Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 27 11 2005 Espectáculos 79 JAZZ El ritmo de la casa 05 Concierto de Nils Petter Molvaer. Lugar: La Casa Encendida. Fecha: 25 de noviembre TEATRO Hijos de mamá Autores: Jordi Sánchez y Pep Antón Gómez. Dir. Francisco Vidal. Esc. Ana Garay. Ilum. David Pérez Arnedo. Int. Jorge Sanz y Enrique San Francisco. Teatro Maravillas. Madrid. MÚSICA ABDUCTORA LUIS MARTÍN SALIDOS DE MADRE JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN articular interés dentro del ciclo El ritmo de la casa 05 ha tenido este concierto del que se considera uno de los valores más sólidos del nu jazz; una corriente que busca una coartada jazzística en el circo que a diario deglute la música de club. Y no puede decirse que el nombre de Nils Petter Molvaer no nos sea ya familiar- -se ha presentado en diferentes ocasiones en distintas escenas del país- pero sí es verdad que es la primera que se le disfruta acompañado por un par de compinches que manejan samplers, osciladores y giradiscos. Visto lo visto, la incógnita queda definitivamente despejada en el horizonte de este trompetista noruego: ser comparsa, en los años de su arranque profesional, de la banda Masqalero, jamás fue una meta; sí lo es, en cambio, ésta de lanzarse al ruedo del ambient con discretas ilustraciones jazzísticas. Se había anunciado que su propuesta estaría armada con el estreno de los materiales de su álbum Er pero, en realidad, nos encontramos con una miscelánea de buena parte de su producción. Se agradece. Er tiene, en su gran generalidad, una calma dañina y, sin embargo, en lo ofrecido hubo tramos sonoros que le hubiesen animado la vida, incluso, al atribulado Gregorio Samsa. A repertorio tan abductor sólo le incomodaron dos cosas: el molesto deambular de un público tontamente inquieto, y un corte en el suministro eléctrico que, momentáneamente, dejó sin contenidos al trío. La música de Molvaer a muchos se les antoja un borrador de futuro, pero su fuerza motriz hunde raíces en Miles Davis y, sobre todo, en Jon Hassell. Brillante en los tiempos rápidos, inspirado en los quietistas, este trompetista ofrece en su conjunto una sugerente paleta estética. Hasta se permite elaborar un scat trompetero que, aunque sin demasiada gracia jazzística, busca y consigue la originalidad. En la formación podría prescindirse perfectamente del dj Strangefruit. Su trabajo en los giradiscos queda oculto tras la impedimenta del calvorota Jan Bang, un hombre cuyo talento es endiablado controlando a mano y muñeca los mandos de sus cacharros. Además, imitando en voces a Karen Mantler, pone cada vocal en su sitio, cada frase en su centro. Tomada en su conjunto, fue una agradable velada de música electrónica con algo de jazz, que una generosa concurrencia colmó de aplausos. P U na herencia suculenta y una madre empeñada en prolongar todo lo posible que sus hijos la cobren. Una mamá grande que se resiste a protagonizar sus funerales. Una madre de padre y muy señor mío, dominanta, invisible, fuera de campo, como se dice en cine, porque permanece postrada en una cama en el piso de arriba de la casa donde transcurre la acción, pero presente de principio a fin de una comedia sencilla, irregular y salpicada de momentos divertidos. La protagonizan los dos hijos- -de distinto padre- -de la tremenda señora, seguramente aliviados porque madre no haya más que una: el mayor, Juan (Enrique San Francisco) es un viva la virgen casado con una mujer que podría disputarle los galones de sargento a la yacente, y el menor, Paco (Jorge Sanz) soltero y sin compromiso, es un cuitado que ha permanecido media vida atendiendo a la anciana. En una noche de truenos y relámpagos, Juan acude a la casa familiar porque Paco cree que la madre ha pasado a mejor vida. Hay un montón de dinero sobre el que cada uno cree tener más derecho que el otro, y entre las discusiones por la herencia, los engaños que se prodigan, las llamadas de la esposa del mayor, los timbrazos de la agonizante y los miedos de los dos hermanos transcurre la función salpicada por las risas del público. Francisco Vidal dirige aseadamente esta trama barnizada de sarcasmo y humor negro, y Enrique San Francisco (en el tipo de caradura cínico que ha convertido en su imagen de marca) y Jorge Sanz se baten en un duelo de palabras que- -será tal vez cuestión de frescura e inmediatez interpretativa- -da la impresión de que a ratos se inventan allí mismo.