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6 Opinión VIERNES 2 12 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA FERNANDO FERNÁNDEZ MÉNDEZ DE ANDÉS UNIVERSIDAD ANTONIO DE NEBRIJA LA MÚSICA Y EL INSTRUMENTO E N los clubes europeos en que se cuece el negocio de la comunicación, a los que, salvo tres o cuatro grandes empresas españolas, no tienen acceso los conventillos noticiosos que aquí son tan frecuentes, se habla con especial intensidad de la sociedad creada en Francia, a partes iguales, entre la primera empresa privada de televisión, la privatizada TF 1, y France Televisión, el equivalente galo a TVE, para alumbrar la Chaîne Française d Information Internationale. Digamos, para entendernos, que se trata de poner en pie, con orgullo francófono, una oferta de noticias continuas equivalente a la norteamericana privada CNN o a la británica pública BBC. M. MARTÍN Aparte de reseñar tan FERRAND singular fenómeno de alianza entre una empresa pública y otra privada- -el presupuesto, que es modesto, lo cubre el Estado- -conviene destacar, primero para nuestro orgullo y después para nuestra vergüenza operativa, que aquí, en España, TVE dispone de un canal internacional ya veterano de programación elástica e imprecisa, información torpe y escasa y espectáculos rancios y caducos: un cajón de sastre que, sin espectadores, sólo sirve para el sonrojo de los españoles viajeros que la sintonizan en los hoteles de sus escalas internacionales. Esta TVE Internacional, para que las cosas queden claras, es cien veces peor y muchísimo más incoherente que cualquiera de los dos más frecuentados canales del Ente, que nos cuestan un congo y cuya única notoriedad es la de haber inventado los telediarios sin noticias. Los franceses deciden ahora poner en marcha lo que aquí ya es viejo, pero se puede apostar que antes de un par de años esa CFII habrá encontrado su lugar en el mundo, como lo tienen CNN y BBC, e incluso la más modesta Al Yazira, con un presupuesto- -en el entorno de los 60 millones de euros- -mucho más modesto que el español. Mucha grandilocuencia a la hora de hablar de lo español y poca chicha en el guiso que, como hermana mayor, España debiera preparar para el resto de la familia. En España, especialmente en los medios de comunicación, tan alterados por la competencia desleal del Estado, tiende a confundirse el instrumento con la música. Una cosa es un violín, y otra muy distinta el Concierto para violín, op. 61 que estoy escuchando mientras escribo estas líneas. Tampoco el concierto es el mismo interpretado por la Filarmónica de Berlín y Yehudi Menuhin, bajo la batuta de Furtwängler, que- -un suponer- -tarareado por Carmen Caffarel. La discutible existencia de medios audiovisuales públicos, un debate que rechazan los políticos europeos, sólo puede ser justificada por el buen uso, no sólo político, del instrumento. En caso contrario, como el de nuestra TVE Internacional, el efecto que se alcanza es el contrario del que se pretende y sólo sirve para el desprestigio de la nación. TIBIOS Y PIRÓMANOS Ante la manifestación del próximo sábado, el autor considera que un partido que aspira a representar y liderar el centro derecha español no puede ceder a comprensibles tentaciones emocionales. Es humano que quieran darse un baño de multitudes. Pero no es inteligente A situación política, lejos de tranquilizarse, se agria a cada nueva oportunidad. Queda mucho tiempo para unas nuevas elecciones, pero vivimos al filo de la navaja. El Gobierno acusa las últimas encuestas, pierde los nervios y enuncia el prietas las filas, que no se mueva nadie Sólo así se puede explicar que un hombre normalmente tan ecuánime y ponderado como el vicepresidente económico se lance en público no a criticar al gobernador del Banco de España, lo que sería legítimo y hasta interesante intercambio dialéctico en una economía madura, sino a silenciar a la institución, recordándole que no es independiente. Tantos años predicando la autonomía de la autoridad monetaria, para descubrir que sólo es aplicable a aquellas competencias que ya no ejerce porque han sido trasladadas a Fráncfort; que en todo lo sustancial es un mero apéndice del gobierno al que debe lealtad y sumisión. No sé con qué cara criticaremos ahora al gobernador del Banco de Italia. El Estatuto catalán lo contamina todo. Ha convertido la política en una escena de cama en la que estás conmigo o contra mí, o adúltero o virgen. Víctimas colaterales de esa actitud, están cayendo las instituciones una tras otra. En lo que me atañe como economista, ya han perecido casi todos los organismos reguladores, puestos, como en los mejores tiempos, al servicio de la causa, de la nobleza de nuestras intenciones y la superioridad moral de nuestros principios. Así han caído el Banco de España, la CNMV, la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, la de la Energía y el Tribunal de Defensa de la Competencia. Y hasta el Instituto L Nacional de Estadística. Cada día nos parecemos más a Italia. Y tiramos por la borda veinticinco años de hacer las cosasbien. Todo por una buena causa, la de reescribir la Historia y acabar con la nefasta Transición. En lo que me atañe como universitario, ha caído el proceso de convergencia europea, hemos empezado la casa por la ventana y vamos a poner en marcha unos posgrados oficiales sin saber no ya cuáles serán los títulos de grado a los que van a complementar, sino sus directrices, ni siquiera su duración en años académicos. Un auténtico despropósito que sólo se justifica por la necesidad de correr hacia ninguna parte para poder modificar lo anterior sin meterse en demasiados líos. Una vez más, como con la Ley de Educación, o con el lugar de la Iglesia católica en la sociedad española, hay que acabar con esa nefasta manía de la Transición de escribir las reglas de juego por consenso. El Gobierno no está solo en su esfuerzo. Por mucho que a él le competa una especial responsabilidad como hacedor último de laagenda política. Porque a pesar de laque está cayendo, en términos meteorológicos, el Partido Popular le ha cogido gusto a la calle y ya nos convoca a una nueva concentración el día 3 de diciembre. Una concentración innecesaria, por prematura y manipulable. Es prematura porque ya sabemos que el Estatuto catalán no va ser aprobado nunca en su redacción actual, pero desconocemos los cambios a aplicar. Podemos desconfiar de que sea posible modificarlo hasta hacerlo sensato, lo que es más difícil que hacerlo constitu-