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52 Sociedad LUNES 28 11 2005 ABC Medio Ambiente José Luis Oliveros (España) La sequía que está afectando a nuestro país ha supuesto para este agricultor manchego, que vive en Villanueva del Alcardete (Toledo) perder toda su cosecha de cereales y leguminosas. Alan Stewart (Reino Unido) Regenta un negocio de perros de trineo, pero la nieve escasea en las montañas de Cairngorm (Escocia) por el aumento de temperaturas. Tanto es así que sus huskies siberianos mudan el pelo en mitad del invierno. Se levantan cada día esperando que la Naturaleza no les haya arrebatado lo que durante años ha sido suyo. Amenazados por la sequía, el deshielo, las tormentas o las plagas, tendrán que abandonar su modo de vida si no se frena el cambio climático Víctimas del cambio climático TEXTO: LAURA VILLENA. SERVICIO ESPECIAL FOTOS: WWF BRUSELAS. Vivir de la agricultura en España se está convirtiendo en una aventura. José Luis Oliveros Zafra, nació en Villanueva del Alcardete (Toledo) y es agricultor en CastillaLa Mancha desde que tenía 18 años. Ahora tiene 46 y desde que se dedica a trabajar las tierras no ha conocido una sequía como la de esta temporada- -según los expertos, la más grave en 120 años- En sus tierras han dejado de crecer las legumbres y cereales de todos los años, ha perdido el cien por cien de su cosecha y ahora tiene más dificultades para vivir de las tierras a causa de un clima cada vez más impredecible. José Luis está sufriendo día a día las consecuencias del cambio climático. Este manchego cuenta cómo en los últimos años se suceden los pasos repentinos de verano a invierno y de in- vierno a verano, como si la primavera y el otoño hubiesen desaparecido. Es como si el tiempo se hubiera vuelto loco En las épocas más inusuales suben y bajan las temperaturas de forma vertiginosa de manera que no podemos adaptar los ciclos agrícolas a los inesperados cambios de clima y eso nos está trayendo muchos problemas económicos La sequía atrae plagas de insectos. Pero este año, la realidad ha superado la ficción: las tierras manchegas han sido invadidas por una plaga de langostas. Eso suele pasar en las islas Canarias, pero en el centro de la península Ibérica es la primera vez que ocurre afirma todavía asombrado José Luis. Este manchego, casado y padre de tres hijos recuerda cómo, cuando era un niño, iba a los riachuelos de los alrededores de mi pue- blo a escuchar el croar de las ranas y a buscar berros. Ya no hay ranas y ni siquiera existe el arroyo. Recuerdo también que en otoño solía llover sin parar durante dos o tres meses y que mis abuelos y mis padres me hablaban a veces de las tormentas de agua Sus hijos, sin embargo, recordarán de mayores aquellas tierras deshidratadas y agotadas que, a duras penas, producían los cereales con los que su padre tenía que sacarles adelante. Las abejas italianas, los abetos de Baviera, las costas inglesas de Seaford, y las nevadas escocesas también se resienten por el cambio climáticos. Giuseppe Miranti, un joven italiano de 26 años, aficionado y trabajador de la apicultura, es víctima de la disminución de abejas por las cada vez más cálidas temperaturas, que trastornan el crecimiento de las plantas y reducen a su vez la actividad de las abejas y, por tanto, la producción de miel. Un ciudadano escocés, Alan Stewart, tendrá que dejar su negocio de perros de trineo si las altas temperaturas no cesan y la nieve se derrite definitivamente. Lo mismo le ocurrirá a Georg Sperber, uno de los tantos alemanes que vive de la industria forestal de Baviera (Alemania) si las plagas de escarabajos siguen invadiendo los bosques de abetos alemanes. Casian Garbett, guardacostas del sur de Inglaterra, es testigo del aumento del nivel del mar, de las cada vez más frecuentes tormentas y de la destrucción de las defensas costeras, a causa de los fenómenos climáticos extremos. Todos ellos son testigos del cambio climático. Estos testimonios son el re-