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ABC DOMINGO 4 12 2005 Nacional 23 Cuestionar en Toledo el proyecto de ampliación del Alcázar era poner en peligro el traslado del Museo del Ejército acto en octubre de 2000 ante los Reyes José Bono, todavía en brazos del temor a un desalojo forzoso de la Biblioteca. Temor que se disipó en el momento exacto en que quedó patente que las exigencias de espacio precisas para acomodar tan magna colección se arrebatarían, no al último piso de la fortaleza entregado al imperio de las letras, sino a la ladera que se extendía a pie de Alcázar. De hecho Bono, para el caso convertido luego en titular del Ministerio de Defensa que ampara las obras, se hizo su primera foto como responsable de la cartera en una visita al baluarte, en la que se congratuló de que el futuro complejo- -ampliación incluida- -constituiría un centro cultural que no tendrá parangón en Europa El miedo a lo faraónico Hoy, seis años después del comienzo de los trabajos de excavación previos a la construcción efectiva del cubo del Alcázar, es media mañana de un día cualquiera de finales de noviembre. Los vecinos del casco histórico de la ciudad, un casco que contiene la respiración cada vez que se anuncia un nuevo proyecto faraónico intramuros, asisten perplejos y con comentarios despiadados al crecer de paredes de hormigón, de pisos y de andamios que sucede delante de sus ojos. Justo frente a la primera parada de la Línea 1, posiblemente la marquesina más concurrida de Toledo, desde donde antes se esperaba el autobús con vistas al Alcázar y hoy a una construcción desbordante que, a pie de calle, se antoja de proporciones descomunales. Esto es una barbaridad, se nos va a caer encima se reza a solas un hombre viejo apoyado bien fuerte en las muletas para no caerse de espaldas mientras intenta alzar y alzar la mirada para ver qué se mueve en lo alto de la obra. Como sigan así- -se cuenta pasmado- nos ponen un rascacielos, y aquí nadie dice nada Pero como decía el experto: total, es para que llegue el Museo del Ejército, y lo que se hace no se enmienda... Muros ciegos de hormigón sitian ya el Álcázar por su fachada norte, la más bella, que a pie de calle ya no puede verse políticos- -no tenía parangón en Europa, que arrastraría pléyades de turistas hacia la ciudad histórica y, con ellos, divisas y beneficios incalculables. Por no hablar del acontecimiento cultural y social que marcará profundamente la entrada de la ciudad en el nuevo siglo que, en palabras del que era alcalde de Toledo, Agustín Conde, del PP, iba a suponer la llegada de la colección para la capital de CastillaLa Mancha. Nunca se entró a fondo en el proyecto de ampliación del Alcázar: era muy difícil cuestionarlo oficialmente y no poner en peligro la operación de traslado... era como dar la razón a Madrid. Y por eso se pasó de puntillas por los planos, se aprobó todo sin que nadie estuviera totalmente satisfecho... explica desde el anonimato un antiguo responsable municipal que intervino en las Comisiones de Urbanismo del Ayuntamiento de Toledo y siguió de cerca las de Patrimonio de la Junta de CastillaLa Mancha. En realidad, es un proyecto muy, muy dudoso desde el punto de vista del respeto patrimonial... pero ahora hay que tragar con ello, y mejor no pensar en lo poco que se sabe de la solución final. Pero lo que se hace no se enmienda añade. Entre las escasas voces discordantes que se oyeron en Toledo en aquellos días, las hemerotecas guardan las intervenciones salidas de las filas del Gobierno autonómico del PSOE presidido por José Bono, que en un primer momento vio en el aterrizaje de la colección militar en el Alcázar una amenaza para la Biblioteca Regional que, con gran aparato mediático y más de mil millones de las antiguas pesetas, la Junta había inaugurado en 1998 ocupando toda la planta superior de la fortaleza. Hay que hacer frente a quienes desean expulsarlos (los libros) y alardean de ello llegó a reclamar en un