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70 Sociedad DOMINGO 27 11 2005 ABC JIM YONG KIM Director del Departamento de VIH Sida de la OMS Menos del 10 de la población mundial sabe si tiene o no el sida Acusa al mundo desarrollado de haber abandonado las campañas de prevención y exhorta a que aumenten las pruebas para que todos los individuos conozcan su situación TEXTO: MERCEDES GALLEGO. CORRESPONSAL NUEVA YORK. Pocas veces se ve a un funcionario dispuesto a echar tanta tierra encima a su trabajo, pero Jim Yong Kim, director del Departamento del Sida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un hombre atormentado. Había pasado su vida luchando contra las epidemias desde multitud de frentes altruistas, y cuando el año pasado dejó su cargo en la Universidad de Harvard pensó que al fin tenía la oportunidad de cambiar las cosas. La realidad le ha demostrado que es una empresa más difícil de lo que parece, porque son muchos los implicados. Por eso está dispuesto a contar el fracaso en voz alta y fuerte, para que todos se enteren y, quizá, sólo quizá, se comprometan de verdad en la batalla. ¿Hemos visto ya lo peor? -No, por supuesto que no, sigue empeorando. No sólo los números de infectados están aumentando en todas partes excepto en el Caribe, sino que ya tenemos 40,3 millones de infectados de los que cuidar, y, sobre todo, impedir que sigan contagiando a otros. Y eso no lo estamos consiguiendo. Los cinco millones de nuevos infectados que surgieron el año pasado suponen un gran suspenso a nuestro trabajo. ¿Se conformaría el año que viene con tener sólo otros cinco millones de infectados? -Oh, Dios mío, espero que no, esto tiene que bajar. Tenemos que ver lo que yo llamaría los dividendos de los tratamientos Si ofreces tratamiento, la gente está más dispuesta a hacerse la prueba, y si todo el mundo conociese su estado tendríamos un partido completamente distinto entre las manos. ¿Pero es realista pretender parar las infecciones sin una vacuna? -Es totalmente posible, porque esta enfermedad depende de la conducta de la gente. Si estuviéramos hablando de la tuberculosis sería imposible, porque la gente no puede dejar de toser, pero con el sida tenemos una solución para evitar cada forma de contagio. Lo que pasa es que no hemos sido serios a la hora de aplicar eso en todas las partes del mundo. El año pasado tuvimos 700.000 niños infectados por sus madres. Esa cifra debería ser cero, porque se puede evitar. -Entonces, ¿quién ha fallado? -Todos hemos fallado, porque no es que hayamos hecho todo lo que podíamos para implementar las medidas a nuestro alcance y aun así el número de infecciones siguiera creciendo, sino que no hemos logrado implementar nada. Menos del 10 de la población mundial sabe con certeza si está infectada o no, lo que quiere decir que hemos hecho un malísimo trabajo a la hora de expandir las pruebas. Menos del 8 de las embarazadas en países pobres acceden a los medios que evitarían la transmisión del virus a sus hijos. Eso es un completo y absoluto fracaso. ¿Qué le pide a los gobiernos? -Que eliminen todas las barreras políticas, para que se dé una escalada de tratamientos y de prevención. Con eso estoy diciendo que los que se oponen a la distribución de jeringuillas por motivos políticos deberían mirar las evidencias científicas y empezar a prevenir esos contagios. Los que no hayan hecho todo lo que podían para dar acceso a los tratamientos deben hacerlo. -Parece que, a medida que se ha reducido la mortalidad del sida en Europa y otros países desarrollados, la gente también se ha relajado en las medidas de prevención. ¿Es así? -Se puede decir que hay un incremento de conductas de riesgo en los países donde el tratamiento está disponible, pero eso no tiene por qué ser una reacción natural a la disponibilidad de tratamiento. El motivo por el que estas co- Kim, durante la presentación en 2004 del programa Tres millones para 2005 EPA Pido a los gobiernos que eliminen todas las barreras políticas para que se dé una escalada de tratamientos sas están ocurriendo es porque hemos dejado de hacer campañas de prevención. Recuerdo que en EE. UU. y en la mayor parte de Europa a finales de los 80 y principios de los 90 no se podía caminar por las calles sin ver información sobre el sida. Éramos muy abiertos sobre los preservativos, las jeringuillas y todo lo que servía para prevención. Si vas a esos países hoy, no ves ni un solo cartel que diga usa condones Simplemente, hemos dejado de hacerlo, lo cual es un fracaso de los servicios públicos de salud de los países desarrollados. Ya no estamos comprometidos con evitar los contagios. -Los hombres lo portan, pero las mujeres son las que se infectan. ¿Por qué es así? -Desde una perspectiva médica y fisiológica, es más fácil que un hombre se lo transmita a una mujer. Tiene que ver con las membranas mucosas, trau- mas durante la actividad sexual, etc. Esa es una de las ironías de la gente que dice que la abstinencia es la única forma de prevenirlo. Muchas mujeres no están en posición de rehusar relaciones sexuales con sus parejas, y esto lo oímos por todo África. ¿Cuál cree que es la responsabilidad de instituciones tan influyentes como el Vaticano? -He visto un cambio. Cuando el Vaticano dice que no se deben usar preservativos para prevenir las infecciones de HIV está equivocado, y de hecho está cambiando de posición. Me reuní con el cardenal Barragán, de México, que es el ministro de salud del Vaticano, y me dijo que en casos en los que en una pareja uno sea HIV positivo y el otro negativo no sólo es correcto usar un condón, sino que debe ser usado para evitar la muerte del otro. Eso es un cambio importante, porque al principio decían que no se podía usar, y ahora dicen que en ciertos casos está justificado para cumplir con el primer mandamiento: no matarás. Mi posición es que la Iglesia debería seguir proveyendo asesoramiento pastoral y dejar a los científicos que hagan su trabajo para prevenir el HIV.