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ABC SÁBADO 3 12 2005 Espectáculos 65 CLÁSICA Ciclo de la U. Complutense Les Paladins Música: J. -Ph. Rameau. Libreto: D. de Monticourt. Intérpretes: A. Dahlin, K. Velletaz, M. Lécroart, D. de Niese, J. Fernandes y E. González- Toro. Coro y Orquesta de Les Arts Florissants. Director: William Christie. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. Fecha: 30- XI TEATRO Las que faltaban Autores: Terenci Moix, Quim Monzó, Rafael Mendizábal, Enrique Gallego, Félix Sabroso, Luis Miguel Seguí y Antonia San Juan. Dirección e interpretación: Antonia San Juan. Iluminación: Luis del Valle. Vestuario: Raquel más Roberto. Lugar: Teatro Alfil. Madrid. LES PALADINS DE RAMEAU ANTONIO IGLESIAS UNA PARA TODAS William Christie musical que Francia haya producido Aun así, se dejaron admirar las voces y la desenvoltura escénica de los tenores Anders Dahlin y Emiliano González Toro, las sopranos Katia Velletaz y Danielle de Niese, y los barítonos Matthieu Lécroart y Joao Fernandes, excelentes artistas que encarnaron en un subido nivel a Altis y Manto, Argie y Nérine, y Anselme y Orcan, respectivamente. La ópera rebosa lugares sonoros de excelencia para momentos corales expuestos con magnífica cohesión por el breve conjunto coral; fueron éstos la cumbre interpretativa de Les Arts Florissants, bien preparados por François Bazola. La magistral tarea de William Christie, musicólogo ante todo, obtuvo grandes resultados de la orquesta, resplandeciendo Rameau, tan admirado como tratadista y autor de geniales páginas descriptivas para el clave. JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN es Indes galantes y Castor et Pollus indudablemente los títulos operísticos más conocidos del francés JeanPhilippe Rameau, no rebajan la categoría de su comedia lírica de carácter cómico Les Paladins que acaba de ofrecer en versión de concierto semiescénica (bien dispuesta en su obligada concreación por José Montalvo y Dominique Hervieu) en nuestro Auditorio un conjunto de veinticuatro profesores y once voces mixtas, que responde con prestigio al título de Les Arts Florissants, bajo el mando conocedor del polifacético William Christie. Quizá parte de tamaña limitación escénica el cierto envaramiento observado a lo largo de su hora y media de duración, de una obra rebosante en melodías enjundiosas dictadas por quien SaintSaëns calificó como el mayor genio L D esde sus primeras actuaciones en cafés- teatro y otros locales para aves nocturnas, Antonia San Juan, siempre como bululú, ha sabido crear un personaje esponja en el que caben cientos de personajes. Su capacidad de observación, su talento para el sarcasmo y la sátira social, su humorístico manejo de la procacidad y sus dotes gestuales y vocales son perfectas para espectáculos como el que ofrece en el Teatro Alfil: una sarta de monólogos protagonizados por damas de distinta laya y condición que presenta como continuación de su anterior montaje, Otras mujeres Las que faltaban reúne así textos de diversos autores que perfilan con unos cuantos trazos distintos tipos femeninos. Comienza con una diva operística de afiladísimas garras de astracán procedente de la Factoría Moix Amami Antonia San Juan Alfredo! y continúa con criaturas como una jovencita algo retrasadilla pero nada tonta a la que un vecino jubilado paga diez euros cada vez que se deja manosear por él (creada por Félix Sabroso) una mujer sumisa (surgida de la inspiración de Quim Monzó) o como una viuda de alta posición con hija adolescente y predisposición hacia los varones bien dotados. Una silla, un vestido negro que modifica con diversos accesorios, unos toques en el pelo y varios pares de zapatos le bastan a Antonia San Juan para meterse en la piel de once mujeres distintas en un espectáculo, sencillo, eficaz y con momentos muy divertidos que el público del día del estreno aplaudió con entusiasmo.