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58 Espectáculos VIERNES 2 12 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Hoy se estrena OIiver Twist que supone el regreso de Roman Polanski tras el éxito de El pianista Lo hace con un filme muy personal, realizado a su medida y a la de sus hijos Oliver Twist y Polanski, dos personajes de Dickens TEXTO E. RODRÍGUEZ MARCHANTE oman Polanski siempre ha sido un hombre polémico. También un cineasta polémico, pero no en grados tan extremos. Su cine es en ocasiones provocador Luna de hiel Repulsión La semilla del diablo Qué? mientras que él lo es siempre y es allí, en su propia persona, en dónde está la esencia de su desafío, su rebelde irritabilidad, su lado oscuro... Cualquier cosa que haga Roman Polanski deberá ser advertido con la ya típica imagen de la trama de una alfombra: por un lado, perfecta, coloreada, tramada al detalle y con gusto... mientras que debajo habita una amalgama de hilos y una masa imprevista de colores y texturas. En toda película de Polanski hay que buscarle, pues, su reverso: existe y está ahí disimulado y embarullado para darle sentido a lo que vemos. ¿Qué vemos? Pues vemos una adaptación peculiar de la obra de Charles Dickens, en la que se ha puesto el R foco en sus personajes principales y en sus situaciones inequívocas para construir una historia, la misma (el niño huérfano, sus circunstancias dramáticas, sus avatares y tropezones causados por la gente vil que lo rodea) pero de la que han desaparecido los pequeños detalles, rasgos, gestos, hilos entre los personajes, alusiones y relaciones del pasado... cosas que evitan una parte importante de la cuota melodramática. Digamos que Polanski cuenta, claro, la triste historia del huerfanito Oliver Twist sin toda la capa de grasa melo que envuelve el original, y que la mantuvo espumosa la versión de David Lean. Llegados a este punto, la pregunta sería: ¿Cómo alguien tan punzante como Polanski prefiere suavizar lo que tieneN de terrible e inhumano ciertos pasajes del cuento? Y mi impresión es que justo ahí está la gran provocación de Polanski y de su Oliver Twist Doble provocación: rodarla en EXPERIENCIA AUTOBIOGRÁFICA La historia que retrata Dickens bien podía haber bebido de la experiencia personal del propio cineasta. Hijo de padres polacos, Roman Polanski nació en París el 18 de agosto de 1933. Cuando tenía tres años su familia se trasladó a Cracovia. En 1941, su padre fue deportado al campo de exterminio de Mathausen y su madre a Auschwitz, de donde nunca regresó. Polanski fue acogido por diversas familias polacas. Tras la guerra, el cineasta pudo reunirse con su padre, que más tarde volvería a contraer matrimonio. Cuanto tenía 14 años, Polanski se inició en la interpretación, trabajando tanto en teatro, como en radio o en el cine. En 1955, sería aceptado en el curso de dirección de la escuela de cine Lodz, donde realizó varios cortometrajes. Su primer éxito, y primera nominación al Óscar- -como mejor película extranjera- llegaría en 1962 con su primer largometraje, El cuchillo en el agua Su primer filme en inglés, Repulsión (1965) ganador del Oso de Plata en Berlín, lo consagraría como director. Praga y sacar de allí un Londres impecable en su clima y en su bruma, y desdramatizar (sin enajenar, ni arrebatarle su esencia) una de las cumbres del melodrama infantil. ¿Con qué intención ha lavado Polanski este Oliver Twist Pues, si nos detenemos un instante a pensar en los motivos que lo impulsaron a rodar esta película, quizá tengamos la clave: La hizo, dice, para sus hijos. Polanski les construye a sus hijos un cuento más mullido, más confortable, sin profundizar en los hilos del pasado y las relaciones familiares que persiguen y acosan al huérfano... sin esa invitación tremenda al desconsuelo de la novela de Dickens, sin tanto exigirle sus lágrimas a los jóvenes espectadores. En resumen: les ha contado el cuento a sus hijos para que lo disfruten, y no para romperles el corazón. Y como es Polanski, eso es exactamente lo que consigue: un Oliver Twist impecable formalmente, construido con una gran solidez de la puesta en escena (similar, en ese sentido a la monumentalidad de El pianista mezclando eso tan difícil del barro de la época con la vistosidad y lustre del vestuario y la iluminación; o sea, parecer real sin acercarse ni de lejos a la cochambre exigida por la época, a la cual retrata al fondo en toda su estrechez moral, su miseria estética y sus carencias sociales. Este lado de la alfombra está, sin duda, perfectamente hilvanado. Las múltiples adaptaciones cinematográficas de Oliver Twist nos advierten de que la elección del niño protagonista es importante, pero no crucial: crucial es la elección de los tres o cuatro personajes que lo acosan, y especialmente el del viejo avaro Fagin, que aquí interpreta con total ambigüedad Ben Kingsley (el personaje es ambiguo, tiene capas de maldad pura superpuestas con otras de cierto atisbo de sensibilidad) Es crucial también el personaje de Artful Dodger (Harry Eden) el pícaro chiquillo que lo introduce en los ambientes de rateros y mangantes. Y crucial para que se alterne el género dramático con el de terror es el personaje más zafio y brutal, el llamado Bill Sykes, que interpreta Jamie Foreman... Ellos amparan y sostienen el armazón del melodrama, mientras que el que lo padece es Oliver Twist, aquí interpretado por el niño Barney Clark, quien ofrece el aspecto idóneo del atento, educado y algo insufrible niño huérfano con gran corazón. Y ese asunto parece haberlo entendido muy bien Polanski, pues el peso de su película está repartido de ese modo: los personajes que encarnan el mal están construidos e interpretados con más y mejor andamiaje, y hasta el guión les proporcioLa elección na el aire suficiente del niño pro- para que muestren totagonista en da la gama al compleesta historia to de sentimientos rizados, desde la infaes importan- mia hasta la pena, la te, pero no aflicción, el arrepentimiento, la penitencia crucial y la contrición. Como es lógico, toda esa gama de posibilidades es mucho más lucida para un actor que la de ser simple protagonista, o sea, padecer los reveses de la trama. El niño Barney Clark es tan Oliver Twist como lo era