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ABC VIERNES 2 12 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC EL COMPROMISO ESTADOUNIDENSE POR BILL CLINTON EX PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS La trayectoria de Bosnia en los diez años transcurridos desde Dayton nos recuerda una simple verdad: cualquiera que dé comienzo a una iniciativa de amplias dimensiones habrá abandonado su cargo antes de que Estados Unidos haya concluido su trabajo... H ACE diez años, en la base aérea de WrightPatterson, en las afueras de Dayton, Ohio, los líderes que habían librado una guerra brutal durante cuatro años en Bosnia- -en el centro de una región volátil que había desencadenado dos guerras mundiales- -acordaron por fin la paz. Dieron este paso trascendental sólo después de una intensa presión internacional tanto militar como diplomática, dirigida por Estados Unidos. En aquel momento, casi todo el mundo preveía que el Acuerdo de Paz de Dayton sería un fracaso. Para aplicar el acuerdo, envié a 20.000 soldados estadounidenses a Bosnia, como parte de un contingente de paz de la OTAN de 60.000 efectivos, porque era la única manera de garantizar que el Acuerdo de Dayton fuera algo más que palabras sobre un papel. Durante tres inviernos, la población de Sarajevo había sido una inspiración para todos nosotros, por su coraje frente a los francotiradores, el hambre y el frío glacial. Después del genocidio de 1995, cuando más de 7.000 personas fueron asesinadas en Srebrenica, estaba claro que sólo la OTAN, con el liderazgo de Estados Unidos, podía garantizar la paz. en Kosovo sentaron las bases de un Estado multiétnico, que ha vivido en paz con sus vecinos durante una década. Desencadenó los sucesos que llevaron a la detención y juicio del dictador Slobodan Milosevic en La Haya por crímenes de guerra. Lamentablemente, sigue sin haberse realizado un importante cometido de los acordados en Dayton. Aunque este año las autoridades de la república serbia de Bosnia- Herzegovina hayan colaborado en el traslado de una docena de criminales de guerra procesados al Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra, con esto no es suficiente. Las autoridades de la República Srpska, junto con las de Serbia y Montenegro, deben seguir poniendo de su parte para cerrar este capítulo de la historia. Sin el arresto y el traslado de todos los criminales de guerra procesados, especialmente de Radovan Karadzic y Ratko Mladic, no se habrá hecho justicia y los Balcanes no podrán dejar atrás su pasado. Aun así, una gran mayoría del pueblo estadounidense se opuso a mi decisión. Algunos preveían muchas víctimas; otros temían un nuevo ciclo de guerra, con Bosnia partida por la mitad y una necesidad perpetua de nuestras tropas. Un día antes de la fecha de entrada en vigor del Acuerdo de Dayton, la Cámara de Representantes votó tres a uno contra el despliegue de tropas estadounidenses en Bosnia. A pesar de esta oposición, me parecía que Estados Unidos debía actuar para detener las atrocidades e intentar llevar paz y estabilidad a la región. Diez años más tarde, el pueblo bosnio ha revalidado a quienes estuvieron junto a ellos entonces. Dayton puso fin a la guerra. No se reiniciará. La región es ahora estable y pacífica, y las brutales matanzas son sólo un recuerdo, aunque doloroso para las muchas familias que perdieron a sus seres queridos. En estos diez años no ha habido ninguna baja estadounidense o de la OTAN producto de acciones enemigas, y las tropas se han reducido hasta situarse en unos 7.000 soldados en total, de los que menos de 200 son estadounidenses. Bosnia es un solo país. Tiene dos entidades diferenciadas, una serbia y una Federación croata- musulmana, pero se puede circular libremente a través de la línea fronteriza, y no hay soldados ni controles a lo largo de esa línea. El país cuenta con una sola moneda y una sola economía. Bosnia tenía a más de 400.000 ciudadanos en armas en 1995; hoy tiene menos de 10.000. Algo menos de la mitad de los desplazados han regresado, muchos de ellos a zonas donde constituyen una minoría. Casi nadie se atrevía a predecir semejantes éxitos hace una década. Está claro que Dayton no trajo una paz perfecta. Es difícil imaginar algo así. Pero logró objetivos de seguridad nacional vitales. Puso fin a la peor guerra europea en medio siglo, que amenazaba la pacífica integración de Europa después de la Guerra Fría. El acuerdo de paz y los acontecimientos posteriores A todos los que tuvimos el privilegio de dirigir la política exterior estadounidense, la trayectoria de Bosnia en los diez años transcurridos desde Dayton nos recuerda una simple verdad: cualquiera que dé comienzo a una iniciativa de amplias dimensiones habrá abandonado su cargo antes de que Estados Unidos haya concluido su trabajo. El progreso lleva su tiempo, y la velocidad es con frecuencia enemiga del progreso. Por lo tanto, no podemos emprender una iniciativa sin estar preparados para pasársela al siguiente, construyendo apoyos multipartidistas dentro de nuestro país, y encontrando socios internacionales que asuman la labor cuando Estados Unidos esté ocupado en nuevos retos. Con este objetivo, mi Gobierno construyó su política en torno a conseguir el apoyo de nuestros aliados e incrementar la ayuda internacional con el tiempo. Durante siglos, los imperios chocaron en Bosnia y sus alrededores. En la actualidad, Bosnia y sus vecinos están en camino de convertirse en parte de una Europa completa y libre, algo que todos los presidentes estadounidenses desde Harry Truman han deseado. Esto no podría haber sucedido si Estados Unidos no hubiera mantenido su alianza con Europa durante el difícil proceso de construir la paz. Y hoy todos los vecinos de Bosnia no estarían en el umbral de una nueva prosperidad si Bosnia y sus ciudadanos no hubieran trabajado duramente para convertir el Acuerdo de Dayton en un éxito. Actualmente, Estados Unidos está mostrando de nuevo su liderazgo en la región. Cuando la secretaria de Estado Condoleezza Rice y el subsecretario Nicholas Burns invitaron a los líderes de Bosnia a Washington para conmemorar el décimo aniversario de Dayton, no se trataba sólo de una ceremonia, sino que fue un paso importante para mejorar el acuerdo. Les felicito por su acuerdo de adoptar reformas constitucionales significativas; todos los involucrados en la iniciativa original creemos en el compromiso sostenido por parte de Estados Unidos para mejorar ese esfuerzo. Después de centrarnos esta semana en Bosnia, tengo esperanzas en la labor aún más abrumadora que tienen por delante los negociadores de los Balcanes: resolver el estatus definitivo de Kosovo. El largo retraso y la intensificación de las tensiones dificultarán las negociaciones, pero éstas han de seguir adelante con la firme participación estadounidense. Mirándolo retrospectivamente, está claro que Estados Unidos y sus aliados europeos deberían haber actuado antes en Bosnia. Pero cuando Estados Unidos actuó, con bombardeos seguidos de la iniciativa diplomática que culminó en Dayton, su contribución fue decisiva. Aunque ningún soldado estadounidense ha sido asesinado o herido, nuestra implicación ha costado la vida de tres de nuestros mejores diplomáticos. Robert Frasure, Joseph Kruzel y Nelson Drew fallecieron durante los primeros intentos del equipo negociador de llegar a Sarajevo por la peligrosa y disputada carretera del Monte Igman el 19 de agosto de 1995. Cuando me reuní con sus familias y con los únicos supervivientes del equipo negociador original- -Holbrooke y el general Wesley Clark- -en el Cementerio Nacional de Arlington unos días más tarde, pedí al reconstituido equipo negociador que regresara inmediatamente a la región para mostrar nuestro compromiso y nuestra firme decisión de poner fin a la guerra. Una semana después, los serbo- bosnios bombardearon con morteros el mercado de Sarajevo, y yo autoricé de inmediato una campaña de bombardeos seria y sostenida por parte de la OTAN, cosa que desempeñó una papel fundamental a la hora de hacer que las partes acudieran a Dayton. ¿Mereció la pena? Absolutamente. Aunque quede trabajo por hacer, los Acuerdos de Dayton trajeron una paz ansiada durante largo tiempo a una región volátil, donde las minorías étnicas ahora se sienten seguras y los niños juegan en las calles en las que solían esconderse de los francotiradores y de las balas de mortero. Y el sueño de una Europa unida, fuerte y en paz sigue vivo. THE WALL STREET JOURNAL 2005 Dow Jones Company, inc.