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30 Internacional LUNES 5 12 2005 ABC NUEVA FASE HISTÓRICA ENTRE EE. UU. Y ALEMANIA HENRY A. KISSINGER l 22 de noviembre, el Parlamento alemán eligió a Angela Merkel nueva canciller. Esto podría señalar un acontecimiento trascendental. Merkel es la primera mujer canciller de la historia alemana; la primera líder que ha pasado la mayor parte de su vida bajo el gobierno comunista; y la primera jefa de una coalición entre los dos principales partidos alemanes desde 1969. Se hace cargo de un país que ha permanecido, de hecho, sin gobierno desde mayo, cuando el canciller saliente, Gerhard Schröder, anunció su intención de convocar nuevas elecciones. Angela Merkel se convierte en canciller en un momento de crisis para su país, que hace equilibrios entre la reforma interna, la paralización económica y el punto muerto social; entre el estancamiento y la nueva creatividad en la integración europea; y entre la tradición y la necesidad de establecer nuevas pautas en la OTAN. Cuando vi por primera vez los ajustados resultados electorales y la composición de la gran coalición, temí un callejón sin salida. ¿Cómo podía una canciller con unos resultados electorales decepcionantes controlar una coalición de partidos estridentemente opuestos entre sí desde siempre, que mantenían amargas divisiones en casi todos los asuntos contemplados en la recientes elecciones? ¿Cómo dirige uno un gobierno cuyos puestos están equitativamente divididos entre partidos hasta ahora antagonistas? Este problema parecía especialmente agudo porque en el propio partido de Merkel había varios aspirantes frustrados al cargo superior, los cuales en consecuencia podrían carecer de E EDICTO SE HACE SABER: Que en el procedimiento de referencia se ha dictado providencia por la que se acuerda publicar por edictos en dicho medio de comunicación: la declaración de ausencia de Don Juan Salvador Heredia Gil provisto de DNI n 45234026 nacido el día 2 de noviembre de 1940 en Melilla, casado con María del Carmen Miñarro Martínez fallecida el día 11 de julio de 1980, con 4 hijos, siendo el último domicilio conocido del Sr Juan Salvador Heredia Gil la calle Alcarria esquina Ronda Collsalarca n 84- 86 de Can Oriach en Sabadell (Barcelona) Y para que sirva para poner en conocimiento la declaración de ausencia de Don Juan Salvador Heredia Gil en ignorado paradero en el citado medio de comunicación se extiende el presente. En Sabadell, a diecisiete de febrero de dos mil cinco. El Secretario en sustitución (ilegible) incentivos para establecer una relación verdaderamente colegiada. Y las cuestiones de política exterior, en especial las disensiones con Estados Unidos, se habían enquistado tanto en la opinión pública alemana que tal vez resultara imposible introducir modificaciones significativas, en especial porque el nuevo ministro de Asuntos Exteriores es uno de los aliados más cercanos del canciller saliente. Todo esto podría suceder aún. Pero existe también la perspectiva alternativa, por la que me inclino cada vez más. Ambos partidos de coalición saben que, si se obstruyen mutuamente, la coalición se romperá y cada uno se enfrentará a los problemas que en un principio le obligaron a aceptar la coalición. El intento por parte de Schröder de establecer reformas marginales amenazó con dividir al Partido Socialdemócrata. Cuando Merkel ofreció una drástica orientación alternativa hacia el mercado, el electorado se dividió prácticamente por igual; de hecho, con una ligera mayoría para la izquierda, si se incluyen los ex comunistas. Por consiguiente, un punto muerto, sumado a la crisis, podría hacer que los partidos dominantes perdieran fuerza, al producir un importante giro electoral hacia partidos actualmente secundarios. La personalidad de la nueva canciller proporciona una esperanza adicional. Durante la campaña electoral se puso de moda el burlarse del aparente déficit de carisma de Angela Merkel, pero para el cargo de canciller, tal vez sea más importante la extraordinaria hazaña de su ascenso. En una década, pasó de ser una oscura investigadora científica en la Alemania Oriental comunista a convertirse en canciller, sin representar a un electorado especial propio y frente a rivales de su propio partido que habían dedicado toda una vida a ascender por el escalafón político. Retrospectivamente, hay muchas explicaciones para el inexorable avance de Angela Merkel, que posiblemente se deba en parte a la competencia entre sus rivales. Pero al final, puede que su persistencia resuelta a la hora de perseguir metas importantes impulse por sí misma la actividad de gobierno cotidiana. La política exterior es el campo con mayor margen para el liderazgo. Cuando Alemania se unificó en 1871, el primer ministro británico Benjamin Disraeli lo consideró un acontecimiento más importante aún que la Revolución Francesa. Temía que una potencia centroeuropea más fuerte que cualquiera de sus múltiples vecinos resultara difícil de integrar en el equilibrio de Europa. La unificación alemana en 1991 suponía el mismo riesgo en potencia que había conducido a dos guerras mundiales. Por fortuna, dos grandes iniciativas del periodo de posguerra- la integración europea y la alianza atlántica amortiguaron y absorbieron los impulsos nacionalistas europeos en un marco general. Estos dos logros se han visto Angela Merkel, en una reciente sesión en el Parlamento alemán El Gobierno de Merkel señala la llegada de la tercera generación de posguerra, no tan sometida al pro americanismo de los 50 sometidos a tensión en el pasado reciente por las diferencias germano- estadounidenses. Irak ha sido la causa próxima, y las en ocasiones abruptas acciones estadounidenses, el detonador. Pero las verdaderas dificultades entre Berlín y Washington han sido más profundas. Durante la Guerra Fría, Europa necesitaba a la potencia estadounidense para su seguridad. Y el trauma de su historia bélica provocó en Alemania el impulso moral de volver a la comunidad mundial como socio de Estados Unidos. De ahí emergió un destino común en el cual se podían sumergir las diferencias tácticas. El hundimiento de la Unión Soviética puso fin a la dependencia estratégica de Europa con respecto a Estados Unidos; el surgimiento de una nueva generación acabó con la dependencia emocional de Alemania respecto a la política estadounidense. Los que alcanzaron la madurez en la década de 1960 y más tarde, no habían sufrido la guerra, la reconstrucción de posguerra y la creación de una unidad aliada. Fueron sustituyendo progresivamente la identificación con Estados Unidos por la búsqueda de una identidad europea y alemana diferenciadas. Su gran experiencia política emocional ha sido la oposición a la guerra de Vietnam y al despliegue de misiles de alcance medio en Alemania. Su disociación de Estados Unidos fue aumentando gradualmente hasta convertirse en manifestaciones masivas, especialmente en 1968 y 1982. La llamada generación del 68 se contuvo durante un tiempo por la continua amenaza soviética y la oposición de la generación de la guerra a sus puntos de vista. Cuando el hundimiento de la Unión Soviética coincidió con un cambio de gobierno en Alemania, el terreno estaba preparado para la modificación, tanto en el tono como en la esencia, de las relaciones aliadas. Un cambio generacional similar en Estados Unidos trasladó el centro de gravedad de la política estadounidense a regiones menos vinculadas emocionalmente a Europa y menos familiarizadas con ella que los líderes nororientales de la posguerra inmediata. Es probable que cualquier canciller alemán hubiera sido reacio a unirse a la guerra en Irak. Pero ningún canciller o ministro de Asuntos Exteriores que no perteneciera a la generación del 68 habría basado su política en una oposición abierta y sistemática a Estados Unidos ni habría centrado dos campañas electorales en la profunda desconfianza hacia los motivos supremos de Estados Unidos. Y tampoco habrían sido probables los esfuerzos demostrativos conjuntos con Francia y Rusia para frustrar las iniciativas diplomáticas estadounidenses. Paradójicamente, el debilitamiento de la alianza también debilitó la integración europea. Tentó a Francia a magnificar su oposición a Estados Unidos para evitar que todos los desafectos europeos se unieran en torno a la política nacional alemana. En el proceso, Alemania y Francia elaboraron una visión de la identidad europea definida por la oposición a Estados Unidos. Por su parte, los nuevos miembros orientales de la UE nunca se amoldaron a esa Europa. Seguían compartiendo las percepciones sobre Estados Unidos que tenía la generación de la posguerra inmediata en Europa Occidental. Cuando el secretario Donald Rumsfeld comparó la vieja Europa con la nueva, no estaba fomentando una fisura, si-