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ABC DOMINGO 4 12 2005 La Entrevista 11 mos alejado de la sociedad sino que nos hemos abierto más y ahora estamos en condiciones de conectar con el sentimiento mayoritario. No sólo no estamos peor que antes de los últimos comicios, sino que estamos mejor. -Planteaba si el cambio en la comunicación puede resultar verdaderamente eficaz con las mismas personas, con el binomio Zaplana- Acebes... -Lo importante de un partido político no son las personas, sino las ideas y el discurso. Además, la persona que es referente es la que el partido propone para la presidencia del Gobierno, el líder. Mariano Rajoy ha sabido construir el discurso adecuado, y ese discurso lo asumimos todos, lo asume Zaplana, lo asume Acebes, lo asume Piqué y lo asume Ruiz- Gallardón. ¿Comparte usted el análisis de que la Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre se está convirtiendo en el verdadero bastión de oposición al Gobierno? -Un bastión... No, no lo comparto. Yo creo que la Comunidad de Madrid está haciendo una gestión en defensa de los madrileños, nada más. ¿No está yendo Aguirre más allá? -No, no hay que confundir las cosas. Yo creo que una cosa son las instituciones y otra cosa son los políticos, son elementos completamente diferentes. Una cosa es el discurso político que so- bre política nacional pueda hacer cualquier presidente de Comunidad Autónoma y otra que como consecuencia de ese discurso se diga que se utiliza la institución para convertirla en instrumento contra la Administración. La Comunidad de Madrid es una institución leal con la Administración General del Estado. -Pero, ¿da el discurso político de Esperanza Aguirre la razón a los que piensan que se postula de alguna manera como eventual recambio y posible presidenta del Gobierno? -Esa es una suposición que ella ya ha desmentido. Ha dicho que no tiene más candidato a la Presidencia del Gobierno que Mariano Rajoy. -Usted manifestó, precisamente en una entrevista en ABC, que su aspiración última era la Presidencia del Gobierno, pero ya ha llovido mucho desde entonces... ¿Esa llama sigue viva? -Lo diría porque entonces no había sido todavía alcalde de Madrid... Cuando se es presidente de una Comunidad Autónoma se puede pensar que la Presidencia del Gobierno completa ese recorrido, pero cuando se llega a alcalde de Madrid se comprende que no puede haber en política un puesto más fascinante que éste. ¿Entonces ya ha desechado radicalmente esa intención? -Bueno, es que mi declaración no fue exactamente que yo quisiera ser presidente del Gobierno, sino que no lo descartaba, y en esa línea es como si a un periodista le preguntan si descarta llegar a ser director de su medio. Pero, ya en serio, le voy a decir dos cosas: la primera, que yo lo que tengo muy claro es que quiero que Mariano Rajoy sea presidente del Gobierno y, la segunda, que mi objetivo político a nivel personal es desarrollar mi proyecto de transformación de la ciudad de Madrid. -Pero quizá sí se tiene la sensación dentro del Partido Popular de que si el actual líder no obtiene el respaldo esperado usted es ese recambio capaz de arrastrar el voto reticente. Ésa es una impresión que siempre está ahí. -Creo con toda sinceridad, y lo digo sin falsa modestia, que ese supuesto no se va a dar porque yo no añado ni aporto nada al discurso de Mariano Rajoy. No tiene ninguna diferencia con el mío propio, porque es un discurso muy centrado y muy moderado. Es a la vez un discurso muy contundente y muy firme en la defensa de unos valores, lo cual no es incompatible con lo anterior sino todo lo contrario. ¿No cabe la posibilidad de que si Alberto Ruiz- Gallardón renueva holgadamente el triunfo electoral en el Ayuntamiento después Mariano Rajoy le pida que le acompañe como número dos en la lista de las próximas elecciones generales? -No quiero entrar ahí. De esa pregunta me quedo solamente con la primera hipótesis, la de volver a ganar las próximas elecciones municipales. Yo tengo un proyecto para Madrid, lo he dicho siempre, que es un proyecto de ocho años y en todo lo que sea compatible con eso yo estoy y he estado a disposición de mi partido. -Usted acaba de manifestar que se- La candidatura olímpica computa en mi haber ¿Ha quedado usted políticamente tocado por no haber logrado los Juegos Olímpicos? -Lo de los Juegos Olímpicos no es una derrota ni está en mi debe sino todo lo contrario. La candidatura ha dado un enorme crédito a la ciudad de Madrid, pero no puedo considerar como un mérito personal lo que ha sido un logro con consenso y respaldo de toda la Corporación. En ese empeño Madrid no tenía nada que perder y sí mucho que ganar, y así ha sido. La memoria que ha dejado en los ciudadanos de Madrid y en los de toda España el trabajo que se hizo sólo se puede considerar positivo. Ha quedado un sentimiento generalizado de que podemos volver a aspirar a ser ciudad olímpica en 2016 y 2020. En el mes de septiembre del año que viene decidiremos si volvemos a intentarlo, porque necesitamos tener primero elementos de juicio que ahora no tenemos, como qué ciudades se presentan. -Si los Juegos computan, según usted, en el haber ¿queda para el debe la derrota de su candidato Manuel Cobo cuando aspiró a la presidencia del PP de Madrid? -Sí, evidentemente. Nosotros pretendíamos obtener la confianza de nuestros compañeros de partido para desarrollar un proyecto de acuerdo con el trabajo que habíamos desplegado en la Comunidad los ocho años anteriores, y esos compañeros nos dijeron que no estaban con nuestro proyecto, que preferían otro. En casos como éste lo que hay que hacer es lo que hicimos, reconocer que democráticamente habíamos perdido, y cuando pierdes lo que hay que hacer es apoyar al que ha ganado. El PSOE aísla al PP no por imposición de sus socios parlamentarios, sino por debilidad interna No me considero recambio de Rajoy. No añado ni aporto nada a su discurso, que suscribo totalmente El Partido Popular ya ha conseguido volver a conectar con la mayoría de la sociedad española ría necesario un pacto entre los dos grandes partido en materia de lucha antiterrorista, de educación, de modelo territorial y de política exterior, pero la realidad es que PP y PSOE están en posición antagónica en todos esos ámbitos. ¿Por qué hemos llegado a esta situación? -Por la debilidad del Partido Socialista. Los grandes acuerdos sólo los hacen los fuertes, nunca los débiles. Los diálogos los llevan a cabo quienes tienen fuertes convicciones, porque los intransigentes son los que piensan que van a resultar dialécticamente derrotados. Yo me he preguntado muchas veces por qué el PSOE no dialoga con el PP, sobre todo porque el discurso de Zapatero en la oposición fue el contrario, e incluso hay que recordar que el propio pacto antiterrorista surge por iniciativa suya. Pero la situación es la que es porque la debilidad electoral le llevó a una determinada aritmética parlamentaria. ¿Estamos sólo ante una debilidad aritmética, o también ante la debilidad interna del discurso del PSOE? -Estamos ante las dos cosas. Primero, ante una debilidad parlamentaria que le obliga a tener unos socios a los que no puede contradecir ni disgustar y que, además, son los que le vetan cualquier posibilidad de acuerdo con el Partido Popular. La segunda debilidad del Partido Socialista es la interna por la ausencia de unidad de su discurso. Hay materias, como el modelo territorial, en las que el Partido Socialista no tiene un solo discurso, sino varios y a veces contradictorios. Cuando no se tiene un criterio único es muy difícil sentarse a dialogar con otra formación política. Mientras, las iniciativas que el Partido Popular ha adoptado han sido trascendentales. He dicho alguna vez que un día muy importante en la biografía de Mariano Rajoy es el 14 de enero de este año, cuando se persona en el Palacio de la Moncloa para ofrecer a un Gobierno que estaba débil, que se enfrentaba a la aprobación por el Parlamento vasco del plan Ibarretxe una colaboración leal para mantener el modelo constitucional con ese Gobierno, sin exigir nada a cambio ni pedir una convocatoria anticipada de elecciones. Si Zapatero hubiera aceptado entonces esa oferta, no sólo hubiera solventado el obstáculo del plan Ibarretxe sino que hubiera resuelto cualquier embate al modelo constitucional de los que en este momento se están planteando. ¿Por qué no lo hizo? Yo creo que, en este caso, por debilidad interna, porque en esa situación sí hubiera podido prescindir de sus socios parlamentarios y decirles; Ya no puedo seguir con vosotros porque lo que se plantea no es acorde con nuestro discurso No lo hizo por esa división en el seno del propio Partido Socialista, que era lo único que en aquel momento se lo podía impedir. ¿Qué le parece el análisis que vincula la cuestión del Estatuto catalán con la cuestión vasca, en el sentido de que el Gobierno puede estar intentando pergeñar un colchón en Cataluña que sirva después de modelo al País Vasco? -Yo creo sinceramente que esa vincu (Pasa a la página siguiente)