente entendida en la materia y dedicada a ello. En el mosaico de sitios abiertos y cerrados de Doñana siempre había defensa para la gran fauna forestal y siempre había también pasto para los ciervos, y no tanto para los jabalíes. El sitio quemado es muy bueno para pastar durante los dos o tres años siguientes al incendio, porque sale mucha vegetación verde y fresca, y las vacas y los ciervos van a comer ahí. Por eso los ciervos van también a los cortafuegos, porque la vegetación es más tierna. En cambio, el sitio que no se ha quemado es bueno para proporcionar a las reses protección. Los incendios muy extensos, en cambio, son completamente perjudiciales, también para la caza. Los ecólogos hablan mucho de los problemas de escala: si en 5.000 hectáreas hay 500 quemadas en diez manchas separadas de 50 hectáreas cada una, el efecto puede ser incluso positivo para la caza, porque hay zonas abiertas y otras cerradas, es una situación similar a la de las rozas tradicionales o los desbroces; pero si las 500 hectáreas se queman en una sola mancha el efecto es negativo, porque a ese gran claro no va a ir ningún ciervo a comer, ya que la protección le queda muy lejos. Cuando hay condiciones adversas, que eso es a lo que yo creo que se refería el profesor de Castilla- La Mancha cuando dijo que no se podía haber hecho otra cosa si hay ya fuego muy intenso y se queman árboles enteros, con muy poca humedad ambiental, viento y temperatura alta, da igual tener ocho aviones que ochenta, el incendio no hay quien lo pare hasta que no cambie el viento o el fuego se tope con un cortafuegos natural al borde del pinar, o con un río, o con un cortafuegos artificial. Y esto enlaza con una cuestión que me interesa mucho como naturalista, la polémica sobre si se debe usar el fuego para controlar el fuego o no. Algunos viejos agricultores y ganaderos sostienen que quemando en invierno o en otoño, cuando el monte está húmedo, se pueden limpiar el pasto o el matorral sin quemar los árboles, como antiguamente se hacía en Doñana, y que eso evitaría los incendios grandes del verano. Pero incluso en esta cuestión del manejo del fuego para limpiar el monte hay un conflicto de percepciones que ni mucho menos es exclusivo de la Península Ibérica. En el Parque Nacional Canaima de Venezuela, por ejemplo, los indígenas entienden que los incendios son parte integral del ambiente, mantienen limpia la sabana (haciendo que sea verde y bonita) previenen otros incendios, se controlan con más fuego y deben apagarse solos, pues hay que quemar exclusivamente antes de que llueva; por el contrario, los técnicos consideran que los incendios son destructivos y ajenos al ambiente (cuyo valor y belleza disminuyen) por lo que deben ser erradicados por todos los medios. De igual modo, en un seminario celebrado en Jalisco (Guadalajara, México) en 2003 se afirmaba que la supresión de los incendios forestales en ciertos tipos de bosque puede considerarse como una alteración de procesos naturales que ha tenido consecuencias graves en la acumulación de combustibles forestales, el aumento de la severidad de los efectos del fuego y el deterioro del estado sanitario de los bosques concluyéndose que tanto la falta como el exceso de fuego en los ecosistemas forestales pueden ser factores de alteración de los patrones y procesos ecológicos de manera que es indispensable transitar de un enfoque centrado en el combate de incendios forestales y la reforestación de áreas quemadas a estrategias de manejo del fuego y restauración ecológica Si se acumula combustible indefinidamente en condiciones de alta inflamabilidad (menos del 30 de humedad ambiental, más de 30 C de temperatura y vientos superiores a 30 Km h, suelen decir los técnicos) los incendios son casi inevitables, e imparables. Esa acumulación de combustible explica también que los rayos, que eran una causa menor de incendios forestales, tengan hoy mucha más relevancia. Hay que eliminar material combustible y como he dicho el fuego controlado podría ser una herramienta útil. Y esta idea, que reconozco arriesgada (me han contado que en Nuevo México casi se quema la ciudad de Los Álamos a consecuencia de un incendio controlado que se les fue de las manos) no es exclusivamente española o ibérica, esto se hace en muchos sitios del mundo, sobre todo en los de clima mediterráneo. En Sudáfrica, por ejemplo. -F: ¿Y en sitios como Canadá? -D: No, en sitios más húmedos no se hace, porque también los incendios son menos importantes, pero en sitios secos o que propenden a secos, los incendios han formado parte de la historia del paisaje, por eso hay alcornoques. El alcornoque es un árbol adaptado a los incendios que ha desarrollado una corteza, el corcho, que lo hace casi invulnerable, una corteza ignífuga. El incendio tiene que ser muy grande para que el alcornoque se vea afectado. -F: Y llegar a las copas. -D: Si pasa deprisa, incluso llegando a las copas se queman todas las hojas, pero echa nuevas ramas de las ramas, porque el corcho es como el traje de bombero, es impermeable a las llamas, a menos que el árbol esté podrido y tenga huecos por los que penetre el fuego. El alcornoque es un árbol adaptado a vivir con fuego. -F: ¿Y cuando está recién descorchado? -D: Si está recién descorchado, pasan unos años en los que si hay fuego se Los incendios -F: ¿Y como se habrá quemado tantísimo en Guadalajara? -D: Yo estaba fuera de España cuando ocurrió, pero parece que el fuego creció muy deprisa y alcanzó a las copas. Una vez que el incendio se hace grande y llega a las copas de los árboles y va de copa en copa ya es muy difícil de parar. Yo eso no lo sabía, lo he tenido que aprender leyendo un poco antes de venir a hablar con usted. La gradación de las intensidades de los incendios es así: primero, si sólo se quema el pasto, después si afecta a las ramas intermedias de arbustos, después si alcanza a quemar ramitas finas de los árboles, después si afecta a ramas grandes y finalmente si prenden los árboles completos. En este último caso tenemos la intensidad máxima y el incendio ya es muy difícil de apagar.