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ABC MARTES 29 11 2005 67 FIRMAS EN ABC BELÉN ROMANA DIRECTORA DEL DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA DEL CÍRCULO DE EMPRESARIOS COMPETITIVIDAD, EL GRAN RETO DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA El conocimiento y la innovación se han convertido en los instrumentos esenciales que pueden permitirnos seguir siendo competitivos en el futuro... A buena marcha de la economía española, cuyo crecimiento puede situarse este año por encima del 3 por ciento, sigue alimentando el optimismo de los consumidores y la consiguiente expansión de la demanda interna, impulsada además por los bajos tipos de interés. Paradójicamente, esta expansión acentúa la que se revela como la gran debilidad de nuestra economía: los problemas de competitividad. La competitividad se ha convertido en un término ubicuo en los estudios de coyuntura económica, aun cuando resulta un concepto esquivo. Tradicionalmente su análisis se circunscribía a los resultados del sector exterior de una economía- -balanza de pagos, cuotas de mercado, etc- Según esta interpretación, los problemas competitivos de la economía española son evidentes, pues su déficit por cuenta corriente está entre los mayores del mundo. España también muestra signos preocupantes si se aplica el enfoque ampliado que ha ido desarrollándose en los últimos años. Así, hoy se identifica competitividad con la capacidad para generar prosperidad de modo sostenido en el tiempo. En este caso, la pregunta relevante es si la economía española podrá mantener en el futuro su ritmo actual de crecimiento. El diagnóstico que el Círculo de Empresarios hace al respecto en el documento España ante el nuevo paradigma de la competitividad (Madrid, julio 2005) es claro: estamos ante un nuevo entor- L no al que es preciso adaptarse. La revolución tecnológica, la incorporación de China e India a los mercados mundiales, la internacionalización de éstos o la fragmentación de la cadena de valor de las empresas son algunos de los elementos que han alterado radicalmente la capacidad de competir de una economía como la nuestra. En efecto, la producción de bienes y servicios se está internacionalizando intensamente, abandonando la noción tradicional de la empresa como una unidad concentrada geográficamente. Los avances tecnológicos permiten que las empresas dispongan de posibilidades crecientes de fragmentar su cadena de valor en segmentos especializados y situar cada uno de ellos en aquella parte del mundo que mejores condiciones relativas ofrece. Este fenómeno de transnacionalización empresarial, que afecta al sector manufacturero y crecientemente a los servicios, y que no se circunscribe a las grandes empresas, imposibilita que nuestro país pueda seguir compitiendo sobre la base de los costes laborales. Muy al contrario: dados los bajos costes de producción de la Europa del Este y de los países asiáticos, el conocimiento y la innovación se han convertido en los instrumentos esenciales que pueden permitirnos seguir siendo competitivos en el futuro. No se trata de conceptos vacíos, sino de factores que alteran profundamente la forma de organizarse, producir y competir, posibilitando así que las empresas consideren a España como un lugar atractivo de localización de actividades con un elevado valor añadido. Sin embargo, nuestro país está insuficientemente dotado de ambos factores y, lo que es más grave, no parece que la sociedad española sea consciente de la magnitud del reto al que nos enfrentamos. Es preciso aceptar que los elementos que nos permitieron crecer en las últimas décadas ya no nos serán útiles en el futuro y que se requiere un cambio profundo en multitud de ámbitos de nuestra economía. Como ha sucedido varias veces en nuestra historia económica moderna, el sector exterior se configura como el factor determinante de dinamización de la economía española. En efecto, el problema es estructural y su resolución exige un gran esfuerzo colectivo. Así lo entiende el Círculo de Empresarios, cuya propuesta aboga por el cambio hacia un modelo construido sobre la innovación y el conocimiento, a semejanza de los países más desarrollados. La economía española debe adaptarse al nuevo entorno competitivo, aprovechando todas las ventajas que ofrecen los procesos integradores característicos de la globalización. Y las empresas están llamadas a ser las SANTIAGO TENA ESCRITOR LA GLORIA CON TODAS SUS CONSECUENCIAS O que yo quiero hacer creo que no es siempre lo mismo que lo desenfrenarque sería lo ideal, pero quiero me y actuar siempre por pura pasión, no tener nunca en cuenta nada, darme a ti como nunca me he dado, y obligarte a existir. Y lo que yo quisiera hacer es obligarte a existir siempre, y yo también quisiera ser quien soy siempre, y nunca tener du- L das, y no sé para qué caramba tiene que existir la ciencia con su duda metódica, cuando la duda lo único que hace es fastidiar, y aunque no me ha ido mal en la vida, a partir de hoy quiero dudar menos, y entregar el alma a lo que no hay más remedio que entregarla: a la vida con todas sus consecuencias, con todos sus fracasos, y estoy en racha de escribir, y gracias a Dios he vuelto a fumar definitivamente, y ya estoy consiguiendo tener paz, y francamente no merece la pena perder la paz por eso tan supuestamente importante que es dejar de fumar, y me encanta el esnobismo de no estar de acuerdo con el resto del mundo, y me alegro de corazón de que haya miles y miles de personas que me consideran raro, y este tío, y paso de él, y me da miedo, pero los que me conocen me quieren, y me veo ya en las bienaventuranzas ahora que he salido al mundo desde que he empezado a trabajar, y bienaventurados seréis cuando la gente os desprecie por mi causa, y qué contento estoy, soy mil veces más afortunado que los que me desprecian, y en su horrible desprecio son incapaces de atisbar la gloria que yo he visto, la gloria que yo soy. Toma ya. grandes protagonistas de ese cambio. Las empresas españolas deben integrar plenamente la estrategia de transnacionalización en sus estrategias de crecimiento, aceptando la dimensión internacional no sólo desde el punto de vista de mercados donde colocar la producción, sino como método de maximizar la eficiencia en sus procesos productivos. Además, la clave para el desarrollo de las empresas reside en su capacidad de innovar y, por ende, diferenciarse de sus competidores. No se trata únicamente de ser capaz de ofrecer nuevos servicios o productos, también ha de realizarse un esfuerzo innovador en los procesos productivos, la gestión y la organización de la empresa. Esta capacidad de innovar, que debe ser permanente dada la velocidad a la que se producen los cambios, sólo puede alcanzarse a través de la generación de conocimiento. Por tanto, es preciso que las empresas desarrollen o participen en redes de conocimiento, puesto que la capacidad de crear nuevos productos o procesos sólo puede realizarse de manera colectiva. Todo ello requiere que la sociedad española asuma la necesidad de abordar profundas reformas de carácter horizontal y estructural en ámbitos tan diversos como el mercado de trabajo o el sistema educativo. Así, además de continuar preservando la estabilidad macroeconómica, es necesario que los diferentes niveles de las Administraciones Públicas eviten que su actuación resulte en la proliferación de normas complejas y fragmentarias que elevan enormemente la carga regulatoria que pesa sobre la actividad económica en nuestro país. Además del coste de cumplimiento que ello implica, la multiplicidad de regulaciones pone en riesgo la unidad de mercado y, con ello, la eficiencia en su funcionamiento. Por otra parte, para que las empresas generen e incorporen innovación, ha de incrementarse su capacidad de adaptación a los cambios y mejorar su acceso al capital humano. Para ello es preciso, por un lado, introducir mayores dosis de flexibilidad en el mercado de trabajo y en la negociación colectiva, eliminando las trabas que dificultan la adopción de las estrategias organizativas más eficientes por parte de las empresas. Por otro lado, ha de mejorarse la formación de las personas en los distintos estadios de su vida (desde el colegio hasta la empresa) Es ésta una de las cuestiones más trascendentales para el futuro de nuestra competitividad: una mayor generación de capital humano. Además de una profunda reforma de nuestro sistema educativo, deben crearse las condiciones necesarias para la aparición de redes de conocimiento que incluyan agentes de muy distinta naturaleza (universidades, empresas, instituciones públicas, centros de pensamiento... En suma: nos enfrentamos a un reto colectivo para el que la sociedad debe prepararse. Sólo así podremos desenvolvernos con éxito en un marco económico internacional sometido a continuos cambios.