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ABC DOMINGO 4 12 2005 Opinión 7 MEDITACIONES ¡TORERA! O del helicóptero, más allá del susto, le ha dado alas. Lo que le faltaba a Simancas: Esperanza convertida en catwoman sin tacón, desafiando a la fuerza de la gravedad, que sólo le faltó decir: Vamos, Mariano, que no tengo todo el día cuando salía del cacharro. Tras el aterrizaje forzoso, subidón. En el PSOE lo tienen asumido: no hay nada que hacer. Demasiado arroz pa tan poco pollo... Entre el Estatuto, la opa de Gas Natural y lo de Móstoles, Aguirre está que se sale: el brindis por España con cava catalán es la cuadratura del círculo con burbujas: la quintaesencia del descorche político, el acabose de la puesta en escena. Al final, el viajecito aéreo sobre el coso taurino terminó en vuelta al ruedo. Faena por el cielo mostoleño que puso en pie a la plaza. Dos orejas y rabo. ¡Torera! MARCO AURELIO L LEER Y PENSAR EURÍBOR SIN TRACTORADAS EL VIAJE A LA FELICIDAD DE EDUARDO PUNSET Editorial Destino Barcelona, 2005 212 páginas 18 Contra el valle de lágrimas La felicidad ocupa un lugar destacado entre las obsesiones de la pos- posmodernidad, al menos entre los ciudadanos de los países desarrollados. Pero las condiciones de nuestra felicidad han cambiado desde el tiempo en que su búsqueda se recogía como derecho inalienable en la Constitución de los Estados Unidos y, mucho más, si contamos desde Epicuro o Séneca. En nuestra época, con una esperanza de vida para la que no estábamos programados y que nos deja con cuarenta o cincuenta años redundantes respecto a nuestro reloj biológico original, la consecución de la felicidad se ha convertidoen prioridad indiscutible. Recientes investigaciones científicas han aportado datos importantes que profundizan en su comprensión: sabemos, por ejemplo, que hay factores innatos (hay fetos que sonríen más que otros) y otros que se adquieren o logran. Pero nos falta aún mucho por conocer. Punset, cuyas dotes para enseñar entreteniendo, es decir, para divulgar, son evidentes, ofrece en este libro claves para una nueva definición de la felicidad, puntualiza cuáles son sus límites y amenazas en nuestro mundo globalizado, y se detiene en el análisis de los últimos descubrimientos en torno a la siempre elusiva felicidad. MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO UBE el gasóleo y los pescadores bloquean las bocanas de los puertos, los transportistas inmovilizan con sus camiones la distribución (pronúnciese logística y los agricultores ponen sus tractores en las carreteras, por si no hubiera pocos embotellamientos. Pero, lo que son las cosas, a ese pescador protestón por el gasóleo le sube el Gobierno el recibo de la luz de su casa en un 5 y paga la factura con ejemplar resignación cristiana, a tocateja, pum, como éstas. Y el transportista que deja desabastecidas las lonjas de España y no lleva nuestros productos agrícolas a la nación de Merimée como protesta por la nueva tarifa del gasóleo, se traga que le suban el precio del gas natural sin rechistar. En cuanto al campesinado (ojú, qué antigüedad esto del campesinado) mucho tractor en la carretera para pedir que bajen el gasóleo agrícola, pero ese vehículo lo está pagando con un crédito cuyos ANTONIO tipos de interés le ha subido el Banco BURGOS Central Europeo, el verdadero Banco de España, y no el que está en Cibeles, y abona las nuevas tasas por el dinero del préstamo sin decir esta boca es mía y sin organizar esas manifestaciones en forma de Carnaval con borricos, vacas y cerdos que el agro suele. Hay, en efecto, dos Españas. No la de derecha y la de izquierda, la creyente y la laica, la nacionalista y la estatalista, la separatista y la unitaria, la del Real Madrid y la del Barsa. No. Son otras dos Españas, más incomprensibles: la que protesta por todo lo que sube y la que se aguanta con todas las estocadas económicas que le meten. ¿Cuántos pescadores, camioneros, agricultores hay en España? Pues yo se lo diré: bastante menos que señores con una hipoteca pendiente. Antes el español vivía en un piso, en un adosado, en una casita de pueblo, en un chalé. Ahora el español mayormente vive en una hipoteca. Se heredan las hipotecas como antes los cortijos. Hay quien S le deja a sus hijos el ejemplo de una vida... y la hipoteca del piso donde viven. La hipoteca es el verdadero motor de la economía nacional. La principal actividad económica de España no es el turismo, es la hipoteca. Más que el turismo, la que mueve la economía es la construcción. Y no se construye sobre pilotes, sobre hormigón, sobre estructura metálica: se construye sobre hipotecas. Las grandes ciudades no están rodeadas de barrios de nueva planta, sino de hipotecas. Antes se hablaba del Cinturón Rojo de Madrid o de Barcelona. Ahora hay que hablar del Cinturón Hipotecario de Madrid o de Barcelona. Y a la mayoritaria España hipotecada, sin comerlo ni beberlo, le han subido el Euríbor, sin consultarle, sin que el Gobierno abra la boca, sin que Solbes explique nada, sin que ZP justifique nada, sin votación de las Cortes. ¡Vamos, sin tripartito! El Euríbor está en el nivel más alto desde 2003. Ha aumentado hasta el 2,684 Ya se oye el galopar de los jinetes del Apocalipsis de la subida del precio del dinero, de los tipos de interés, pero el familiar Euríbor de la hipoteca, que es como de la familia, que es el que nos cobija en la casa que todavía no es nuestra, sino del Banco o de la Caja, ése ya recita el Romance de la Pepa: sube que sube que sube, trepa que trepa que trepa. Y nadie protesta. Por culpa de la subida del Euríbor, todo el mundo tiene desde ahora menos dinero a fin de mes. Bastante menos quizá que los pescadores, que los transportistas, que los agricultores con el gasoil. Pero nadie protesta. No van los dueños de los hipotecados pisos, ladrillo en mano, a protestar delante de los bancos, como sería lo lógico. No bloquean las entradas a las Cajas de Ahorros con los boletines de los penosos estados de sus cuentas. A callar se ha dicho. ¿La mayoría silenciosa? dice usted. Pues sí. Sólo que en este caso yo la llamaría la mayoría hipotecada. Y bien jodida por la subida de los intereses. Eso sí que es un problema, y no el inventado Estatuto catalán o esa alianza de civilizaciones de la que estamos ya hasta lo que rima.