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ABC SÁBADO 26 11 2005 71 CLAMOR ANA ROSA CARAZO CATEDRÁTCA DE LENGUA Y LITERATURA ESPAÑOLAS ON las cuatro y media de la tarde. Oigo el rumor de la gente que se apresura hacia Neptuno para sumarse a la muchedumbre que, según los cálculos, ha llegado ya a Madrid, procedente de toda España. Las protestas, los debates, las opiniones personales contra la Ley Orgánica de Educación se han convertido, aún antes de que se inicie la gran manifestación, en un clamor unánime y exigente. Claro que esta unanimidad no es absoluta, pero es el grito de diez millones de españoles, tal vez más si nos atenemos a las declaraciones de muchos de los millones restantes, que se alzan como un clamor incontenible y ensordecedor. No hay oídos que resistan; sin embargo, los que deberían estar atentos a este clamor se hacen los sordos y niegan las evidencias. Qué difícil descender de su olimpo particular para escuchar a los mortales. Qué humillante reconocer la justicia de sus peticiones. Qué bochornoso renunciar a su postura intransigente y errónea. Errónea, sí, porque lo que tantas voces, de común acuerdo, exigen no puede ser enteramente falso. Tendrá, seguramente, fisuras pero ¿qué opción humana, aunque la consideremos la mejor, no la tiene? ¿Cómo se pueden mantener unas posiciones tan antidemocráticas- -recuérdese la etimología de la palabra democracia- -ante una petición tan justa como necesaria? Si lo que se exige es tener la libertad de que los niños estudien en los centros que sus padres crean adecuados, aprendan religión, que ésta sea evaluable académicamente, si la mayor parte de los españoles profesan el catolicismo, si éstos no bus- S can ni proselitismo ni adoctrinamiento de aquéllos a los que no interese esta enseñanza ¿a qué tanta ne- Los que deberían estar atentos a este clamor se hacen los sordos y niegan las evidencias. Qué difícil descender de su olimpo particular para escuchar a los mortales. Qué humillante reconocer la justicia de sus peticiones. Qué bochornoso renunciar a su postura intransigente y errónea gativa a lo que a todas luces es patente? ¿A qué tanto empecinamiento y tanta sordera? Personalmente, no soy amiga de manifestaciones callejeras por multitudinarias que sean y por muy justo y razonable que sea lo que reclaman. No me gustan las pancartas con consignas políticas, ni las que exhiben insultos más o menos toscos o groseros; tampoco los gritos ni los enfrentamientos. El clamor al que me refiero es un clamor sin palabras, un clamor interior, que es más fervoroso, más intenso, más verdadero que el de las gargantas que gritan por sus derechos y exigen justicia. Pero cuando los intentos de comprensión y de diálogo chocan contra un muro insensible, no hay otra escapatoria que levantar el grito pidiendo la paz y la palabra, como quería el poeta. Ignoro si esta paz y esta palabra se van a conseguir esta tarde. No tengo augur ni arúspice que me revele el resultado de esta que va a ser, según los medios, la movilización más multitudinaria jamás vista por una cuestión educativa. Carezco también del don de la videncia pero lo que me produce una quebradiza esperanza es la unanimidad y firmeza del clamor sin ponerle etiquetas de ninguna clase, sin entrar para nada en quiénes son los promotores. Cuando el río suena, es que agua lleva. Cuando tantos se empeñan y luchan por una idea, y esta idea mueve las montañas, es que algo noble o valioso o imprescindible ha prendido en la mente y en el corazón de quienes lo manifiestan. Amor meus, pondus meus proclama san Agustín. Si el peso del clamor es el mismo que el peso del amor, deseo, fervorosamente, que sea, no sólo oído como quien oye llover, sino también escuchado, con los oídos negados a la sordera, por aquellos a los que cumple dar el veredicto. Un veredicto que debe ser conciliador y verdaderamente democrático. SED LOLA SANTIAGO ESCRITORA T E vi y se me abrió la sed de ti. Una sed estimulada por tantos meses de espera, por la desazón de si habría un próximo encuentro. Luego tú estabas allí, a pocos pasos, mientras yo me deleitaba con tu imagen, sin creer aún. Mi corazón corría hacia ti, mi razón le ponía barreras, barreras diluidas ya por una mente entregada como nunca. Y fui feliz. Tremendamente feliz contra el correr de los minutos en la sombra. Mientras nuestros espíritus se movían al compás de la música. Magia en el aire. Magia en el mirar. Magia en la sonrisa. Y se me abría la sed, como un cuchillo hondo buscando el brocal de mi pecho. Y tus labios se inclinaban a beber, aspirando la furia de mi sed, mientras yo buscaba un venero que no se agotara nunca, para ti, para mi, para recomenzar día a día el idilio amoroso, el trabajo de reconstruir la dicha, la fe en ti, que no la perdí nunca. Por eso mi sed permanece. Es eterna como el amor que te profeso. Aún lejos de ti. O cerca, más cerca que nunca. Hoy no estás aquí. Han pasado los días, los meses, como hojas de otoño caídas y arrastradas en el primer viento que llegó hasta tu labio. Hasta mi cintura ceñida de soledades. Por el mar del espacio vienen las olas de tu mente a hablarme de ti. Y son azules. Y blancas. Y amarillas. Y rojas. Y el Mediterráneo de mi cuerpo se me levanta entero. Plenilunio de ocasos contra mi sed infinita. De días que se buscan para estrellarse en sí mismos. La arena dibuja dos huellas a poniente. Y en oriente el mar se queja, lamento virginal hecho ola precisa. Volcán inextinguible de lava inmensa. Rosal atemperado por sólo una espina. Y el río corre tumultuoso, feliz, buscando la orilla de tu labio, con la mía y mi sed, de nuevo presas. L diccionario de la Academia incluyó en su última edición (del año 2001) el adjetivo parolímpico, aunque dando preferencia a la forma irregular paralímpico. Ahora el Diccionario panhispánico de dudas, que acaba de aparecer y es también de la Academia, no ha dudado en tachar como incorrecto el adjetivo parolímpico anteponiéndole el signo de rechazo llamado bolaspa, de creación reciente, y remitendo a la forma irregular paralímpico. (La bolaspa se antepone a palabras mal formadas, como paralepípedo en vez de paralelepípedo o paralís en lugar de parálisis) La formación correcta de las palabras compuestas con la preposición pará y un segundo elemento iniciado por vocal exige siempre la eliminación de la a final de pará, no la de la vocal inicial del segundo componente. Así se forman, de manera total- E DE NUEVO SOBRE PAROLÍMPICO VALENTÍN GARCÍA YEBRA DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA mente correcta, parodia, paronomasia, parótida, paroxismo y paroxítono, que, si se hubieran formado como paralímpico, conservando la a final de pará y suprimiendo la vocal inicial del segundo componente, serían paradia, paranimia, parátida, paraxismo y paraxítono. Las páginas 275- 280 de mi libro El buen uso de las palabras contienen dos artículos titulados Juegos parolímpicos (págs. 275- 277) y ¿Parolímpicos o paralímpicos? (277- 289) donde se expone con suficiente amplitud y claridad total cuál es la forma verdaderamente correcta de esta palabra maltratada por la ignorancia lingüística y la arrogancia de quienes lograron que instituciones tan prestigiosas como la Real Academia Española y la Agencia Efe abandonaran su justa postura inicial, sostenedora de la forma correcta parolímpico y aceptaran paralímpico. En la página 226 de mi Diccionario de galicismos prosódicos y morfológicos se dedica media columna a explicar la formación incorrecta del galoanglicismo paralímpico, calco del ing. paralympic fr. Paralympique, formas tan incorrectas como el inglés paranomasy, marcado por el Oxford English Dictionary con el calificativo erroneus por conservar la a final de pará y suprimir la o inicial del segundo componente. Ni el Diccionario Inglés de Oxford (1989) de veinte grandes volúmenes, ni el Diccionario histórico de la lengua francesa (1992) de dos mil trescientas ochenta y tres páginas de gran tamaño, han acogido la palabra mal formada en sus respectivas lenguas.