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78 Cultura DOMINGO 27 11 2005 ABC El poeta Juan Eduardo Cirlot sale por fin del olvido. Siruela completa la edición de toda su poesía con la publicación de En la llama el volumen que recoge los libros anteriores a 1959, en los que se conforma su extraordinaria figura literaria La llama secreta de Juan Eduardo Cirlot TEXTO: JESÚS GARCÍA CALERO MADRID. Era un poeta terriblemente individualista. Y de personalidad poliédrica. Tuvo contacto con las grandes vanguardias de su época, sobre todo el surrealismo. Sin embargo no se acomodó en ninguna, a pesar de que en ellas se reconociera parcialmente. Juan Eduardo Cirlot publicaba sus libros habitualmente en pequeñas ediciones que él mismo pagaba y repartía entre pocos amigos, por eso su obra era hasta ahora prácticamente inencontrable. Pero Cirlot, poeta, músico y crítico nacido en 1916 y fallecido en 1973, es, sin duda, uno de los creadores más extraordinarios del siglo XX español. Hace cuatro años se comenzó a romper lo que su hija, la prestigiosa medievalista Victoria Cirlot, denomina la losa de silencio, y se hizo justicia por fin a una de las voces más singulares y enriquecedoras de nuestra poesía, cuando la editorial Siruela publicó el ciclo completo de Bronwyn su obra más importante, que corresponde a la etapa final de su vida. Ahora, en edición de Enrique Granell, aparece por fin el resto de sus libros de poemas, bajo el título En la llama Un volumen lleno de sorpresas, incluso para los mejores conocedores del autor. Estos libros aparecieron entre 1943 y 1959 y dibujan el camino de maduración de un gran poeta que, sin embargo, a medida que iba creando nuevos mundos, pronto los consideraba cosa del pasado. De hecho, su hija apenas recuerda haber oído hablar al poeta de las obras de esta etapa: Yo sólo conocí al poeta de Bronwyn que era uno que, de pronto, nos leía sus poemas. Al poeta de En la llama no lo conocí nunca. Para mí Bronwyn pertenece a mi pasado y a mi recuerdo Juan Eduardo Cirlot que el poema esté entero y que estén uno junto a otro: el orden es fundamental. Por eso he descubierto ahora al poeta que no conocí. blia, pero que pronto se decanta por su fascinación por el Apocalipsis, como en el libro Cordero del abismo En su correspondencia con Carlos Edmundo de Ory habla de esta fascinación, ya que el Apocalipsis le resulta un modelo perfecto, porque en él está todo contenido, según la idea bretoniana. También hablan del maestro Eckhart. Sin embargo, toda esta religiosidad después desaparecerá de su obra recuerda su hija. Tal vez la manera cirlotiana de tratar las imágenes es lo que le hizo ser considerado un poeta surrealista, y en ella tiene muy presente a Juan de Patmos. También hay temas desarrollados como un leit- motiv que va escribiendo en diversos libros que se corresponden con todas sus etapas, con el mismo título: Canto de la vida muerta un término extraído del estoicismo y rayano con la mística, que trata de interpretar a través de esta vida, que es una introducción a la muerte, la irrealidad de la existencia. Pero lo que une, atravesándola, toda la obra de Cirlot, como descubrirán sus lectores, es la música. Sin distinción de forma y fondo, según su hija Victoria, la música es una cuestión estructural en su poesía. Finalmente la permutación que descubrió no es más que llegar a la estructura poética desnuda La música es para él lo más interno e invisible. Y para los lectores que por primera vez se asoman a Cirlot, Victoria tiene una recomendación: empiecen por el poemario titulado Susan Lenox y entrarán en este mundo simbólico y maravilloso. ABC Contra la losa de silencio La publicación de la obra poética completa de Cirlot debería terminar con la mala recepción de su poesía en nuestro país. No le han ayudado como merece las exiguas ediciones anteriores, ni el hecho de que el poeta siguiera derroteros ajenos a las corrientes en boga en su época, como el garcilasismo o la poesía social. Y tampoco, como a tantos autores aplastados por nuestras circunstancias políticas, la recuperación de los distintos exilios que a veces condenaron al olvido a los autores de dentro Victoria Cirlot confiesa a este respecto que la única sensación que tengo con mi padre es un silencio abrumador que pesa sobre él y sobre su obra, a pesar de que felizmente salgan libros como Bronwyn Pero a mí me produce una sorpresa inmensa que el silencio continúa, a pesar de estas publicaciones, como una losa pesadísima y que difícilmente se deshace. Ahora ya no habrá excusas, puesto que la obra está entera. Y esa poesía me parece una montaña, una piedra de la que, posiblemente, se pueda prescindir, porque en este país se prescinde de todo Afortunadamente, según relata Victoria, su propio encuentro con Valente cuando el poeta gallego preparaba la antología Las ínsulas extrañas ayudó a que Cirlot fuese valorado en dicha obra de una vez por todas. La música invisible Los temas que abordan los poemarios de En la llama van desde los sueños y la plástica- -Cirlot perteneció al grupo Dau al set -hasta la religión, que al principio se trata desde manera natural por la formación recibida en los jesuitas y como gran lector de la Bi- Secreto celosamente guardado La poesía de mi padre se guardó siempre en un estante de la librería- -nos cuenta Victoria- -y todos los libros anteriores a Bronwyn que yo cogía de ese estante y había por tanto leído, formaban parte de un pasado del que mi padre yo no diría que renegaba, pero que no le interesaba nada. Siempre que le hablaban de hacer una antología poética decía: Bueno, de la primera época igual no pongo nada Él estaba tan absolutamente metido en la creación de Bronwyn que no le interesaba lo que había hecho antes. La hija del poeta considera, por ello, los libros que integran En la llama obras celosamente guardadas; yo no sé si los guardó él celosamente, pero de ellos prácticamente no se hablaba. Así que esta edición me ha dado la oportunidad de releerlos de una manera distinta, porque creo que es importante Página del ejemplar de Diariamente que Modest Cuixart ilustró y que después Cirlot regalaría a Saura