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6 Opinión MARTES 29 11 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA ARIANE ARPA DIRECTORA GENERAL DE INTERMÓN OXFAM LA POMPA DE JABÓN OSÉ Montilla, resabiado por cuenta propia y moroso por la ajena, es un incesante manantial de despropósitos. No defrauda nunca y si la actualidad se presenta pobre y escasa en novedades, ahí está él: como secretario general de un Partido Socialista virado al nacionalismo o, según convenga, como ministro de un Gobierno más apto para el ruido que para las nueces. En la gran dificultad de su propio papel, que no es liviano el peso de presentar a Pasqual Maragall como un hombre de Estado, Montilla es de respuesta rápida y no pierde la oportunidad de zaherir a sus adversarios con crueles pellizcos de monja. Así, sin despeinarse, el titular de IndusM. MARTÍN tria y poco industrioso FERRAND personaje ha dicho que el PP debe pedir perdón al pueblo catalán por decir que ETA tutela el nou Estatut. Es cierto que Ángel Acebes, todavía en el desconcierto de la memoria del 11- M, perseverante en las torpezas del 12 y el 13- M y no recuperado de los efectos del 14- M, ha hecho discurrir uno de sus análisis por ese camino. No dispongo de datos para refrendarle o negarle; pero, cuando se observa un panorama político y se ven los viajes a Perpiñán de quien puede ser considerado como principio activo del tripartito que gobierna en Cataluña, la conclusión de Acebes no es gratuita. ¿Tiene que pedir perdón a los catalanes por el mero hecho de pensar? ¿Quién, por otra parte, le ha dado a Montilla licencia de representación del pueblo catalán? Incluso Josep Piqué, el hombre que camina para conseguir el movimiento continuo en el tránsito político, coincide con Acebes y, bien sea para decir algo en un ámbito en el que no es mucho lo que tiene que decir o hasta es posible que por convicción, refuerza la tesis de Acebes: ETA como tutora del Estatuto de Cataluña. Si Cataluña es una nación, como reitera el Parlament, no lo será menos el País Vasco. Y aquí, en lo que respecta a las fuerzas centrífugas, no se trata de cerrar la definición de España para, sobre ella, construir una realidad económica, política y social, sino de mantenerla abierta a la espera del resquicio oportuno que, en bien del soberanismo, sirva para dinamitarla y dejarla hecha unos zorros. Lo que no entiendo es por qué al PP le irrita tanto el Estatut, siendo, como es, la pieza que acabará con el protagonismo de José Luis Rodríguez Zapatero. Si prospera y sale adelante en el Congreso- -algo poco probable en los términos que se pretenden- el papel del presidente del Gobierno, su impulsor, será contestado por todos los españoles no fervorosamente separatistas. Si fracasa, por cualquiera de los procedimientos posibles, ni los nacionalistas catalanes volverán a confiar en quien les indujo a la intentona. Pase lo que pase, sólo el PP será beneficiario, es un decir, de la circunstancia, y Zapatero, que es una pompa de jabón, hará puf por quiebra de su tensión superficial. J 2005: AÑO DE DESASTRES Y LECCIONES HUMANITARIAS Las catástrofes naturales ocurridas en el presente año llevan a la autora a analizar cuál es la capacidad real de respuesta de la comunidad internacional y cuáles son los fallos en las tareas de socorro, que- -asegura- -no deben afrontarse como una carrera al sprint sino como un maratón E L año 2005 amanecía con una de las peores catástrofes que se recuerdan, un tsunami que dejó 224.000 muertos en las costas del sureste asiático y más de un millón y medio de personas sin hogar. En un año que se ha caracterizado por una sucesión de desastres naturales y ha exigido de gobiernos, agencias humanitarias y ONG un esfuerzo sin precedentes para hacer frente al sufrimiento de millones de personas, la operación de emergencia y reconstrucción tras el tsunami ha sido la de mayor envergadura en recursos financieros y humanos y en número de personas a las que atender. Ahora, casi un año después, es necesario extraer las lecciones aprendidas en esta respuesta, y aplicarlas para mejorar nuestra actuación ante futuras catástrofes. La emergencia del tsunami ha sido excepcional por la rapidez y la cuantía de la respuesta pública y privada para hacer frente al desastre. Esto ha permitido atender inmediatamente a los afectados, previniendo los brotes epidémicos y el agravamiento de la desnutrición, tan usuales en estas situaciones. Al mismo tiempo, esta disponibilidad de fondos ha permitido dar continuidad a la respuesta de emergencia y plantear una reconstrucción a medio y largo plazo. Parece obvio, pero es la primera vez que ocurre en la respuesta a un desastre, y afortunadamente permitirá no sólo recuperar sino también mejo- rar infraestructuras y medios de vida cuyo punto de partida, antes del tsunami, dejaban mucho que desear por tratarse de zonas donde abunda la pobreza. Es imprescindible que esta movilización de gobiernos y ciudadanos se repita en futuras emergencias. No obstante, no hay que olvidar que el aumento de recursos plantea otro reto: el número de organizaciones presentes en el trabajo con los afectados se multiplicó como en ninguna otra crisis, dificultando las labores de coordinación. En este sentido, es necesario que las agencias presentes en una emergencia no sólo conozcan bien su trabajo, sino también la zona en la que operan (mejor si tienen experiencia previa en el país) y estén dispuestas a trabajar con la población local, y de forma coordinada con Naciones Unidas, gobiernos y otras ONG. Aquí las organizaciones humanitarias hemos de asumir nuestra responsabilidad y actuar sólo allí donde estemos preparadas para hacerlo. Por otra parte, el elevado nivel de donaciones ha creado una presión enorme sobre las agencias humanitarias y las ONG para gastar lo recaudado y justificar avances con rapidez. Esa presión radica en el desconocimiento y en la creencia de que una operación como el tsunami es como un sprint, cuando en realidad se parece más a un maratón. Y, como en toda carrera de fondo, hay que con- -Vi a mi vecino pegar a su mujer, pero no lo denuncié a la Policía porque cualquier día yo también puedo encontrarme en su misma situación.