Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
68 Cultura DOMINGO 4 12 2005 ABC La leyenda de la bailarina Tórtola Valencia renace en una biografía Mujer y artista misteriosa, inspiró a poetas y pintores como Rubén Darío e Ignacio Zuloaga en su libro, titulado Tórtola Valencia: una mujer entre sombras como inteligente, esnob, cultivada, ególatra y libre TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Una mujer hermosa, si es inteligente y, por tanto, no se alimenta sólo de narcisismo, sabe que el don de la belleza vale menos si no se acompaña de cierto misterio. Tórtola Valencia lo supo y lo fomentó. Tejió su vida entre la ficción y la realidad y así logró hacer real la frase de Eugenio D Ors: Sólo hay una manera de defenderse del olvido: crear una leyenda Ella forjó la suya. Pero los mitos pueden caer en el olvido, eso sí, para resucitar antes o después. Ahora le ha tocado el turno a Carmen Tórtola Valencia (1882- 1955) a quien dedicaron fogosas palabras desde Rubén Darío- -la llamó, en frase que se haría célebre, la bailarina de los pies desnudos a Pío Baroja, Benavente, Federico García Sanchiz, que la presentó en 1913 en el Ateneo madrileño; Zuloaga, Valle- Inclán, D Annunzio o Granados, que le dedicó La gitana estuvieron entre los intelectuales que la admiraron y de los que, inteligente, supo rodearse. El mito que retorna lo hace de la mano de Pilar Queralt, a través de Tórtola Valencia. Una mujer entre sombras (Lumen) La autora la define como inteligente, esnob, cultivada, ególatra y libre b Pilar Queralt la define A su manera Nace en Sevilla, el 18 de junio de 1882, en el seno de una familia que emigró a Inglaterra. Cuando su tutor fallece, conoce la miseria Tras negarse a un matrimonio con un noble inglés, debuta como bailarina en Londres siendo una desconocida autodidacta En sus danzas mezcló lo clásico, lo lascivo y lo oriental. Su éxito no conoció fronteras Inspiró a poetas y pintores como Rubén Darío e Ignacio Zuloaga Su legado fue para el Museo del Teatro, de Barcelona, hoy Institut del Teatre nada de extraño que al plantearse su retirada de la escena, eligiera esa ciudad para vivir. Tres años después de su nacimiento, sus padres dejan Sevilla por Londres. Buscando mejor fortuna se trasladaron a Oaxaca (México) y dejaron a la niña al cuidado de una familia de la alta burguesía inglesa, lo que explica su excelente preparación. Pero lo bueno no suele durar mucho- -claro que en ocasiones un grave problema se torna en la creación de una existencia nueva- Éste fue el caso de Tórtola que, ante la ruina de su tutor, conoce bien la miseria. Éste es un momento crucial en su vida, porque en vez de darle el sí a un noble inglés se inclina por una vida independiente. Su debut como bailari- Tórtola Valencia rompió moldes dentro y fuera de los escenarios na fue en Londres en 1908. Un periodista escribió: Se trata de una bella señorita que danza con vivacidad y delicadeza Era una total desconocida que no perdió tiempo en forjar su leyenda. Se dijo sobrina de Goya e hija de un aristócrata español, entre otras ficciones. Algún tiempo después fue una mezcla de vestal que jugaba con lo clásico, lo lascivo y lo oriental. Ni que decir tiene que fue tachada de inmoral, claro que la moral victoriana había pasado a mejor vida. Tórtola tuvo como referentes a la Bella Otero y al gran Nijinski. Cuando bailó ante el sultán de Turquía incorporó por vez primera a su repertorio danzas orientales. En 1909 sufrió un grave accidente, pero el reposo no lo tradujo en descanso, sino en documentarse sobre culturas exóticas, en frecuentar el teatro como espectadora, tanto Isadora Duncan, como Ana Pavlova o Maud Allan contribuyeron a que la española creara un estilo propio Supo romper moldes y aunque hablabla de innumerables hombres en su vida, parece que fueron dos: el archiduque Francisco José de Baviera, a quien La maja de Myrurgia Danzarina, coreógrafa, figurinista y pintora (hizo múltiples exposiciones) obtuvo un gran triunfo en Europa y América. Su rostro y su figura quedaron inmortalizados, además de por grandes pintores como Ignacio Zuloaga, por los carteles promocionales de los perfumes y las sales de baño Maja, de la firma Myrurgia. La mujer de enormes ojos negros, de peineta y mantilla, que luce un airoso vestido rojo y sostiene un gran abanico es aquella Carmen que redujo su nombre artístico a sus dos apellidos. De su sentido de la libertad da idea el hecho de que se negara a llevar corsé porque era la cárcel de los encantos femeninos Esta sevillana dio la vuelta al mundo entre aplausos y bravos, aunque hay que consignar que en el teatro Romea, de Madrid, en 1911, tuvo un fracaso de los que hacen época. Sin embargo, tiempo antes había sido recibida en Barcelona entre clamores, de modo que no tiene Su figura quedó inmortalizada en los célebres carteles de Myrurgia Su debut como bailarina fue en Londres en 1908 Incorporó danzas orientales cuando bailó ante el sultán de Turquía