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52 Los domingos DOMINGO 4 12 2005 ABC DE LA JARA Y OTRAS YERBAS (Viene de la página anterior) -F: Son sin duda personas ignorantes, pero no dejan de ser agradecidas. Por cierto, y antes de que se me olvide, su para mi inesperada mención de Chile como lugar de clima y vegetación mediterráneos me ha recordado inmediatamente su libro La naturaleza en peligro porque allí, en la página 157, me había saltado de pronto a la vista la palabra arcabuco que yo no he oído jamás en el castellano hablado en España y sólo la conocía, hasta serme incluso familiar, por haberla leído, en cambio, muchas veces en los relatos de los cronistas clásicos de Indias, dándole, por el contexto, el significado de espesura de monte bajo tupido, con o sin monte alto Si alguna vez se ha dicho en el castellano de España o subsiste en algún rincón (bien sea en el caso de haber sido importada de las Indias y caída en desuso, bien sea el muchísimo más improbable de haber sido originaria de Castilla, exportada a Ultramar, conservada allí y olvidada aquí) yo lo dudo mucho; aquí no hemos dicho y oído nunca más que mancha que tiene el mismo significado, compartido con el francés y el italiano, que lo sacan de la misma raíz latina: el francés maquis y el italiano macchia con la particularidad de que para el sentido de sustraerse al alcance de la ley los italianos dicen darsi alla macchia mientras que los castellanos han optado por la variante echarse al monte con el aire, ese aire las rodea y es más fácil que prendan. Eso se observa bien al hacer una hoguera, pues no todos los materiales combustibles se prenden con la misma rapidez. La leña es buen combustible pero tarda en prender, no es muy inflamable. Pero si tiene resina lo es algo más. Rozas y quemas En Doñana, que ha sido coto de caza hasta hace treinta años, se quemaba intencionadamente por trozos, de forma que cada año ardía aproximadamente el 5 por ciento Rafael Sánchez Ferlosio y Miguel Delibes de Castro supera la capacidad de la planta para captar agua; entonces se protege adoptando formas de resistencia, por ejemplo reduciendo la cantidad de agua en los tejidos y también cerrando los estomas, que son las aberturas en las hojas por las que intercambian gases con el exterior. Un árbol en esas condiciones de estrés está muy seco, tiene poca agua en las ramas y hojas, y arde con más facilidad. El problema no está sólo, por tanto, en la sequía en el aire y en las altas tempeCORINA ARRANZ Inflamable y combustible -D: En Europa los fuegos forestales son un problema de la zona mediterránea, del sur de Francia, de Italia, Grecia, España, Portugal. Fuera de ahí nunca han sido objeto de gran preocupación. Es mucho más difícil que se dé un gran incendio forestal en Suecia o en Finlandia; allí hay más humedad, hace menos calor y la vegetación es menos inflamable y arde peor. El otro día quería yo saber la diferencia entre inflamable y combustible En los incendios se habla a veces de alta combustibilidad y parece querer decirse que la vegetación se quema bien, pero inflamable sugiere en cambio que prende y genera llamas rápidamente. Lo inflamable empieza a arder a menor temperatura, como es el caso de la gasolina, que necesita poca temperatura para arder. Entonces la existencia de un material inflamable facilita el comienzo y el avance del fuego, que se extiende mucho más deprisa. La trementina o resina de los pinos y el ládano pegajoso de las jaras son inflamables, si esas plantas no tuviesen esos materiales necesitarían una mayor temperatura para empezar a quemarse. La vegetación de zonas más húmedas, que no tiene el estrés hídrico del verano, arde peor. El estrés hídrico se produce cuando la temperatura es tan alta que el potencial de evaporación raturas, sino también en las plantas que están bajo estrés, con falta de agua, más secas. Son, por tanto, unos combustibles más inflamables. -F: No creo que sean muy inflamables, pero sí combustibles, pues tardan en arder. -D: Pero al tener aceites o resinas se prenden antes, a menos temperatura. Las plantas ligeras, las hierbas, son más inflamables que la madera, pues tienen mucha más superficie de contacto -F: Yo creía que en los montes de caza que tenían jara ésta no se quitaba intencionadamente, porque es, por así decirlo, la madre de la caza, pero me han dicho que en los grandes cotos de Sierra Morena los ayuntamientos obligan a los propietarios a hacer cortafuegos. -D: En Doñana, que ha sido coto de caza hasta hace treinta años, se quemaba intencionadamente por trozos, de forma que cada año ardía aproximadamente el 5 En 20 años se quemaba todo. Y este es un sistema antiguo, tradicional, que en Doñana es llamado de rozas y quemas. Se rozaba y más tarde se quemaba y luego se hacían pequeños huertos, y esto mantenía un mosaico de zonas con un monte que en ningún lugar era mayor de veinte años. Las zonas húmedas, con álamos y piruétanos, no llegaban a prender, y muchos alcornoques sobreviven al fuego. Cuando el monte es escaso, como decía usted, hay pasto, hay jaras bajas. Pero cuando el monte no es muy viejo y se prende, sobre todo si se hace en épocas favorables, cuando va a llover, o cuando el viento ayuda porque se tiene a favor o no hay viento, el fuego pasa muy deprisa por los materiales ligeros y no quema los árboles. Los alcornoques de Doñana resisten muy bien el fuego. La segunda entrega de esta entrevista de tres partes se publica mañana en las páginas de Sociedad La muy cristiana satanización del fuego Delibes, alegando la relación de afinidad originaria entre la flora de clima mediterráneo, tal como lo define, o flora mediterránea y el fuego, al que incluso hace partícipe de la conformación evolutiva de ciertas plantas (impresionante, por ejemplo, la complicidad del fuego con la jara) no es nada partidario del radicalismo con que suele esgrimirse el postulado absoluto de que Todo fuego hay que apagarlo A la concepción extremista e incluso apasionada que subyace a este que podríamos llamar imperativo antipirético para la que el fuego sería cosa intrínsecamente mala, Delibes llega a designarla como satanización del fuego Sin olvidar el fundamento primario universal de que probablemente no hay ningún dolor físico tan fuerte y tan temido como el de quemarse, la caracteriza- ción de satanización del fuego propuesta por Delibes, no carece tampoco de una famosa connotación mitológica, como es la de haber sido elegido precisamente el fuego como medio de castigo divino de ultratumba por el Cristianismo y ya tan pronto como en tiempos de Tertuliano y de Lactancio. Y esto, con la particularidad de que el Cristianismo ¿será por ser la religión mediterránea por excelencia? se singulariza y aísla en este escabroso y repugnante punto de fuego del infierno frente a todas las restantes religiones dignas de notar: ni Egipto, ni Persia, ni Grecia y Roma, ni China ni Japón, pusieron el fuego en la condenación eterna, si es que la tenían; lo que más se repite es el hielo y la tiniebla. Mi entrevistado ha manifestado su escepticismo acerca del presunto pirómano compulso por llamarlo de algún modo, o sea gratuito, no racionalmente motivado, por mucho que los apóstoles de esta nueva pamema de la inteligencia emocional sean capaces de encontrarle incluso su ADN. Con todo, su figura- -cualquiera que pueda ser su irrealidad- parecería, en principio, la adecuada para tomar el papel de fogonero, o sea de diablo, en ese fuego satanizado de Delibes. Sin embargo, concurre en esto la pintoresca circunstancia de que, por esa misma equiparación, la figura del presunto pirómano compulso participe de la misma lenidad con que son mirados los diablos propiamente dichos, los de rabo y tridente, frente a la terrible severidad que se reserva para los humanos condenados al fuego eterno por sus culpas. Al fin y al cabo, los diablos no dejan de ser funcionarios de la administración divina- -su cuerpo de prisiones, por así decirlo- y sobre la calificación moral de sus orígenes, puede hacerse prevalecer la deontológica, pues cumplen con su deber profesional de carceleros. La tradición cristiana los ha mirado siempre con una cierta, curiosa, indulgencia, e incluso con un punto de comicidad; cosa en que llega a incurrir el propio Dante, tan implacable con los pecadores, cuando pinta un diablo que se tira un pedo: ed elli avea del cul fatto trombetta Inferno cant. XXI, v. 139)