Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 5 12 2005 Opinión 5 MEDITACIONES RAMBO A estrategia, dibujada sobre el papel, no se tenía en pie (de un tiempo a esta parte los asesores monclovitas no dan una) sobre todo porque ERC, con cadenas o sin cadenas, está jugando a favor del PP. Eso de que apoyar en la calle la Constitución genera odio y división es de aurora boreal. ¿Alguien en el PSOE se ha parado a pensar? La táctica socialista contribuyó a llenar la Puerta del Sol, atiborrada de gente que, en circunstancias normales, se habría ido de puente, tan ricamente. ¿Has oído lo que dicen? baja a los niños del coche que nos quedamos en Madrid. Y mañana, ¡a la concentración! Hablan y el PP engorda. Sorprendidos por su capacidad de convocatoria, en Génova tienen que contener la euforia y hasta se gastan bromas: ¿Mariano, Rambo qué les das? MARCO AURELIO L LEER Y PENSAR ¿DISMINUIDO O DISCAPACITADO? EL HOMBRE, UN ANIMAL SINGULAR DE VÍCTOR GÓMEZ PIN La esfera de los libros Madrid, 2005 279 páginas 19 euros No somos animales Tradicionalmente, siempre se ha considerado que existe una humanidad irreductible que define y singulariza la especie humana. Una humanidad que separa el hombre del animal y se manifiesta en un conjunto de rasgos personales e intransferibles como el lenguaje, la cultura, el proyecto de vida, la elección moral o la voluntad de reconocimiento colectivo. Y eso que en los últimos años la denominada revolución biolítica, protagonizada por la biología, la genética, la etología, la primatología, la neurociencia y las ciencias cognitivas, ha minimizado y relativizado la frontera entre lo humano y loanimal hasta el punto de afirmar que la diferencia entre el hombre y el animal es un cuestión de grado. Víctor López Pin ha escrito un excelente trabajo, a mitad de camino entre la divulgación científica y la reflexión filosófica, en el que demuestra que sí hay diferencias, que sí hay frontera, entre lo humano y lo animal. La clave está, por ejemplo, en un lenguaje que va más allá de mero instrumento de supervivencia, o en una ética que supera la empatíay busca el respeto mutuo. El detalle: Víctor Gómez Pin no necesita recurrir a trascendencia alguna para mostrar lo que nos distingue de los animales. MIQUEL PORTA PERALES OS plagas simultáneas se han instalado en la jerga política, amenazando con descuajeringar para siempre el organismo del idioma, cada vez más anoréxico y contuso: el frasihechismo y la corrección política. Las frases hechas, convertidas en anestesia universal mediante su repetición aturdidora, disfrazan la vacuidad con los ropajes de la grandilocuencia, hasta encumbrar los topicazos más bochornosos como dogmas indiscutibles. La corrección política, con su munición de eufemismos babosos y estropicios gramaticales, empezó adornando con sus floripondios lingüísticos las paparruchas mitineras de unos cuantos idiotos e idiotas, pero sus miasmas ya infectan nuestras leyes. Pronto veremos el día en que este potaje de dislates semánticos y campanudas necedades se imponga coercitivamente a los hablantes, hasta hacer del lenguaje un artefacto explosivo que nadie JUAN MAMUEL se atreverá a emplear con naturaliDE PRADA dad. Auguro que en breve algún memo con poltrona propondrá una revisión global de la Constitución, que sustituya las designaciones de españoles y ciudadanos tan machistas, por otras más respetuosas de la igualdad de individuos e individuas. Para ir abriendo boca, e invocando esa sacrosanta igualdad, nuestro Adalid de las Causas Sociales ha anunciado una reforma del artículo 49 de la Constitución, que obliga a los poderes públicos a realizar una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos A nuestro Adalid de las Causas Sociales el término disminuidos le suena discriminatorio o denigrante, y propone sustituirlo por discapacitados En plena orgía de frasihechismo y corrección política, nuestro Adalid de las Causas Sociales ha insinuado incluso que, al denominar disminuido a quien tiene mermadas sus funciones menta- D les o físicas, se le están negando los derechos de los que disfruta cualquier otro ciudadano, mentecatez que podría hacerse extensiva a otros términos que describen circunstancias biológicas o jurídicas. ¿Acaso cuando llamamos a alguien menor porque no ha alcanzado determinada edad lo estamos discriminando? La memez del Adalid de las Causas Sociales, que naturalmente se han apresurado a refrendar los cagachines de la corrección política de uno y otro bando (no sea que los vayan a acusar de defender la eugenesia) quizá no mereciera nuestro enojo si no ocultase, bajo los oropeles de la pomposidad huera, un alarde de cinismo. Pues lo sustancial del artículo 49 es el amparo especial que dispensa a los disminuidos (perdón, discapacitados) para el disfrute de los derechos que la Constitución otorga a todos los ciudadanos Derechos entre los que se cuenta, como principio rector y piedra angular del edificio jurídico, el derecho a la vida (artículo 15) sin cuyo respeto escrupuloso el ejercicio de los demás derechos resulta imposible. Pero hete aquí que nuestro Código Penal niega el derecho a la vida de los disminuidos (perdón, discapacitados) permitiendo el aborto cuando se presuma que el feto nacerá con taras físicas o psíquicas Parece el colmo del sarcasmo invocar paparruchas lingüísticas cuando la cruda y atroz verdad es que en España los disminuidos (perdón, discapacitados) pueden ser eliminados con todas las bendiciones legales. Nuestro Adalid de las Causas Sociales podría empezar por garantizar el derecho a la vida de quienes vienen al mundo con las facultades mermadas; entonces quizá resultaran más convincentes sus tiquismiquis palabristas. Pero sospecho que nuestro Adalid de las Causas Sociales, puesto a reformar ese precepto del Código Penal que permite eliminar impunemente disminuidos (perdón, discapacitados) se limitaría a sustituir el término taras por otro menos denigrante y discriminatorio. ¿Discapacidades, tal vez?