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22 Nacional DOMINGO 4 12 2005 ABC En 1999, Aznar anunció el traslado del Museo del Ejército de Madrid al Alcázar de Toledo. Para acomodar la colección, se ha sacado espacio de debajo de las piedras: un edificio incierto, que acosa a la fortaleza Nuevo sitio al Alcázar TEXTO: LAURA L. CARO FOTOGRAFÍAS: HUERTAS FRAILE TOLEDO. Un informe de la Unesco, que elaboró el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) ya advertía en 2003 que si la obra se llegaba a hacer, Toledo podría ser retirada de la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad, en la que fue incluida en 1986. Y la obra ya ha tomado cuerpo: el de un inmenso búnker de acabado incierto pegado al Alcázar, detrás del que la fachada norte de la fortaleza, de exquisita factura purista según los planos de Alonso de Covarrubias, ha desaparecido para siempre a los ojos de los peatones. El edificio, hoy todavía una superposición de paños interminables de andamios, puntales y muros de hormigón herméticos, sin una ventana, no es sino la ampliación del histórico Alcázar de Toledo. El módulo de nueva planta- -seis niveles y 11.400 metros cuadrados útiles- que fue concebido para añadir espacio suficiente a la fortaleza como para dar cabida a las decenas de miles de piezas que componen el fondo del Museo Nacional del Ejército, será trasladado a la ciudad del Tajo en algún momento del próximo año en cumplimiento de los deseos de José María Aznar. Y para el caso, la colección ya se cerró al público en Madrid el pasado 30 de junio. Los andamios y los puntales dejan ver ya el alzado del proyecto ción del Museo del Ejército, a mayor gloria de las necesidades de espacio de la pinacoteca del Prado, y la solución era hacer mudanza de todos los aperos militares a Toledo. Si para ello era preciso sacar metros cuadrados de debajo de las piedras para añadir más salas al Alcázar, se sacaban. No se hable más. Y lo cierto es que se sacaron. De hecho, para hacer hueco a la construcción ahora en ciernes, la que sitia poco a poco el baluarte por su cara norte, ha sido necesario retirar millones de toneladas de tierra hasta hacer desaparecer un talud que se tendía al pie de la fachada septentrional del monumento. En resumen, bajar la cota desde cero hasta los menos 24 metros para inventar un agujero donde encajar el nuevo bloque. Este volumen agregado no puede tolerase porque no respeta el trazado tradicional del Alcázar, el equilibrio de su composición y sus relaciones con el medio ambiente advertía entonces el Icomos, echando mano de los argumentos de la Carta Internacional para la conservación de las ciudades históricas Para más señas, la también llamada Carta de Toledo de 1986, complementaria de la biblia de la conservación de monumentos que es la Carta de Venecia, y que en su artículo segundo determina que la memoria de la Humanidad exige perpetuar el conjunto de los bienes, incluido no sólo el aspecto de los edificios definidos a través de su estructura y volumen sino además su relación con los espacios libres y verdes y su entorno bien sea natural o creado por el hombre Eran las protestas del Icomos, organismo que, después de tanta polvareda, ha renunciado a pronunciarse ahora sobre la marcha material de los trabajos que censuraron. Demasiada agenda diaria que atender, alegan. Una barbaridad Ni las voces que en su momento se alzaron contra esta decisión- -el Ayuntamiento madrileño de José María Álvarez del Manzano o la Academia de Historia, espoleadas desde la Asociación de Amigos del Museo del Ejército ni las que luego se sumaron a la vista de un proyecto de ampliación que, cuando era sólo papel, fue tachado por el entonces decano de los arquitectos de Madrid, Fernando Chueca- Goitia, de barbaridad lograron conmover un ápice los designios del que fuera presidente del Gobierno. Había que despejar las dependencias del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, ocupadas por la colec- De puntillas por el proyecto Para entender por qué un planteamiento arquitectónico tan arriesgado llegó a recibir las bendiciones de las autoridades urbanísticas y de Patrimonio, hay que remitirse al espectacular movimiento institucional y ciudadano que se desató en Madrid en contra del traslado del Museo de Historia Militar. Nos opondremos con todos los medios democráticos proclamaba en 2001 el alcalde Álvarez del Manzano, del PP, mientras al Ministerio de Defensa llegaban más de 5.600 firmas de vecinos de la capital en un intento por paralizar al traslado y desde el PSOE, el entonces portavoz de Cultura en el Ayuntamiento de la Villa, Rafael Simancas, tachaba la operación tres años atrás simplemente de expolio Pero es que aquella oleada de rechazo sólo fue comparable al entusiasmo que suscitó en Toledo la posibilidad de acoger de forma permanente una muestra sobre el pasado de los Ejércitos, que- -descubrieron de pronto los Una solución arquitectónica impecable, un acabado incierto En el Colegio de Arquitectos de Castilla- La Mancha, demarcación de Toledo, no se oculta que la primera impresión a la vista del volumen del edificio que se adosa al Alcázar, por decirlo de un modo suave, sorprende mucho Es un choque estético inevitable, pero- -corrigen- ante un planeamiento con respaldo teórico cuya solución matemática es impecablemente proporcional en una escala de uno a cuatro a la traza renacentista del patio de la fortaleza, y hasta donde se sabe, con una vocación de continuidad con respecto a la grandiosidad monumental de la fortaleza. No trata de adornarse a sí misma, es una ampliación sin elementos superfluos, que se somete y pretende mimetizarse con basamento granítico del Alcázar y se acerca a él con respeto explica desde Toledo el portavoz designado por la demarcación, Jesús Aguado. El enfoque no está mal traído, es coherente indica previo reconocimiento de la solvencia técnica de los padres del proyecto- -Francisco F. Longoria y Dionisio Hernández Gil, ganadores por concurso público- -y de la salvedad de que, en realidad, el veredicto final dependerá de cuál sea el remate estético de la obra, que por el momento se reduce a un bloque inmenso de paños ciegos. Y hay muchas dudas. Puede terminar siendo un cajón de piedra o mejorar... pero habrá que esperar para verlo subraya el arquitecto, en vista de que el acabado, hoy por hoy, no se ha depositado como tal en el Colegio.