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ABC LUNES 28 11 2005 Opinión 7 quismo sino iluminados terroristas de ETA, un miedo que espoleaba la lucha por la diferencia, en vez de atemperar insensateces como las que treinta años después se promueven desde Cataluña. LA ESPUMA DE LOS DÍAS OLOR A QUEMADO E extiende el olor a quemado en el Gobierno de Zapatero. Podrán defenderse afirmando que ese efluvio de fogata encendida es una hipérbole infundada del enfermizo olfato de ciertos medios de comunicación, que confunden sus deseos con las realidades hasta pintarlas con colores a su imagen y semejanza. Pero el olor a quemado es persistente y comienza a ser característico. La confianza que la ciudadanía depositó en Zapatero a partir de su triunfo en las elecciones generales, y de la inmediata salida de las tropas españolas de Irak, se ha diluido alarmantemente en los tres últimos meses en un alJ. J. ARMAS to porcentaje. No es una MARCELO impresión momentánea ni cicatera, ni el criterio de unos pocos impuestos en la mala intención, sino una convicción que corre también por las bocas de muchos simpatizantes y votantes de los socialistas. No sólo tenemos encima de la mesa el dichoso Estatut, el lío en el que estamos metidos según conspicuos socialistas históricos. También huele a quemado creciente la hipotética negociación con ETA (negada taxativamente por el Gobierno) Las actuaciones del ministro Montilla, los continuados disparates de la inefable Carmen Calvo y algunos saltos al vacío de Moratinos han ido más allá de las meras suspicacias para minar y prender fuego a una confianza que señala también como bastante quemada a la ministra de Educación, incapaz de promover un diálogo entre las partes y los protagonistas de la docencia, cada vez más beligerantes. Y Ferraz sabe a ciencia cierta que algunos otros- -bastantes- -ministros virtuosos del Ejecutivo agachan la cabeza más de la cuenta para que el disparo alcance al primer pianista de la desafinada orquesta, que es quien al final paga la cuenta de los platos rotos como responsable de la música gubernativa. La fuerza del Gobierno está en Fernández de la Vega, que pone rostro de palo y gesto de irónica superioridad (tal vez la tenga) cada vez que torea en el centro del albero al morlaco de turno. Según sostienen acreditados doctores en la materia, a la política se ingresa con la conciencia del quemado: más temprano que tarde las llamas alcanzan de lleno al más pintado, que ha de rendir su lanza y su cartera, al fin y al cabo prestadas hasta ese momento. De modo que, en esta y en otras lides, por la derecha y por la izquierda, el empecinamiento suele ser mal compañero de consejo, sobre todo si crece el rumor del error hasta llegar a amplias capas de la misma ciudadanía que hace nada más que tres meses confiaba en Zapatero y en su Ejecutivo. Es verdad: las encuestas valen sólo lo que valen, pero pongan cuidado en que el estado de ánimo pase a estado de conciencia. Llegados a ese punto, la marcha atrás es casi imposible. Antes de las elecciones del 77, Felipe González tenía dos temores: el primero, ganarlas; el otro, que el socialista no saliera de ellas como el partido referente de la oposición, desbancar al PCE de la primera fila ocupada en la clandestinidad. Las urnas se encargaron de evitarle el susto primero. Pero la memoria histórica, una campaña llamativa y el auxilio de Billy Brandt, unido a avales norteamericanos, contribuyeron a superar el segundo. Mantener la posición exigió algunos gestos, quizá más formales que reales, en cualquier caso poco acordes con el miedo. Y los generales estaban siendo atendidos como corresponde a toda organización capaz de alcanzar el Gobierno. Entre el profesor Gómez Llorente, que defendió la enmienda en pro de la república, y los bien relacionados hermanos Solana Madariaga no existían tantas diferencias como para no convivir en los mismos escaños. Y qué decir de quien legalizó la bestia negra del régimen anterior, el Partido Comunista, antes de que una constitución amparara los derechos ciudadanos; el mismo presidente del gobierno constituyente y también del de los estatutos; la personalidad civil que en ningún momento se achantó ante los disparos de las pistolas golpistas. Si un político español tiene acrisolado el valor, es Suárez. Y con él, sus colaboradores más inmediatos, los vicepresidentes Abril y Gutiérrez Mellado, aquel enjuto militar cargado de años y de fuerza para resistir en pie, frente a su escaño, zancadillas por la espalda. ¿De qué miedo habla, pues, quien no pudo mostrar nada, ni saber nada, simplemente porque no estaba allí? Después de treinta años ha tenido la suerte de encontrarse hecho el trabajo que le permite estar hoy donde está. Juegan con el miedo los que nunca tuvieron razones para pasar miedo. Sería bueno que quienes vivieron aquel tiempo vuelvan a las tribunas para defender lo que lograron. Nadie pasó factura por ser valiente, lo que honra la memoria de todos. Y claro que lo que hicieron es modélico. ¿Qué estúpido complejo de inferioridad, o frente a quién, puede impedir hoy a un español normal sentirse orgulloso de haber vivido, siquiera de niño, aquellos años que asombraron al mundo? S ÁNGEL CÓRDOBA ¿Miedo los Ajuriaguerra, Arzallus y demás dirigentes del nacionalismo vasco de aquellos años? Si no tensaron más la cuerda, fue porque hubo responsables en los dos grandes partidos que mantuvieron con firmeza que privilegios, los justos para que pudieran sentir habitable la Constitución. Tan escaso miedo tenían aquellos nacionalistas a la reacción de los encargados de garantizar la unidad de las tierras de España que no dudaron en buscarse cómplices enfrente, en la ponencia constitucional o en el tejido empresarial. En todo caso, al norte del Ebro quien atemorizaba no eran presuntos albaceas del fran- PALABRAS CRUZADAS ¿Roberto Heras: víctima o verdugo del ciclismo? MEDALLAS DE ORÍN OR lo que se ve, los organismos oficiales que vigilan los controles de dopaje en el ciclismo tienen unas cámaras frigoríficas más en forma que las de La Sirena. Lo guardan todo. Y durante años y años. A Armstrong le sacaron hace unos meses un pis con un bouquet de cinco o seis años (un crianza y en barrica de roble) Y a Roberto Heras, que ya se había gastado el plus por ganar la última Vuelta a España, le acaban de sacar de la cubitera uno de sus tubitos en el que, según dicen, han encontrado algo llamado EPO. Pero ¿y cómo pueden estar seguros de que eso es suyo, si lo han cogido después de un montón de tiempo de una cámara frigorífica llena de cientosde pruebas cerveceras? Pues porque pone un cartelito con su nombre... PeOTI R. ro también pone un cartelito con mi nomMARCHANTE bre en la maleta que facturo para Santiago de Compostela y me aparece en Santiago de Chile... Hay algo raro, enfermizo, como consecuencia de una tara, en esos tipos que guardan la orina tanto tiempo en casa Además, ¿no tendrá eso, como todo, una fecha de caducidad? No sé, nada en estoparece serio: cualquiera quele haya visto el careto a Roberto Heras al término de una etapa de montaña y le vea la jeta al que manipula su tubito de pis se dará cuenta de que ahí hay algo que falla, que no es del todo justo. Al menos en ciclismo, porque en otros deportes ya la cosa cambia. ¿Y si Roberto Heras se pasase al fútbol... VERDURA DE LAS ERAS L positivo de Roberto Heras tiene a los aficionados al ciclismo- -a los de cuneta y a los de televisor- -tristes. Verdurade las eras, ¿qué tiempo prevalece la alegría? El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas y hace brotar la sombra más sombría. Heras subiendo cuestas nos parecía un hombracho lleno de sangre, y el español tiene una cuarta parte más de sangre que los demás mortales, decía Gómez de la Serna hablando de Quevedo, que fue quien dijo esa verdad de a puño: Siempre lasangre escolorada. La sangreserácolorada, pero, de pronto, todo el mundo, en la calle, pone cara de preguntarlea uno: ¿Es ustedantidoping? Que escomo lo que, andando por Londres, le preguntó una inglesa a Julio Camba: ¿Es usted antivivisecIGNACIO R. cionista? Entonces, por muy galante que QUINTANO se sea, surge la vacilación antes de hacer una declaración tan difícil de pronunciar. ¿Antiviviseccionista? Francamente, señorita, que yo sepa, no. ¿De dónde ha sacado usted que yo puedo ser antiviviseccionista? Es decir, que es usted viviseccionista- -concluyó la inglesa- ¿Y está usted dispuesto a continuar en el viviseccionismo? ¿No le da a usted lástima ninguna de las ranas ni de los conejos? Allá las ranas y los conejos. Lo que uno no entiende es que a un señor lo castiguen por un pico de eritropoyetina y lo premien por subir en bici el Angliru. Para la salud, ¿qué es peor? Que el médico de Heras nos lo explique. P E ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate