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ABC DOMINGO 27 11 2005 Madrid 41 Al cabo de la calle, algunos propietarios se ven obligados a instalar verjas para proteger su vivienda de futuros amigos de lo ajeno Techos bajos y pasillos estrechos acompañan al transeúnte en su visita por la mayoría de las plantas apunta Miguel, un albañil contratado para reformar una vivienda. Pues yo quiero pensar que eso en verano se puede llenar de agua y convertirlo en minipiscinas le reta Pedro. Una cárcel en la última planta Unas viviendas más arriba esas licencias de autor se hacen todavía más palpables. El diseño de la última planta recuerda a una cárcel. Escaleras metálicas se cruzan de un lado a otro hasta alcanzar unas pequeñas terrazas privadas que comparten espacio y lugar con las antenas de televisión. El frío en esa zona es insoportable. A esa altura, lo único que permanece frente a frente con el edificio es la sierra de Navacerrada. Pero las bajas temperaturas no serán tanto problema como la lluvia. Y es que la última planta del edificio apenas cuenta con tejados. Con lo cual, los vecinos necesitarán llevar el paraguas abierto justo hasta el momento de entrar en su propia vivienda. Ricardo Aroca, decano del J. PRIETO Colegio de Arquitectos de Madrid Esto no se puede hacer con dinero público A Ricardo Aroca no hace falta ponerle en situación. Basta con preguntarle por su opinión sobre el Mirador de Sanchinarro para que diga lo que piensa. Sin pelos en la lengua. El tema ya no es sólo que sea raro. Lo primero que hay que preguntarse es por qué hay que pagar ese edificio con dinero público. Esto no se puede hacer con el dinero de todos. ¿Cuántas viviendas se han dejado de hacer por meter el agujero ése? Esa terraza es carísima y cuesta tanto como si se hubiesen construido unas veinte viviendas más. Los políticos proyectan estos edificios tan raros para lucirse, pero la vivienda social tiene que ser más cómoda. Ha primado un aspecto externo impactante y luego han tenido que meter los pisos como han podido Supervisar los arreglos Creo que en algunos casos la comodidad y habitabilidad se ha llegado a sacrificar en lugar del diseño Antonio es padre de uno de los adjudicatarios de los pisos. Está feliz. Se jubiló hace unos meses y cada día se acerca hasta el Mirador para supervisar los trabajos de remodelación del piso de su hijo Marcos. Estaba desolado porque no conseguía encontrar una vivienda con el dinero que tenía. Para todos fue una alegría cuando nos dijeron que el Ayuntamiento de Madrid le había dado uno, por eso no me voy a quejar. ¡Qué más se puede pedir si le ha costado poco más de veinte millones de pesetas! dice. El frío y la luminosidad contrasta con la sensación que uno tiene a medida que se van alcanzando las plantas más bajas. Techos de escasa altura y poca luz envuelven al transeúnte en una clima estanco. La resolución de estos espacios ha llevado a los arquitectos a proyectar viviendas, incluso, a pie de calle. Esta situación les ha llevado a instalar nuevas verjas para evitar a los intrusos. Por allí pasa Carmen paseando con su perro. Está indignada. Vive en el edificio de al lado. Su casa le costó 480.000 euros, 360.000 más que a los vecinos del Mirador Y encima mi casa se devaluará por el monstruo éste que me han colocado al lado JAVIER PRIETO deo. No se puede imaginar el poder de atracción que tiene. Una ocasión me encontré un lavabo en mitad del pasillo. Llegué a pensar que formaba parte del inmobiliario, pero a las dos semanas vino alguien a retirarlo El Mirador se ha convertido en el amo y señor de Sanchinarro. Nada ocurre en la zona que no pueda ser divisado desde su terraza en las alturas. Este espacio se ha convertido en el símbolo del bloque. No hay nadie que haya subido al edificio que no haya pasado por ella. Es allí donde aparecen nuevas excentricidades o, como le gusta decir a los políticos, licencias de autor. Del suelo, que está forrado de una moqueta de césped artificial, surgen tres jacuzzis de color anaranjado. Nadie sabe exactamente qué uso van a tener. Yo creo que eso servirá para que la gente se siente dentro de ellos