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ABC VIERNES 2 12 2005 53 Un congreso analiza en París la historia y evolución de la imagen internacional de España Es lo mejor que me ha pasado en la vida literaria declara el escritor Estaba dormido cuando sonó el teléfono y pensé que era una broma la noticia en su domicilio de la localidad veracruzana de Xalapa, de labios de la ministra española de Cultura, Carmen Calvo. Fue una sorpresa ABC CIUDAD DE MÉXICO. Su primera reacción fue de sorpresa: Estaba dormido cuando sonó el teléfono y creí que se trataba de una broma de alguna amiga. Pensaba que no tenía ninguna posibilidad, al tener como rivales a Benedetti, Bryce Echenique o Marsé. Saber que me habían concedido el Premio Cervantes al principio me perturbó, pero después me ha dado una felicidad inmensa. Estoy verdaderamente emocionado, es lo mejor que me ha pasado en la vida literaria. Estoy muy feliz b Sergio Pitol recibió ayer EXPLORADOR BLAS MATAMORO El escritor, nacido en Puebla, considera que éste es el mayor premio de la lengua castellana, y su mismo nombre, Cervantes, ya lo cubre de grandeza Para el autor de El arte de la fuga el creador del Quijote es la gran figura de las letras, un lugar común: es la figura más importante desde el Renacimiento, no sólo de las letras españolas, sino que es una figura universal, como Shakespeare; figuras que hoy pueden no sólo leerse, sino que todavía dan alas a los nuevos escritores Como el hidalgo manchego, Pitol reconoce haber tenido una vida muy aventurera: de niño estuve muy enfermo, y después lo único que quise fue viajar y tener muchas aventuras En un reciente entrevista, Pitol confesaba que lo central de mi narrativa, el placer de narrar para mí, se encuentra, generalmente, en contar historias. Con- tar historias es también contar aventuras, aunque sean aventuras cotidianas. Aunque no hay aventura en el presente. Casi siempre, los personajes de mis cuentos, muchos de ellos, hacen reflexiones sobre momentos del pasado, sobre un momento en el que sucedió algo. Gran parte de mi producción, sobre todo en los últimos quince años, ha tomado un carácter de obra celebratoria de la vida, de la amistad, de la cultura. Yo he vivido en muchos lugares durante muchos años y conocer un lugar sin amigos es imposible, no se puede llegar al fondo. Mi vida y mi obra están estrechamente ligadas. En todo este tiempo fui editor, dirigí varias colecciones, hice traducciones del inglés, del polaco y del ruso, y ejercí como maestro enseñando literatura hispanoamericana en Inglaterra. Creo que fue la época más importante de mi formación odo escritor es universal y ninguno escapa a su lugar en el universo. Si de situarlo se tratara, Sergio Pitol no podría ser sino hispanoamericano. Para ello olvidémonos de selvas intrincadas, mágicos realismos y conjuros telúricos. Pensemos en una Hispanomérica portuaria- -Veracruz, digamos- o sea: punto de partida y punto de llegada. Una Hispanoamérica cuyas referencias a la cultura occidental están lejos y son objeto de una intensa codicia. En este entramado, Pitol es un hispanoamericano cosmopolita y con cierto regusto enciclopédico. Un hispanoamericano de la tradición de Alfonso Reyes, Octavio Paz y Jorge Luis Borges, por no entrar en ningún inventario. Su fascinación por las literaturas eslavas, por la demoniaca caldera cultural de la Mittleeuropa y por la traducción como algo vocacional en todo escritror auténtico, así lo prueban. América fue una creación de viajeros. Por ello, el viaje es un destino histórico de los escritores hispanoamericanos. En el caso de México, en buena parte debido a una política cultural fuerte de su Estado, el viaje instructivo supone siempre un retorno al lugar de arraigo. Digamos de nuevo, en el caso de Pitol, Veracruz. En otras latitudes, el viaje ha cobrado los perfiles dramáticos de la expulsión y el exilio. Si se tratatara de metaforizar, acaso ningún escritor dejaría de ser un expulsado de paraísos perdidos y un exilado de patrias imaginarias. Pitol tiene, más bien, el perfil de un explorador. Sus viajes nunca comprenden un retorno con las manos vacías. Si de grandes ejemplos se trata, cabe pensar en los errabundos personajes de uno de sus maestros favoritos, Joseph Conrad. Pero hay otro viaje en el universo de Pitol: es el que va por dentro del propio viajero. Aquí la apelación es a otro maestro de su preferencia: Henry James. Esta duplicidad de sus itinerarios puede ser una definición de su literatura. Nadie sale a recorrer el mundo si no imagina su intimidad como un mundo. En otro orden, su oscilación entre el castellano y las lenguas eslavas, su voracidad de lector políglota, también traza una suerte de duplicidad, como si su mundo tuviera, efectivamente, los dos hemisferios del mundo. Esta expriencia mundana ha sido recogida en las novelas de Pitol con una doble y contradictoria cualidad: hacer grotesca la elegancia de una sociedad y hacer elegante sus aspectos más grotescos. T Sergio Pitol, en su última visita a Madrid, en septiembre pasado, cuando presentó sus memorias: El mago de Viena SIGEFREDO