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6 Opinión SÁBADO 3 12 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA CARLOS ALBERTO MONTANER EL PP VUELVE A LA CALLE A masa terrestre atrae nuestros cuerpos y ello nos mantiene con los pies en el suelo. Eso es algo que saben especialmente bien los felizmente renacidos Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy. A pesar de ello, de que la gravedad terrestre, en convivencia con la ley de la gravitación universal que ya enunció Newton, es condición indispensable para el orden cósmico, no se tiene noticia de que en ninguna parte del mundo se organicen solemnes y multitudinarios actos públicos en defensa de la gravedad, la gravitación ni ninguna otra fuerza conexa y fundamental. Una Constitución es el equivalente nacional, social y político, de la graM. MARTÍN vedad que nos fija con FERRAND los pies en la tierra. Es, cuando se observa, la máxima expresión de la normalidad democrática. De ahí que resulte curioso que en defensa de la Constitución el PP se disponga a concentrarse hoy, en la Puerta del Sol de Madrid, para vitorearla y reafirmarla. Un acto tan natural y legítimo incita a interpretaciones torcidas y no faltan voces hostiles al PP- ¡todas las demás! -que interpretan la convocatoria de hoy como un gesto de contestación al nou Estatut que, aprobado en el Parlamento de Cataluña, espera turno para su discusión en el Congreso. En ese sentido, sería posible especular que lo que se dispone hoy a hacer el PP sea, más que un ejercicio de libertad de expresión, una práctica del derecho al pataleo. Sea como fuere, y no tengo por qué dudar de la sinceridad de la convocatoria popular; lo que sí resulta relevante y sintomático es la afición que el PP le ha tomado a la calle como escenario y tribuna para la acción política. La calle, antes, era una exclusiva de las izquierdas. que la manejaban a su antojo como pieza para la presión ante los poderes públicos; pero, de poco tiempo a esta parte, el PP se siente feliz con su capacidad de convocatoria y, prácticamente en sábados alternos, moviliza a sus simpatizantes y le da al juego político un toque populista que, aún en el éxito, pone de manifiesto la escasez de sus líderes para el género vocinglero. A Rajoy, como debe ser en un líder de la derecha- -por centrada que esté- le va mejor la conferencia que el mitin y brilla muchísimo más en el escaño que en la plaza pública. Igual les ocurre a sus compañeros de viaje; pero se empeñan en imitar las formas que le son queridas al socialismo y en las que resultan magistrales los totalitarismos, desde el comunista al fascista. Supongo que, como suele suceder, en el fondo de esta nueva afición del PP esté algún sabio de la imagen de ésos que siempre están dispuestos a inventar el chocolate con churros para vender, a continuación, una teoría del casticismo. En esta ocasión, la reaparición de Rajoy y Aguirre, tras el susto que nos dieron el jueves, le da a la convocatoria el valor alegre y expansivo de una fiesta de bautismo. Felicidades a los recién nacidos. L DIOS Y LA DEMOCRACIA LIBERAL El autor reivindica la raíz cristiana de los derechos naturales, que protegen a los individuos frente a la acción del Estado o frente a la voluntad de otras personas Y sin los derechos naturales- -dice- -no se sostiene la idea de la democracia liberal ¿E VOLUCIONISMO o creacionismo? ¿Azar o diseño inteligente? Ésa es la polémica que vuelve a dividir ácidamente a la intelligentsia. Los neodarwinianos opinan que no es posible observar las huellas de Dios en la evolución de los seres vivos. No hay pruebas científicas de su mano divina. La evolución- -postulan- -es un proceso biológico amoral. Los cambios suceden sin que los guíe un criterio ético. Los creacionistas, en cambio, aseguran que no es posible explicarse la inmensa complejidad de la vida sin la intervención de un ser superior que así lo decidiera. Les parece, además, que los seres humanos tienen un profundo sentido moral que sólo puede explicarse por la existencia de Dios. Al fin y al cabo, desde que el hombre habitaba en cavernas, hasta que se asomó al espacio, los historiadores y antropólogos han censado más de de 100.000 religiones. Se afirma, incluso, que existe un gen que predispone a los humanos a buscar a Dios. sa la democracia liberal se articula en torno a la existencia de un ser superior del que emanan los derechos naturales que protegen a los individuos frente a la acción del Estado o frente a la voluntad de otras personas. Si desaparece la premisa de la existencia de Dios, la hipótesis de la existencia de derechos naturales queda automáticamente eliminada y se le abre la puerta a cualquier género de atropellos. En principio, parece un inofensivo debate intelectual en el que se trenzan y confunden la ciencia y la teología, pero no es cierto. No se trata de una disparidad académica que se dirime inocentemente en las aulas universitarias. La controversia afecta a la raíz misma de la civilización occidental, y a largo plazo puede tener unas tremendas consecuencias en el plano político. Toda la armazón filosófica y jurídica sobre la que descan- Se le atribuye al judío Zenón, feo y patizambo, triste y brillante, fundador del estoicismo en el siglo IV a. C. la primera formulación de la teoría de los derechos naturales. En la Grecia de su tiempo- -Zenón impartía sus charlas en Atenas- -las personas eran sujetos de derecho por dos vías: la fratría o tribu a la que se pertenecía, o la ciudad en la que vivía. La sangre y el suelo eran las bases que determinaban los derechos que se aplicaban a las personas, normas que en gran medida siguen vigentes en nuestros días. Pero Zenón y sus seguidores plantearon algo totalmente novedoso y revolucionario: los seres humanos, por su carácter único, poseían unos derechos que no provenían de la etnia o de la ciudad, sino de los dioses. Esos derechos eran anteriores a la existencia de la tribu y del Estado, así que no podían ser suprimidos ni por la fratría ni por las autoridades políticas de la ciudad, puesto que no habían sido otorgados por ellas. El planteamiento de los estoicos daba pie a una con-