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64 Espectáculos VIERNES 2 12 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Viva Zapatero Más allá del odio O ¡Viva Berlusconi! según se mire Italia, 80 minutos. Directora: Sabina Guzzanti E. RODRÍGUEZ MARCHANTE No pesan los años, Kevin Costner EE. UU. 118 m. Director: Mike Binder Intérpretes: Kevin Costner, Joan Allen, Erika Christensen, Keri Russell FEDERICO MARÍN BELLÓN iene esta película a estrenarse en un momento en el que echará más alpiste al gallinero en el que vivimos. Es un documental, o película denuncia, que hace una periodista y o humorista italiana, Sabina Guzzanti, como respuesta a Berlusconi, que censuró su programa de televisión en la RAI. Es, digamos, un canto o un canturreo (se le ven las pinturas de guerra) a la libertad de expresión. Y lo tituló (y he aquí el chiste) ¡Viva Zapatero! en alusión a unas hipotéticas libertades que José Luis Rodríguez Zapatero ha devuelto a los medios de comunicación españoles. Viene, ya digo, en buen momento, porque, por ejemplo, la cadena COPE no compartirá el entusiasmo, los signos de exclamación y el verbo con la documentalista italiana. Y no es por discutirle el título (naturalmente, que viva Zapatero) sino los motivos por los que cree haberlo puesto esta humorista- periodista, que se ríe a dos carrillos de Berlusconi y nos endosa en serio semejante título (es como si Federico Jiménez Losantos hiciera un trabajo titulado ¡Viva Berlusconi! para demostrar la falta de respeto a la libertad de expresión de Zapatero) Dicho lo cual, el dilema es el de siempre: ¿puede tener valor documental algo que ya se sirve indocumentado? Lo cierto es que el trabajo de Guzzanti es hábil, muy directo y sarcástico, destroza la figura hinchada y ridiculizada de Berlusconi. Consigue su objetivo. Y si ese es el dilema, el misterio es el que sigue: ¿Cuál es el interés de esta película, que ha abierto y cerrado ya tantos festivales en España? ¿Su aportación a la necesaria y en peligro libertad de expresión? ¿O que de quien se ríe es de Berlusconi? ¿O que mola su título? Siempre hay que celebrar la aparición de una película eficaz, pero lo celebraríamos mucho más a gusto si lo que subyace detrás de su título no empezara a sonar también a broma. V Yoima Valdés, en una escena de la película Agua con sal ABC Agua con sal El infierno tan cercano España, 94 m. Director: Pedro Pérez Rosado Intérpretes: Yoima Valdés, Leyre Berrocal ANTONIO WEINRICHTER Agua con sal es lo que se ponen en las manos para curar sus llagas las obreras de un taller clandestino (bueno, las clandestinas son ellas) en un pueblo valenciano. Agua con sal es también el horizonte con el que sueñan las dos protagonistas: Leyre Berrocal, que alterna la explotación laboral con la sexual (prostituta ocasional, debe también para redondear sus ingresos otorgar sus favores al encargado del taller) sueña con Benidorm; y Yoima Valdés, exilidada que dejó un hijo en Cuba, sueña con el retorno. Para ambas ese paraíso se revela tan lejano como la posibilidad de salir del círculo infernal en el que vive. La inteligencia del director Pérez Rosado, a la hora de lidiar con una historia tan terrible, es entender que se debe contar con los mimbres del realismo documental (género en el que se forjó como realizador) y no con el primoroso estilo de cierto cine realista español. Gracias a ello, y a la prodigiosa labor de Valdés, la película se eleva de otro infierno, o limbo, el de las buenas intenciones. evin Costner ha vestido tanto material deportivo que era cuestión de décadas que acabara como vieja gloria. Esta vez da vida a un hombre que ha cambiado el bate de béisbol por la lata de cerveza y que se gana las hamburguesas con un programa de radio. El primer rasgo de honestidad de la cinta es ahorrarnos la típica imagen retrospectiva del actor, peinado y maquillado como un adolescente, mientras vemos pasar su carrera ante nuestras empequeñecidas pupilas. Parece una obviedad (son 50 tacos) pero hasta hace bien poco no había título en el que no se disfrazara un rato de chaval. El segundo acierto es ceder las mejores viñetas a Joan Allen, quien no sabe apreciar lo que tiene ni cuando lo pierde. La puntilla a cuatro hijas que la torean y una creciente dependencia al alcohol es el abandono de su marido, cuya mayor deferencia es dejarle el odio como tabla de salvación. En cuanto sabemos que Allen y Costner son amigos y residentes en el mismo barrio, el final está cantado. Pero no conviene ir tan deprisa, porque la tarta contiene sorpresa y porque Mike Binder, guionista, director y dueño injustificado de un papel demasiado importante, trata de meter en el cuadro- -sabia decisión- -a las cuatro jovencitas. No se le puede negar la voluntad de enriquecer la trama, de dotar a los protagonistas de una colección de humanísimos defectos. Y sin embargo, su pincel es demasiado grueso para alcanzar a rellenar los pliegues más sutiles. Esa tara explica por sí sola la falta de satisfacciones que proporciona una película con tantos actores aprovechables, un buen giro final y un propósito que podríamos tomar por noble. Como obra de arte, nunca despega; como enseñanza vital falla porque nadie actúa como debiera y, lo que es peor, no consiguen que entendamos por qué. K