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40 Madrid DOMINGO 27 11 2005 ABC Jacuzzis en la terraza, que serán utilizados como ¿asientos? o ¿jardineras? Sólo los dueños decidirán qué hacer con ellos Tras una puerta... otra puerta. Pocos centímetros separan lo que parece una salida de emergencia de la entrada a una única vivienda; a la dcha. la última planta, descubierta, con escaleras al ático No es fácil acertar a definir la imagen del bloque de pisos sociales de Sanchinarro. Un tetris, una tostadora... Su aspecto externo desconcierta. Pero su interior tampoco se queda corto. Pasillos de un metro, jacuzzis y plantas que recuerdan a una cárcel sacuden a sus visitantes Las rarezas del Mirador TEXTO MIGUEL OLIVER FOTOS ERNESTO AGUDO MADRID. Hanna es una estudiante alemana de segundo de arquitectura. Se pasea nerviosa con su cámara de fotos por el recibidor del Mirador retratando los secretos y rincones del edificio. Tan pronto aparece en la segunda planta como, segundos después, te la encuentras fotografiando las escaleras que dan acceso al ático. Nunca había visto nada igual. Este año hemos estudiado en clase la obra del estudio MVRDV y he decidido viajar a Madrid para hacer un trabajo más en profundidad sobre su último proyecto. Francamente, no hay nada que se le parezca. Para mí ha sido como encontrar un tesoro. Si estás en la calle no puedes dejar de mirarlo. Y dentro encuentras un sinfín de detalles que te hacen pensar que estás ante algo diferente, original e irrepetible Y es que el Mirador está lleno de sorpresas. Por eso es un edificio que concentra odios y pasiones a partes iguales. Para empezar, no es fácil orientarse dentro de él. Sus pasillos aparecen y desaparecen con una facilidad pasmosa. Cuando parece que detrás de una puerta va a continuar el distribuidor con acceso a las demás viviendas, surge un cuarto con un extintor. Y cuando se pretende alcanzar una salida por las escaleras exteriores, aparece el pasillo con el resto de portales. Hasta el mismísimo alcalde Ruiz- Gallardón necesitó ayuda para acceder a la planta doce, donde se encuentra la famosa terraza. Pilar ¿seguro que llegaremos por aquí? comentó a la concejal de Urbanismo mientras subían por unas escaleras metálicas de color rojo. Al final, tuvieron que ser los propios arquitectos quienes guiaron a la comitiva municipal para alcanzar el mirador. La distribución es extraña. Muy extraña. El edificio cuenta con escaleras que sólo acceden a las plantas impares, y otras que sólo conectan con Cuando parece que tras una puerta continuará el distribuidor con el resto de viviendas, surge un extintor... Y cuando buscas la salida de emergencia para bajar a pie por las escaleras aparecen el resto de portales las pares. Con lo cual para bajar a la catorce, desde la quince, es conveniente coger el ascensor ya que si se hace a pie uno acaba en la trece. Todavía no hay muchos vecinos residiendo en el Mirador Desde que las llaves se entregaron hace casi dos meses, albañiles, trabajadores de limpieza y demás operarios son casi los únicos inquilinos del edificio. Tan sólo unas pocas de las 156 familias se han establecido en el inmueble. Como la de Isabel. Con un hijo pequeño y su marido, ya lleva un mes y medio en su nuevo piso. Y todavía me pierdo. Hay zonas que no consigo encontrar. A veces quiero visitar unas plantas para ver cómo son el resto de los pisos y no alcanzo a verlos. Hay que reconocer que el edificio es raro, raro, raro... dice. Sus creadores lo definieron en su día como una manzana vertical. El inmueble está estructurado a modo de pequeños barrios, que están diferenciados unos de otros por el color y textura de sus materiales. Las circulaciones interiores- -comenta Blanca Lleó, coautora del proyecto- -son como pequeñas calles verticales, que confluyen en una gran plaza pública que está simbolizada en la gran terraza de la planta doce, a 35 metros de altura De sorpresa en sorpresa A pesar de todo, Isabel insiste en que el edificio le desconcierta. A lo mejor es porque todavía está casi vacío, pero tengo la sensación de que nunca voy a poder conocerlo en su totalidad. Tiene tantos rincones y recovecos, que conectan con zonas que creías que estaban lejos, que te sorprende Caminar por su interior es como ir abriendo cajas sorpresa. Nunca se sabe lo que te vas a encontrar detrás. Abres una puerta esperando conectar con una salida exterior y te encuentras con la entrada de una vivienda particular. Los largos pasillos del centro de cada planta combinan con reducidísimas estancias que dan servicio a dos o tres viviendas. Para acceder a ellas, en algunos casos, es necesario entrar de costado. Humberto es, tal vez, el que ahora mismo se conozca mejor que nadie el edificio. Es el encargado de man- tener limpias las zonas comunes hasta que sus dueños comiencen a ocupar el bloque. Está tan vacío y tan frío- -comenta- -que tengo que reconocer que a veces me da miedo. Ayer estaba limpiando una planta y oí un crujido muy fuerte. Me quedé helado. Cuando se lo conté después a mis compañeros no se lo creían, pero este edificio cruje y se mueve Humberto, ecuatoriano de nacimiento, confiesa que nunca había trabajado en un lugar como éste. En teoría nadie que no sean los propietarios puede entrar, pero cada día me encuentro con curiosos que suben a las plantas superiores con cámaras de foto o ví-