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68 Cultura JUEVES 1 12 2005 ABC Cuando licenciosa rima con deliciosa A finales del siglo XVIII, la novela gótica y la novela libertina fueron los primeros relatos con estructura narrativa actual, y nacieron como extensión de la literatura epistolar. Diarios y cartas que siguen un desarrollo cronológico son las obras de Richardson, Cleland, Lewis, Sterne, Bedford, Thackeray, y también del francés Pierre Ambroise François Choderlos de Laclos (1741- 1803) cuyas Liaisons Dangereuses (1782) fueron piedra de escándalo y enorme fenómeno de ventas en la Francia que había creado a los libertinos y pronto acabaría con la sofisticación del Antiguo Régimen a golpe de guillotina. Les Liaisons Dangereuses es una historia de amor, y como mandan los cánones, de amor desgraciado. Pero contraviniendo el sentimentalismo burgués, sus protagonistas no son virtuosos que conocen el infortunio, sino decadentes que, inopinadamente, encuentran la virtud o sucumben a ella. Toda la novela está plagada de juegos de palabras e ideas, chanzas y manipulaciones que testimonian la alegría de vivir y disfrutar de los placeres hedonistas, pero casi siempre a costa de la mordacidad, la ironía y la crueldad. Valmont es, con ello, uno de los primeros seductores de nuestra era, al que le salva su carácter, y no su bondad. Ante el Racionalismo del Siglo de las Luces, que auspiciaba una nueva presentación del mundo, Laclos enfrenta el dominio de la seducción, que anuncia una representación de la realidad. El tiempo ha jugado a favor de su paganismo: hoy admiramos en la novela su capacidad para descatalogarse de lo erótico y alzarse como un texto magistral de literatura licenciosa, indecorosa, que además de rimar con deliciosa combina con la nueva forma de narrar de nuestro tiempo, el cine, como ha demostrado la docena de adaptaciones que, hasta hoy, ha conocido. Ignacio Armada Glenn Close y John Malkovich en un fotograma de Las amistades peligrosas ABC Mañana, con ABC, la película Las amistades peligrosas de Stephen Frears, y la novela homónima de Choderlos de Laclos, por tan sólo 8,95 euros más Sensualidad inteligente TEXTO: GUZMÁN URRERO PEÑA Hay dos variedades en el cine de época. Las películas clasificables en la primera son melodramas de guardarropía, estilizados a conciencia. Las cintas de la segunda clase, en contraste, proyectan demandas actuales en la lejanía histórica. Las amistades peligrosas (1988) tienen muy buenas razones para encabezar este último capítulo. Si bien se mira, el juego decadente que ilustra el filme da la medida del París prerrevolucionario, pero también condensa la fragilidad sentimental de nuestros días. Y eso es lo que, sin duda, hace tan atractivo a este premiado largometraje. Hay una cualidad que el filme hereda del texto original: la capciosa ambigüedad. No en vano, la trama del libro permite incluirlo en dos catálogos adyacentes, el de las novelas libertinas y el de las ficciones edificantes. Lo prueba esta advertencia que leemos en sus páginas finales: ¡Quién no se estremecería pensando en las desgracias que pueda causar una sola amistad peligrosa! La burbujeante sensualidad de la pieza literaria tuvo su primera- -y fallida- -traducción audiovisual en Les liaisons dangereuses (1959) de Roger Vadim. Entre sus espectadores más incómodos se contaba el dramaturgo Christopher Hampton, quien años después ofreció una versión teatral de la novela a la Royal Shakespeare Company. Desde el West End londinense hasta Broadway, el montaje mereció toda suerte de elogios y consagró en 1985 a su protagonista, el formidable Alan Rickman. A partir del libreto de Hampton, el británico Stephen Frears diseñó la lujosa adaptación que ahora llega a nuestros lectores. Sin duda, la presencia del cineasta en el proyecto sugiere vínculos emocionales entre este y otros títulos que previamente realizó. Por ejemplo, recordemos la tortuosa relación desplegada en Ábrete de orejas (1987) el ánimo provocador de Sammy y Rosie se lo montan (1987) o el toque malicioso de Mi hermosa lavandería (1985) Ciertamente, es inevitable reconocer ese mismo filo en el dúo que forman la marquesa Isabelle de Merteuil (Glenn Close) y el Vizconde de Valmont (John Malkovich) dos víboras- -amistades peligrosas por vocación- -que se atraen con impredecible y neurótica sensualidad. ¿Y qué puede decirse de las víctimas que dan sentido a la vanidad de esta pareja? Sin miedo a exagerar, puede afirmarse que también provocan la derrota de ambos. Para el dionisíaco Valmont, seducir a la señora Marie de Tourvel (Michelle Pfeiffer) equivale a un mal de amores, y desflorar a Cécile de Volanges (Uma Thurman) le añade una condena por la que asimismo languidece Merteuil.