Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 4 12 2005 73 FIRMAS EN ABC cencia. Un poco por encima está la alegría: sentimiento de contento y regocijo y animación por algo que hemos conseguido, tras un esfuerzo y una espera, que nos mejora y nos eleva como personas. Pero por encima de la alegría está la felicidad: que es un resultado, suma y compendio de la vida auténtica, traduce lo que yo he hecho con mi vida de acuerdo con lo que proyecté. La felicidad es el fin de la verdadera educación, alcanzar las mejores cimas posibles según las características de cada uno, como si se tratara de la ingeniería de la conducta. Placer, alegría y felicidad forman un tríptico esencial. En cada una de ellas el ser humano se siente a gusto, disfruta y se ve inundado de una atmósfera jugosa y optimista. La alegría está por encima del placer, pero por debajo de la felicidad. Porque la felicidad es la aspiración más universal que existe y a la vez, la más difícil y compleja de alcanzar. La felicidad es la alegría casi completa. Al placer le falta la profundidad que le sobra a la felicidad. En las depresiones bipolares, en la fase eufórica, aparece una especie de alegría patológica, enfermiza, extraña, saltígrada, que va como un saltamontes brincando de un tema a otro, con un dinamismo sin base, que se encarama a una especie de trampolín vertiginoso y vacío, que pone de manifiesto la otra cara de la depresión, la fase festiva, cara opuesta de la melancolía. Siempre se plantea la familia del paciente bipolar que episodio es menos malo de los dos: para el propio enfermo la fase mejor es la eufórica, porque flota en un mar chispeante y saltarín, con la fuga de ideas en primer plano; pero es al mismo tiempo, el peor para la familia, que observan una conducta que no corresponde a la realidad y a la forma habitual de ser de esa persona, con graves riesgos para su vida personal y patrimonial. En los momentos claramente depresivos, todo es sombrío, gris, desdibujado y sin salida. En la actualidad, los progresos alcanzados tanto en las depresiones monopolares (solo hacia abajo: depresiones; ó solo hacia arriba: euforias) como en las bipolares (alternancia de fases depresivas y eufóricas) son espectaculares y el porvenir de ellas asoma esperanzador. Estamos en la década del cerebro: el 50 por ciento de ellas se curan. Cada época tiene sus enfermedades específicas. Esta de ahora, tiene en la depresión su cenit, su punto culminante, su verticalidad parecida a la esbeltez de un junco, en torno a la cual se arremolinan diversas estirpes y alcurnias y castas y modalidades. Hoy hablamos de depresiones en plural, porque la variedad de formas es muy rica y cada una tiene su idiosincrasia. Pero en todas las tristezas preside el paisaje interior, galopa por sus valles y quebradas con su pesimismo a cuestas y la tendencia a mirar al pasado viendo sólo lo negativo. Una persona sin amor se seca como la uva en una cepa enferma. Las depresiones sin tratamiento son un barco sin timón sometido al vaivén de los vientos y sus olas. Por eso hoy la psiquiatría moderna tiene mucho por decir y que apostar. La vida depresiva no es vida: su tono mortecino se diluye y termina por apagar la llama vacilante. ENRIQUE ROJAS CATEDRÁTICO DE PSIQUIATRIA LA DEPRESIÓN: ENFERMEDAD DEL SIGLO En todas las tristezas preside el paisaje interior, galopa por sus valles y quebradas con su pesimismo a cuestas y la tendencia a mirar al pasado viendo sólo lo negativo... cial efecto en este sentido, frenando su repetición más ó menos periódico ó estacional (suelen darse más en primavera y otoño) El que no ha tenido una auténtica depresión no sabe realmente lo que es la tristeza en toda su profundidad. Hablar de la tristeza es entrar en un pozo sin fondo, ya que es uno de los sentimiento más ricos y densos de la psicología, lleno de recovecos, pliegues, recodos, ángulos, vertientes diversas y paisajes inesperados, todo ellos formando un espléndido abanico sinfónico en donde el perpetum movile es la pena, la melancolía, el desconsuelo, el corretear incesante del abatimiento que se cuela por los entresijos de la persona, en sus planos físico y psicológico. Pero no todas las tristezas son depresivas. Hay distintas modalidades, cada una con su perímetro y sus propios contornos. Sucede algo parecido con la alegría. El perfeccionamiento de la persona desemboca en la promoción de la alegría. Es como un indicador psicológico de que la vida lleva un rumbo positivo. Hay tres matices de ella especialmente singulares: de abajo hacia arriba son, placer, alegría y en tercer lugar, felicidad. El placer significa el gozo y la satisfacción por algo positivo que irrumpe en nosotros y que tiene un efecto sensible, transitorio, que afecta más al cuerpo que a lo psicológico, que se vive como compla- L A depresión ha existido desde siempre. Las depresiones son las enfermedades de moda. Continuamente oímos hablar de ellas. El lenguaje de la calle las trae y las lleva, son moneda corriente y la gente las nombra muy a menudo. Su uso ha llevado a hablar incluso de la depre, como una especie de depresión menor, de pequeña envergadura, que entorpece, paraliza y deja a la persona bloqueada frente al dinamismo en que consiste vivir. La vida es siempre proyecto, mirar hacia adelante, tender hacia el futuro, tener el presente empapado de un porvenir que se va abriendo paso en nosotros. Por eso, la felicidad consiste en ilusión. La pieza clave de la felicidad no está en el hoy y ahora, en el momento presente en el que estamos hablando, sino que su rompecabezas encuentra su fragmento clave en lo que está por llegar. De ahí que el que no tiene ilusiones, no tiene metas ni retos, ni vida por delante y corre el riesgo de vivir hacia atrás, de modo retrospectivo. Vieja es una persona que empieza a mirar más hacia el pasado que hacia el futuro. Es apasionante seguirle el rastro e ir analizando lo que se ha dicho de ellas; la reacción de la gente ante las mismas y las explicaciones que se han ido escalonando en los sucesivos siglos, sobre su naturaleza y tratamiento. Hoy las depresiones son un problema importante de salud pública. Cada vez las conocemos mejor, sabemos sus diferentes modalidades y ropajes. En la Conferencia de la ONU de 1992, de Río de Janeiro sobre Salud y Desarrollo, se llegó a la conclusión de que la salud no es solo una consecuencia del desarrollo, sino también un requisito. Hace tan sólo 25 años, una baja laboral por depresión era bastante infrecuente y sorprendía en una empresa, conocer que alguien no asistía al trabajo por padecer dicha patología. Hoy en día el tema ha dado un giro copernicano. Hay un mejor conocimiento de ellas y en consecuencia, el tratamiento es más precoz e incisivo, incluso se plantea el gran debate de evitar las recaídas, recurriendo a fármacos que tienen un espe- ANÍBAL SABATER MARTÍN JURISTA DUFF COOPER U NO de los grandes éxitos editoriales de este 2005 ha sido la publicación en Londres de los diarios de Alfred Duff Cooper (1890- 1954) Hombre culto y complejo, aficionado al mando y gran conocedor de la naturaleza humana, Duff Cooper fue prácticamente todo lo que un tory podía ser en la Inglaterra de principios del siglo XX: asesor del Foreign Office, héroe en las trincheras del Marne, miembro del Parlamento durante más de veinte años, secretario de Guerra con Stanley Baldwin, primer Lord del Almirantazgo con Neville Chamberlain, ministro de Propaganda con Winston Churchill y, durante sus últimos años, embajador ante la Francia liberada. Ninguno de esos cargos le impidió escribir ensayos, novelas y poemas, ni mantener una intensa vida social en la que predominaron el juego, las mujeres y la bebida. Esta difícil combinación de ambiciones y aficiones llevó a Cooper a practicar un dandismo militante y a sentirse parte de una aristocracia condenada a desaparecer. Sin embargo, el tiempo ha preservado su legado. Así, su biografía sobre Talleyrand, publicada en 1932, sigue siendo un bestseller en los países de habla inglesa; su concepción de las relaciones franco- británicas, que quedó plasmada en el Tratado de Dunkerque de 1947, es hoy una pieza fundamental en la arquitectura de la Unión Europea; y, sobre todo, su dimisión de 1938, en señal de protesta por el Pacto de Múnich, permanece como un recordatorio de que, en política, como en el resto de las empresas humanas, la tibieza (o sea: la perfecta equidistancia o el camino del medio) rara vez sirve para conservar la libertad o defender la dignidad cuando éstas se encuentran amenazadas. Una frase de Cooper al final de su estancia diplomática en París resume bien esta idea: La experiencia enseña que el afán por tratar igual a los que ponen las bombas y a los que las padecen ha fracasado y seguirá fracasando siempre Esta actitud firme le valió a Duff Cooper el afecto de la opinión pública británica que, a partir de 1940, lo aclamó por haber sido el único miembro del Gobierno con el coraje de re- nunciar a su cargo cuando Chamberlain, después de haber consentido la ocupación nazi de Checoslovaquia, anunció que mister Hitler es alguien con quien podemos entendernos La defensa de la democracia que hizo Cooper en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial es indesligable de su gran actividad en otros ámbitos, entre los que destaca el jurídico. Como partidario de un nuevo orden legal internacional, Cooper abogó por el multilateralismo pragmático: le parecía imprescindible que los miembros de la comunidad internacional estrechen lazos mediante la celebración de tratados internacionales; pero desaprobaba los acuerdos que consisten sólo en vagas declaraciones de principios (porque no añaden nada) o en el intercambio de armas (porque ponen en peligro la paz mundial) En su opinión, el verdadero desarrollo de las naciones debe venir dado por instrumentos jurídicos que, de un lado, establezcan mecanismos concretos para resolver los litigios transfronterizos y, de otro, adopten medidas para fomentar la libre circulación de personas y el comercio entre los pueblos. En una época en la que algunos Estados venden material militar sin criterio u optan por celebrar genéricos tratados de amistad con prácticamente cualquier gobierno, el multilateralismo pragmático de Duff Cooper sigue siendo de la máxima actualidad.