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64 Los domingos DOMINGO 27 11 2005 ABC LIBROS PREPUBLICACIÓN. Nicolas Baverez, historiador y economista, pinta un paisaje radicalmente gris de Francia: es un país- -dice- -obsoleto, marginado de los foros internacionales y financieramente débil. En este libro, uno de los tres que inauguran la editorial Gota a Gota, promovida por la Fundación FAES (los otros dos son Entre los dos siglos de Amando de Miguel, y El camino a la democracia en España, 1931- 1978 de Manuel Álvarez Tardío) Baverez apunta que todo es posible, incluida la violencia política, aunque quizá también la preparación de un cambio radical tras las elecciones de 2007 El prólogo de Francia en declive del que publicamos un extracto, ha sido escrito en exclusiva para la edición española Francia en declive: los años decisivos gran transformación del capitalismo y la democracia emprendida en las dos últimas décadas del siglo XX, con la globalización, el desmoronamiento del comunismo soviético y la revolución tecnológica en el campo de la información y la biología, ha entrado en conflicto con las crisis de comienzos del siglo XXI: irrupción del terrorismo como amenaza estratégica importante y autónoma de los estados y apertura de un nuevo ciclo de guerras en cadena; aceleración de la recuperación económica de las superpotencias del sur- -China, India, Brasil- burbujas especulativas en cadena con el trasfondo de desequilibrios crecientes de las balanzas de pago mundiales y de las paridades monetarias. Para Europa, el período comprendido entre 1990 y 2010 se resume en dos décadas perdidas para el desarrollo y la construcción comunitarias. Cuando el porvenir del continente parecía radiante, al día siguiente de la caída del muro de Berlín, Europa se ha hundido en una crisis multiforme. Crisis demográfica, con la perspectiva de perder 54 millones de habitantes de aquí a 2050 Crisis económica y social, con un crecimiento inferior al 1,5 a partir de 1990 y una situación de desempleo que afecta a más de 20 millones de personas. Crisis científica, con el exilio masivo de cerebros, dado que en Europa trabajan 900.000 investigadores y en Estados Unidos están instalados 400.000 investigadores europeos. Crisis monetaria, con el estancamiento de la zona euro en la deflación y la divergencia explosiva entre sus miembros (recesión en Italia, estancamiento y deflación en Alemania y en Francia en comparación con un crecimiento del 2,8 en España y superior al 5 en Irlanda; diferencial de inflación superior al 2,5 entre Alemania e Irlanda a partir de 1999; déficit público del 7 del PIB en Portugal, el 5 en Grecia, el 4 en La Sólo Francia siente nostalgia de los gloriosos años treinta e insiste en dedicar toda su energía a la preservación del pasado y a la conservación de un modelo caduco, en vez de subirse al carro del siglo XXI y proyectarse hacia el futuro Italia y el 3,6 en Alemania; deuda pública del 7 del PIB en Luxemburgo en comparación con el 106 en Italia y el 110 en Grecia) Crisis institucional, con la implosión del proyecto de Constitución tras el voto negativo de Francia y Holanda en la primavera de 2005. Crisis política y existencial debido a la profunda división surgida a raíz de la relación con Estados Unidos durante la intervención en Irak, e incertidumbre sobre la identidad y las fronteras de la Unión que se materializa en el tema de la incorporación de Turquía. El año 2005 será para los franceses el de la toma de conciencia del declive de su país. Con posterioridad al colapso social de las grandes huelgas de 1995, después de la quiebra cívica de 2002 que vio al líder de la extrema derecha acceder a la segunda ronda de las elecciones presidenciales, el referéndum del 29 de mayo de 2005, que dio al traste con la esperanza de una Constitución europea, y el fracaso de la candidatura de París para los Juegos Olímpicos de 2012 han rasgado definitivamente el velo de las ilusiones y han revelado a ojos de los ciudadanos la evidencia que ya preconizaban hacía tiempo los observadores independientes: Francia se ha convertido en el enfermo de Europa. En el ámbito político, las instituciones de la Quinta República combinan autocracia e impotencia, dilución de la autoridad pública e irresponsabilidad, dado que el presidente de la República acumula reveses políticos, diplomáticos y electorales con la mayor impunidad posible. De ahí que haya una aguda crisis de representación que menoscaba la legitimidad de la clase dirigente y que afecta tanto al gobierno como a la oposición, a los cargos electos como a los funcionarios, a los magistrados como a los periodistas, a los directivos de empresa como a los sindicalistas. Lo cual provoca un divorcio entre el país legal y el La demagogia de los dirigentes, que ocultan su inacción negando la realidad, alimenta la pérdida de referentes y el nihilismo de los ciudadanos país real que alimenta las burbujas demagógicas de la vida política francesa, nutre las pasiones extremistas y explica las manifestaciones en forma de tumultos o los motines electorales repetitivos. En el terreno financiero, el Estado va directo a la bancarrota con un déficit estructural del 3,6 del PIB que alimenta la pérdida total del dominio de los gastos sociales (13.200 millones de euros de déficit de la Seguridad Social, a los que se añaden 15.000 millones de euros de déficit acumulados por el subsidio de desempleo) La deuda pública, oficialmente cifrada en 1,15 billones de euros, es decir el 67 del PIB, se incrementó con los compromisos de jubilación de los funcionarios (900.000 millones de euros) y con otras deudas y compromisos de jubilación del sector público (500.000 millones de euros) lo cual supone una deuda real del orden del 145 del PIB, que representa 40.000 euros por francés. En el terreno económico, Francia está inmersa en una espiral de destrucción de su base productiva. El crecimiento potencial se ha estancado El volumen de trabajo no para de bajar, trátese de la tasa de empleo (58 y 48 de la población activa para el empleo comercial) o de su duración, mientras que a partir de 1999 los costes unitarios de producción han aumentado en un 25 (en comparación con un descenso del 10 en Alemania) El esfuerzo de investigación se estanca en un 2,1 del PIB, mientras que el personal de los sectores innovadores se reduce a 1,56 millones de personas en 2005 en comparación con 1,63 millones en 2002. El exilio de los empresarios, de las fortunas y de los cerebros se acrecienta debido a un sistema fiscal y social confiscador que ha llevado a más de 800.000 franceses a instalarse en Londres, 200.000 en California, 150.000 en Bélgica y 100.000 en Suiza. De ahí el desmoronamiento de la competitividad exterior