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ABC LUNES 5 12 2005 Madrid 35 La propietaria del Circo Nevada, donde un joven perdió su brazo el sábado al querer tocar a las fieras enjauladas, seguirá con su espectáculo. Fue ella quien le arrancó de las fauces de la tigresa, después de cometer, dice, una gran imprudencia Ahora han probado la carne humana TEXTO: SARAH ALLER FOTO: JULIÁN DE DOMINGO MADRID. El instinto es el instinto. Y ahora que ha ocurrido una vez... ¿Por qué no va a repetirse de nuevo? Ese temor planeaba ayer sobre la carpa del circo Nevada, instalada en Arganda, que el sábado por la tarde vivió su función más triste. Dos tigresas de Bengala y una leona despedazaron el brazo de un joven rumano que quiso acercarse demasiado a las fieras enjauladas. Los felinos, que no entienden de valentonadas, respondieron con un tremendo zarpazo. Al chico lo mutilaron. A su domadora le dejan el resquemor de un próximo ataque. Es que fue una imprudencia. Debieron colarse entre las vallas y las caravanas. ¿Y cómo se le ocurre acercarse a la jaula y meter la mano? La trampilla que pone un poco de distancia con los barrotes estaba colocada y él la bajó. ¿En qué estaba pensando? María Luisa Moreno- -Miss Moreno en los carteles del Nevada- -no dejaba ayer de hacerse preguntas. Esta cacereña, que lleva 22 años pisando pistas de circos, es la propietaria, junto a su esposo, del Nevada. Fue la primera en prestar auxilio el sábado por la noche y es también la que más arriesgará a partir de ahora. El público se acercó ayer hasta la jaula de las tigresas, donde la domadora acariciaba a los animales Pensé en mi marido, que actuaba No tengo miedo, pero reconozco que me preocupa- -dice- -cómo reaccionarán conmigo los animales. Es la carne y la sangre humana que han tomado lo que me tiene intranquila. Ahora la han probado. Esta tarde los llevaré a la pista cuando no haya público y me meteré en la jaula con ellos. Después, seguiré para adelante con mi número. Saltar vallas, cruzar aros de fuego... Esto es mi vida, así que habrá que asumir el riesgo. He criado a estos animales desde que nacieron, hace seis años, y no atacan si no es para defenderse La Guardia Civil dice que todos los papeles del Nevada están en regla pero lo que María Luisa vivió el sábado por la tarde- -dice- -le destrozó los nervios. Quedaba media hora para terminar el espectáculo y mi hija Yazmina salió corriendo de su caravana cuando Un torniquete a tiempo le salvó tras el ataque de Simba y Nala El cinturón con el que María Luisa estranguló la hemorragia salvó la vida del joven rumano. Primero le separó de las garras de Simba y Nala. Después, le atendió con buenos reflejos, tanto que los médicos del Summa le felicitaron. Sus cachorros con más de 200 kilos de peso bajo su lomo, quedaron tocados después del ataque. Estaban salvajes y por la noche un tigre llegó a morder a un león Ayer, más tranquilos, contemplaban a los curiosos desde su jaula. Salen a la pista todos los días y esto se lo toman como un castigo En el cuerpo de María Luisa hay huellas de un zarpazo. Estaba con Ángel Cristo. Me arrimé a la jaula de espaldas y me arrancaron la cazadora que abriera la boca. Al final se desprendió del muchacho pero le despedazó el brazo casi desde el hombro. Después, una tigresa se lo comió y dejó limpios los huesos La esposa de la víctima y el amigo que les acompañaba desaparecieron en cuestión de segundos. El mismo susto- -dice- -les debió llevar a alejarse. Después aparecieron en la puerta del circo Olía a puro alcohol Quienes sí presenciaron la terrible escena fueron las decenas de padres y niños que abandonaban la carpa al terminar la función. Grité que alejaran a los críos y un hombre me dio un cinturón para hacer un torniquete. Todo el mundo pedía por los móviles una ambulancia Mientras, la víctima yacía en el suelo. No gritaba. Sólo me decía: señora, me duele la mano Su aliento, dice, le delataba. Olía a puro alcohol. A lo mejor por eso se hizo el valiente con los animales. Qué desgracia oyó gritos. Vio a tres personas arrimadas a la jaula de los tigres y me llamó a voces Los aplausos en la carpa, la música y el rumor del público confundieron a María Luisa. Salí en dirección a la carpa, porque pensé que a mi marido le había pasado algo en el número que hace con un toro bravo. Antes de llegar vi las jaulas y me horroricé Una mujer y un hombre se aferraban al cuerpo del chico rumano, que ya tenía medio brazo en las fauces de una tigresa. Otros dos felinos se revolvían también en el interior de la jaula. Mi yerno y yo cogimos una barra de hierro y golpeamos al animal para