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ABC DOMINGO 27 11 2005 Internacional 37 Primeras legislativas en la historia chechena Los comicios se celebran bajo asfixiantes medidas de seguridad que cuestionan su eficacia b La mayor legitimidad de los diputados elegidos no parece que vaya a acabar con los atentados, aunque el Kremlin está decidido a proseguir su plan de normalización RAFAEL M. MAÑUECO. CORRESPONSAL MOSCÚ. El excesivo celo de las fuerzas de seguridad rusas por evitar ataques y atentados en Chechenia, donde hoy se celebran las primeras elecciones legislativas de su historia, condiciona estos comicios con fuertes limitaciones de derechos que cuestionan su carácter verdaderamente democrático. Al igual que en todas las demás convocatorias electorales de los últimos tres años, los separatistas, dirigidos ahora por Shamil Basáyev, el terrorista más perseguido de Rusia, han hecho un llamamiento al boicot. Y probablemente, la elección de diputados con algo más de legitimidad que los miembros del casi extinto Consejo de Estado- -designados todos a dedo- -no va a hacer que cesen las hostilidades, aunque en el Kremlin siguen resueltos a llevar a término su plan de normalización caiga el que caiga. La primera fase de este proyecto pacificador tuvo lugar en marzo de 2003, cuando los chechenos acudieron a las urnas para pronunciarse en referéndum sobre la conveniencia de seguir perteneciendo o no a Rusia. La votación se realizó con el tableteo de fondo de las armas automáticas y las explosiones de las bombas. Según datos oficiales, el 96 por ciento de los participantes en la consulta se pronunciaron a favor de que Chechenia sea parte inalienable de Rusia No sólo la guerrilla consideró que el referéndum había sido amañado, sino que organizaciones rusas de derechos humanos y algunos de los partidos de la oposición al presidente, Vladímir Putin, se pronunciaron también en el mismo sentido. Un policía y un soldado charlaban ayer frente a los carteles electorales desplegados en Grozni, la capital chechena REUTERS Falta de credibilidad Aquella farsa según palabras de Aslán Masjádov, el entonces líder guerrillero, sólo sirvió para que los separatistas encontraran un pretexto más para intensificar la lucha armada y los atentados terroristas. En octubre de ese mismo año, en la segunda fase del plan de Putin, fue elegido presidente de la república Ajmad Kadírov con el 81 por ciento de los votos. También entonces los comicios tuvieron lugar entre tiroteos y explosiones. Kadírov murió en un atentado siete meses más tarde. La violencia, tanto dentro como fuera de Chechenia, se recrudeció hasta el punto de que la elección, en agosto del año pasado, de Alú Aljánov, el sucesor de Kadírov, estuvo rodeada de varios atentados suicidas en aviones de pasajeros y en una estación de ferrocarril moscovita. Pocos días después de que Aljánov fuera proclamado vencedor de los comicios, también de forma abrumadora y fraudulenta, se produjo el sobrecogedor se- cuestro de menores en la escuela número uno de la localidad de Beslán, en la república de Osetia del Norte. A partir de aquel momento, la presión militar rusa sobre los separatistas se incrementó de forma considerable. Masjádov cayó abatido el pasado mes de marzo cerca de Grozni. Objetivamente, y pese a que es raro que pase un día sin que muera algún policía o soldado ruso en Chechenia o en las vecinas Daguestán o Ingushetia, la situación de seguridad es algo mejor que el año pasado. Con todo, un grupo islámico auspiciado por la guerrilla chechena consiguió, el pasado 13 de octubre, perpetrar un ataque a gran escala contra Nálchik, la capital de la república norcaucásica de Kabardino- Balkaria. Son precisamente las medidas de seguridad, lógicas en un territorio en guerra, las que impiden el normal ejercicio de la democracia. Así piensan al menos los activistas de los grupos de defensa de los derechos humanos que funcionan en Rusia. Memorial una de esas organizaciones, cree, según palabras de su presidente, Oleg Orlov, que la incesante violencia no deja ninguna opción para que los comicios sean libres Y es que, con frecuencia, las atribuciones que reciben los militares rusos para impedir atentados conculcan la libertad de movimientos de la población y degeneran en abusos. El pasado día 16, tres civiles fueron ejecutados por soldados rusos en un barrio periférico de Grozni, al parecer, por negarse a pagar por pasar un puesto de control. En este caso, los militares fueron detenidos, aunque lo normal, según Orlov, es que ese tipo de delitos queden impunes