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32 Internacional DOMINGO 4 12 2005 ABC La semana negra en la minería china se cierra con 200 muertos P. M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Dos nuevos accidentes han cerrado una semana negra en la minería china. Mientras los equipos de rescate siguen recuperando cadáveres en el pozo del norte del país donde se produjo una explosión el pasado domingo, otros 16 trabajadores fallecieron el viernes en la provincia suroccidental de Guizhou y 42 más quedaron atrapados al inundarse un yacimiento de carbón en la región central de Henan. El primer siniestro, causado por una explosión de gas registrada a primera hora de la mañana, tuvo lugar en el pozo Zhonghe de Liupanshui, donde otros 16 empleados perecieron el mes pasado en idénticas circunstancias. Por su parte, el segundo acaeció al filo de la medianoche en la mina Sigou, en el pueblo de Sishi. Ambos accidentes se han producido cuando el recuento de víctimas mortales de la mina de Qitahie, en la provincia septentrional de Heilongjiang, asciende ya a 169 personas. Dicho balance convierte a este siniestro en uno de las más graves de la industria minera del gigante asiático, sólo por detrás del que costó la vida a 214 operarios el pasado mes de febrero en Liaoning y por delante del que causó en agosto 123 muertos en Guangdong. Como en la mayoría de los casos, la falta de medidas de seguridad y la corrupción de las autoridades locales desencadenaron la tragedia, por lo que ya han sido detenidos los responsables de esta mina de propiedad estatal. Uno de ellos es el jefe del Partido Comunista en la zona, Ma Jinguang, mientras que el otro es su secretario, Chen Zhigiang. Curiosamente, Ma Jinguang había sido nombrado diez días antes directivo modelo en la gestión de pozos de carbón. La minería china, que genera el 80 por ciento de la electricidad del país, se cobró 6.027 vidas el año pasado y más de 3.000 en este ejercicio. Polo industrial de la contaminada ciudad china de Jilin. En una de estas plantas químicas tuvo lugar la explosión El vertido tóxico que ha dejado sin agua a millones de personas en el norte de China tuvo su origen en una explosión en una planta química de Jilin. Esta ciudad industrial refleja a la perfección la degradación medioambiental que causa el crecimiento del país Vivimos junto a una bomba de relojería TEXTO Y FOTO: PABLO M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL Torturas Por su parte, el relator especial de Naciones Unidas sobre la tortura, Manfred Nowak, ha manifestado que la tortura está todavía muy extendida en China, tras su primera visita a este país, que lo llevó al Tíbet y a Xinjiang. Aún queda mucho por hacer, se necesitan numerosas reformas estructurales agregó tras realizar una misión de 12 días en China. JILIN (CHINA) El pasado 13 de noviembre, el joven Zhang inauguró una báscula para camiones en la parte septentrional de Jilin, una ciudad del noreste de China de cuatro millones de habitantes. Atraído por su gigantesco polígono industrial, que es el mayor complejo petroquímico del país y se sitúa a orillas del río Songhua, Zhang ya se frotaba las manos pensando en los beneficios. Pero la proximidad con tales factorías casi acaba costándole la vida, ya que, pasada la una del mediodía, y en plena fiesta de apertura, una potente explosión sacudió al barrio y desató un auténtico apocalipsis. Los edificios temblaron como en un terremoto y la gente huyó despavorida relató a ABC Zhang, cuyo local fue el único de los alrededores donde la onda expansiva no rompió las ventanas. El inmueble resultó seriamente dañado al distar menos de dos kilómetros de la factoría número 101 de la Compañía Petroquímica de Jilin. Ese fatídico día, allí se registraron varias detonaciones que provocaron el derrame en el río Songhua de 100 toneladas de benceno, una sustancia cancerígena derivada del petróleo. Tan peligroso vertido, que ha dejado sin agua a millones de personas del noreste de China durante las dos últimas semanas, ha revelado los nefastos efectos medioambientales del desenfrenado crecimiento industrial del gigante asiático. Dimisión En un raro ejemplo de asunción de responsabilidades en el régimen comunista, el director de la Administración Estatal para la Protección Medioambiental, el ministro Xie Zhenhua, presentó el viernes su dimisión, ya que las autoridades locales ocultaron al principio el derrame de benceno, que generó una mancha tóxica de 80 kilómetros. Dicho desastre ecológico, que sigue avanzando hacia Rusia sin que aún se conozcan sus consecuencias futuras, tuvo su origen en uno de los lugares que mejor reflejan la degradación del entorno en China: Jilin. Al llegar a es- Varias detonaciones provocaron el derrame al río de 100 toneladas de benceno, una sustancia cancerígena ta ciudad al atardecer, el paisaje resulta sobrecogedor sólo a simple vista. Mientras el sol se pone, las chimeneas de las fábricas dibujan su silueta en el horizonte, cubierto por una nube de humo que sobrevuela la localidad día y noche. Aunque las factorías están repartidas por los 21.700 kilómetros cuadrados del municipio, la producción se concentra en la ribera norte del Songhua, donde operan desde los años 50 varias refinerías de petróleo, plantas químicas, fábricas de papel y empresas metalúrgicas, de cemento y fertilizantes que emplean a unas 100.000 personas. Una de ellas es la Compañía Petroquímica de Jilin, una filial de la sociedad estatal Petrochina que ingresó el año pasado 400 millones de euros y cuenta con 21.000 empleados. Más de la mitad trabaja en las seis factorías erigidas a lo largo de los dos kilómetros que recorre la calle Zun Yi. Por su parte, uno de los vecinos de los edificios adyacentes, desde cuya cocina se divisa el polo industrial, aseguró que tras el accidente, tenemos miedo porque sabemos que esto puede volver a ocurrir, ya que vivimos junto a una bomba de relojería