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ABC LUNES 5 12 2005 Internacional 31 REUTERS no describiéndola. En ambos lados del Atlántico se cometieron errores. La proclamación por el gobierno de Bush de una nueva doctrina estratégica de guerra preventiva fue uno de ellos. La doctrina era intelectualmente defendible en vista del cambio tecnológico, de la proliferación de armas de destrucción masiva y del terrorismo. Pero anunciar unilateralmente lo que parecía un cambio de doctrina radical iba en contra de la práctica tradicional de la alianza. En última instancia, la cuestión de multilateralismo frente a unilateralismo no atañe al procedimiento sino al fondo. Cuando los propósitos son paralelos, la decisión multilateral se produce de manera casi automática. Cuando divergen, la toma de decisiones multilateral se convierte en una cáscara vacía. El reto para la Alianza Atlántica no ha sido tanto el abandono del procedimiento como la evaporación gradual del sentimiento de destino común. Esta situación provocaba gran incomodidad en ambos lados del Atlántico incluso antes de las elecciones alemanas. En un significativo discurso pronunciado en febrero de 2005 en París, la secretaria de Estado Condoleezza Rice describió en líneas generales un nuevo enfoque más consultivo de la diplomacia estadounidense. Por su parte, el gobierno alemán respondió con un planteamiento más conciliador en diversos asuntos importantes. Aún así, la confianza mutua estaba tan poco restablecida que durante la campaña electoral el canciller saliente volvió a basar su candidatura al poder en la voluntad de su partido de oponerse a la supuesta proclividad estadounidense a entablar guerras innecesarias. Ambas partes parecen decididas a restaurar una colaboración más positiva. En Estados Unidos el legado de dos generaciones de política exterior atlantista ha persistido, a pesar de las tensiones del periodo reciente. En Alemania, el gobierno de Merkel señala la llegada de la tercera generación de posguerra: no tan sometida al pro americanismo de los años cincuenta y los sesenta, pero tampoco modelada por las pasiones de la denominada generación del 68. El cambio generacional es especialmente pronunciado en el caso de la canciller. Merkel vivió bajo el gobierno comunista durante las controversias de la Guerra Fría. A muchos habitantes de la Europa del Este los debates internos que se vivieron en Occidente sobre la seguridad les parecían un capricho comparados con las dificultades de vivir bajo el gobierno comunista. En Europa del Este, en general, la Alianza Atlántica representaba la esperanza, no la controversia. De manera similar, la integración europea era significativa como visión de un futuro mejor más que como mecanismo para aflojar los lazos con Estados Unidos. Por su experiencia personal, Merkel entiende cuáles son los ajustes psicológicos que la unificación exige a la población de Alemania Oriental, aunque se niega a apelar a ello con demagogia. En los primeros días de la unificación, le pregunté cuál le parecía el mayor reto psicológico para un alemán oriental, desde el punto de vista de la política exterior. Ella respondió: Aprender a sentirse tan cómodo de vacaciones en Francia como se siente ahora en Bulgaria Con su sistemático método científico, Merkel evitará escoger entre el atlantismo y Europa, o confundir los gestos sentimentales hacia Rusia con una gran estrategia. Práctica, seria y reflexiva, procurará establecer una serie de relaciones adecuadas para el nuevo orden internacional, negándose a escoger entre Francia y Estados Unidos y estableciendo en cambio un marco que abarque a ambos. Defenderá su percepción de los intereses alemanes, y el destino de sus adversarios internos demuestra que puede llegar a ser una contrincante formidable. Pero estos intereses se definirán en función de una visión de futuro en lugar del combate ideológico de las últimas décadas. El Gobierno de Bush ha dado toda clase de muestras de su voluntad de cooperar. De hecho, una de las preocupaciones es que la cooperación pueda generar un entusiasmo tal que inunde el diálogo con planes a corto plazo derivados del periodo de tensión. El Gobierno debe intentar frenar su tendencia a celebrar consultas como un agotador ejercicio para imponer las preferencias estadounidenses. Hay que dar a los alemanes un margen para que elaboren su visión de futuro. El principal reto al que se enfrentan las naciones atlánticas es desarrollar un nuevo sentimiento de destino común en la era de la yihad, el auge de Asia y la aparición de problemas universales como la pobreza, las pandemias y la energía, entre otros muchos. (c) 2005 Tribune Media Services, Inc.