Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 2 12 2005 Espectáculos 63 El arte también puede ganar batallas afirma Christian Carion Hoy se estrena Feliz Navidad la nueva película del cineasta francés sobre un brote de fraternidad y buena voluntad entre las tropas francesas, alemanas e inglesas en la Primera Guerra Mundial JAVIER CORTIJO MADRID. Ésta es una de esas historias que, si no tuviera los galones de basada en un hecho real prendidos en la pechera, perdería muchos enteros. Pero, por suerte, los tiene. Y bien relucientes. Y es que cuentan las crónicas bélicas que en la Primera Guerra Mundial, quizá por ser la novata se produjeron actos de fraternidad y concordia tales como los miles de abetos navideños que el kaiser Guillermo II envió a las trincheras o el buen rollo que se apoderó de las tropas de ambos bandos en la Semana Santa de 1915. Pero ninguno como el que detalló Yves Buffetatut en el capítulo La increíble Navidad de 1914 de su libro Las batallas de Flandes y de Artois donde hablaba de una Nochebuena con villancicos afinados, partido de fútbol, misa, árboles y champán de garrafón entre franceses, alemanes y británicos. Un relato que enamoró a Christian Carion La chica de París la primera vez que cayó en sus manos allá por 1993 y que, ahora, por fin es llevado a la gran pantalla: Me encantó principalmente que ocurriera en fechas navideñas, lo cual le da un aire ingenuo, puro y hasta infantil a la historia, como si los soldados se convirtieran en niños y las armas fueran de juguete. De hecho, a veces me recordaba el clima que se respira en el jardín de infancia de mis hijos declara el cineasta. Sin embargo, que nadie se tema la frivolidad ni los gallifantes, porque la guerra es la guerra y no un juego de niños, incluso cuando hay villancicos de por medio: No siempre la música amansa a las fieras. ¿Recuerda a Woody Allen cuando decía que escuchando a Wagner le daban ganas de invadir Polonia? De todas formas, esta historia demuestra que, en ocasiones, el arte también puede ganar batallas Lástima que no todos se contagiaran del espíritu de conga universal del filme, ya que, para las autoridades francesas de la época (e incluso de ahora) tales confraternizaciones eran más bien muestra de cobardía y poco ardor guerrero: Curiosamente, con los políticos no tuvimos problemas, pero sí con el ejército, que hasta quemaron documentos y fotografías que mostraban a tales rebeldes. Así que, como no nos dejaron rodar en Francia, tuvimos que hacerlo en Rumanía recuerda Carion. Rodaje rumano, director galo, actores alemanes (Diane Krüeger y Daniel Brül) escoceses (Gary Lewis) franceses (Michael Serrault) Una unión europea de bolsillo en la que Carion se movía como Pedro por su casa: Estab El filme trata Ojalá fuera cierto Cruzadas y más encrucijadas EE. UU. 90 minutos. Director: Mark Waters Intérpretes: Reese Whiterspoon, Mark Ruffalo J. C. Una escena de Feliz Navidad la película de Christian Carion ba encantado de dirigir a gente tan diversa, porque así se mantenía el espíritu original del relato sin caer en una especie de euro- puzzle en el que a veces caen algunas coproducciones, y eso que éste es un excelente camino a seguir por el cine europeo Una senda que, además, pretende prolongarse al otro lado del océano, ya que el filme está seleccionado por Francia para optar a los Oscar, después de que el año pasado Los chicos del coro se quedara a las puertas por culpa de Mar adentro Me dolió como patriota, pero hay que reconocer que ABC Amenábar se lo merecía. Pero no debo lanzar las campanas al vuelo: hay que luchar con otras cincuenta para entrar en el quinteto elegido. Al menos, contamos con una historia contada desde el corazón y que te hace sentir mejor persona. ¿Sabe que una anciana me dijo que, después de verla, era mucho más amable con sus vecinos? recuerda el cineasta con sonrisa de Jean Renoir. Y concluye con un lamento: La quiero proyectar a las tropas inglesas en Irak, pero el productor no me deja por miedo al pirateo Esto es la guerra, ya se sabe. l siempre maquiavélico Woody Allen imaginó, en Edipo reprimido al titánico y abracadabrante espectro de su madre abochornándole en plena calle, acompañado por su mejor amiga, doscientos años entre ambas, y creciditas por acabar de ver Cats en Broadway. Más peligrosa visión, que diría Harlan Ellison, es la que urde Mark Waters Chicas malas Ponte en mi lugar en este filme, donde la aparecida es la propietaria de un coqueto apartamento que acusa de okupa al pobre hombre, viudo para más inri, que lo habita pagando religiosamente el alquiler. Un problema que en la vida real no resolvería ni el suplemento Inmobiliario de aquí al lado, pero que en el cine se solventa tan ricamente por la calle de en medio: comedia romántica habemus. Desde luego, el desenlace glucoso se adivina a la legua, pero al menos el director tiene el detalle de adornar el trayecto con una serie de giroscopios, hipos, gags y personajes (ese librero- médium parece el primo de Napoleon Dynamite que ayudan a pasar el trago de cóctel San Francisco. La siempre fetén Whiterspoon (incluso enjuta y con el mismo vestido) y el introspectivo (pese al apellido) Ruffalo, también entonan lo suyo. Y si no se molestan en recordar El fantasma y la señora Muir o Jennie Waters tampoco nos sugiere Ghost Quid pro cuo. Pues eso. E Feliz Navidad ¡Ah, qué guerra tan bonita! Francia- Alemania, 110 minutos Director: Christian Carion Intérpretes: Diane Krüger, Natalie Dessay JAVIER CORTIJO U na de Trivial, quesito fucsia: ¿qué película, perdón, obra maestra, censuró el mariscal Petain porque sus escenas de confraternización entre enemigos podían herir la sensibilidad de los valientes soldados? Efectivamente, listillo: La gran ilusión como recordaba el mismísimo Renoir en el reestreno allá por 1950 (por aquel entonces no había director s cut cuando por fin le dejaron probar que los alemanes aún no eran nazis sino seres humanos como explicaba con su socarronería provenzal y parisina. No es de extrañar que a Christian Carion esta frase y esta artillería pesada se le quedasen grabadas a fuego a la hora de rodar su segunda película. Porque Feliz Navidad salvando las distancias, intenta resucitar ese espíritu de fraternidad (con la igualdad y libertad pisándole los talones) que en estas entrañables fechas se apodera de casi todos los seres humanos, militares y teutones incluidos. El argumento es, efectivamente, una anécdota que en otras manos calenturientas y sentimentaloides se derretiría como la nieve tercermundista. Pero a Carion se le notan las ganas y la afición de rodar una película que, efectivamente, te hace salir del cine mejor persona (justo el efecto contrario que las novelas de su paisano Michel Houellebecq, aunque éste igual es más raelita que otra cosa) Así, construye una trinchera de personajes y paisanajes tan poco arquetípicos que, por ejemplo, un cura escocés parece un recluta italiano, un oficial alemán tiene el pálpito humano, demasiado humano, de una corista francesa, y un soldado francés posee el complejo paternofilial de un chaval inglés (menos pan sin sal que el nuevo Oliver Twist si puede ser) Hasta el gato con doble nacionalidad es más dócil que un perro faldero. Todo, principalmente el gran elenco (incluso el pétreo Benno Fürmann) rebosa humanidad y buenos sentimientos, pero también desesperación, anemia de cariño y un humor famélico pero generoso que harían sentarlo en nuestra mesa, como el Plácido de Berlanga. Seguramente un Scrooge beligerante haría trizas este producto más o menos prefabricado para tocar la fibra navideña, pero nadie negará una simpatía por el débil parecida a ese anuncio de los socios republicano y franquista del Atlético de Madrid haciendo migas en plena Guerra Civil. Y es que los buenos estribillos Noche de paz o La marsellesa y los malos equipos unen mucho.