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ABC MARTES 29 11 2005 25 El juicio a Sadam vuelve a ser aplazado, esta vez una semana, tras nuevos desafíos del ex dictador iraquí El presidente Kirchner destituye a Lavagna como ministro de Economía de Argentina por razones internas Cava para todos en el almuerzo de Maragall BARCELONA. Los mandatarios asistentes a la Cumbre Euromediterránea celebrada en Barcelona brindaron ayer con cava en el almuerzo ofrecido por el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, y el alcalde de Barcelona, Joan Clos. La comida tuvo lugar en un hotel junto al Forum donde se realizó la Cumbre, y contó con algunos de los cocineros catalanes de mayor prestigio, que ofrecieron sus platos a un centenar de comensales, entre los que también figuraban ministros y embajadores, El primer plato consistió en una ensalada de perdiz, de Sergi Arola. Siguió un souquet de Sant Pere, que incluyó guiso de patatas y pescado, de Carles Gaig, y para postres, una pirámide de chocolate con interior de crema, elaborado por Xavier Canal. Una conversación mantenida por Rodríguez Zapatero con uno de sus asesores, aireada por un micrófono abierto y traicionero, desvela la preocupación de la delegación española: Hay que cerrar un acuerdo como sea, ¡vamos! Mare Nostrum, con el agua al cuello L. AYLLÓN J. CIERCO El Código prevé, entre otras cosas, un intercambio de información entre los Servicios de Seguridad de los países euromediterráneos sobre los terroristas y sus redes de apoyo, aunque con el matiz de que esa cooperación será voluntaria y que se hará de acuerdo no sólo con las leyes internacionales, sino también con las nacionales, lo cual puede limitar bastante la colaboración. En cualquier caso, Zapatero considera que se ha dado un gran paso y aseguró que como todas las sociedades, las árabes quieren democracia, estado de derecho y reglas que permitan economías libres, privadas y transparentes Por ello, piensa que Europa está obligada a actuar en favor de la paz y la democracia. El otro documento sobre el que sí hubo acuerdo fue la adopción de un Plan de Acción para cinco años en el que se incluyen, junto con los tradicionales aspectos políticos, económicos y socioculturales presentes en el Proceso de Barcelona, medidas tendentes a tratar el problema de las migraciones. BARCELONA. El listón, muy alto. Los objetivos, demasiado ambiciosos. Las perspectivas a primera hora de la mañana, pesimistas. El nerviosismo, la inquietud, en La Moncloa, en Santa Cruz, en el Fórum de la capital mediterránea, evidentes... Y el maldito micrófono, tan traicionero ayer en Barcelona como en anteriores ocasiones en el reciente pasado político y diplomático español, abierto. Como cuando José Bono llamó gilipollas a Tony Blair. Los anfitriones de la Cumbre Euromediterránea, españoles y británicos, no habían dormido en toda la noche en busca de un compromiso, aunque fuera de mínimos, que evitara el fracaso de una cita ya de por sí devaluada por el plantón de los jefes de Estado árabes. Cierto es que estaban varios primeros ministros de la orilla sur del Mediterráneo, pero no lo es menos que la figura del jefe de Gobierno en esos países apenas despierta interés y emana una escasa autoridad, dado el poder cuasi absoluto de los presidentes y reyes respectivos. La posibilidad de un acuerdo de última hora, que permitiera salvar la cara a quienes la tenían ya marcada, asomaba entre bastidores, con los diplomáticos y asesores saltando de oficina en oficina en la planta noble y revuelta del Centro de Convenciones. Esfuerzos notables, encabezados por Jack Straw y, sobre todo, por Miguel Ángel Moratinos, este último acuciado por la presión que desde las más altas instancias le llegaba para que lograra un acuerdo a cualquier precio. Mientras, el secretario de Estado, Bernardino León, se entrevistaba a las tres de la madrugada con el único líder árabe presente, el palestino Mahmud Abbas. Con guiños de complicidad ignorados por los representantes israelíes; con intercambios de textos y contratextos, de propuestas y con- Micrófonos indiscretos Un descuido en el servicio de sonido hizo que los micrófonos instalados en la sala del plenario de la cumbre captaran una conversación entre Rodríguez Zapatero y el director del área internacional de su gabinete, Carles Casajoana, en la ambos que se hacían eco de las dificultades para lograr un acuerdo. Este fue el diálogo: Carles Casajoana: Lo que teníamos que buscar es un momento para que te entrevistaras con algún palestino, Abu Mazen y algún otro más si quieres. Si no, vas a estar aquí cuatro horas, te vas a aburrir mucho Rodríguez Zapatero: Bueno, depende de lo que digan C. C: Los textos no van muy bien, estamos intentando cerrar algo trapropuestas, de borradores y correcciones sobre la marcha que siempre chocaban contra el muro hebreo y la intransigencia árabe. Más de lo mismo. Nada que no se hubiese padecido ya en cumbres similares anteriores. Nada que no sea el pan nuestro de cada día en la sede de las Naciones Unidas, por ejemplo. Nada que no haya vivido en carne y hueso, durante muchos años, el propio Moratinos, cuyo ímprobo esfuerzo fue elogiado ayer en la rueda de prensa posterior a la cumbre por Javier Solana. Sólo dos horas antes, Moratinos se había dejado la piel en una maratoniana ronda de contactos con árabes sueltos, con árabes reunidos, con israelíes y árabes por separado, hasta llegar a un compromiso que le permitiera respirar aliviado. Y no sólo a él, porque el objetivo a Z. P. Hay que cerrar un acuerdo como sea, ¡vamos! C. C. Igual te tengo que pedir que hagas una gestión con Tony Blair, los británicos están por tirar la toalla, casi se inclinan por una declaración presidencial. Estamos forcejeando ahí, lo que pasa es que los israelíes están intratables, no aceptan un texto desde hace seis meses y los otros (los árabes) están tan tranquilos porque les echan la culpa a los israelíes primera hora de la mañana se alejaba mucho de los fijados durante la preparación de la cumbre. Y a Zapatero, más que el aburrimiento, lo que le preocupaba era que había marea alta y el agua del Mediterráneo le llegaba al cuello, según se desprende de lo que reveló el micrófono indiscreto, que dejó también alguna que otra perla dirigida a británicos e israelíes. Después de confesiones tan íntimas (que fuentes oficiales árabes, británicas e israelíes se tomaron con ácido sentido del humor por eso del respeto forzado hacia el anfitrión) en el centro de prensa se aconsejaba a funcionarios de La Moncloa que, en las próximas citas de esta naturaleza, sentaran al lado del presidente del Gobierno o de ministros locuaces y poco dados a prestar atención a detalles audiovisuales a algún reputado técnico de sonido.