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26 VIERNES 25 11 2005 ABC Internacional Los palestinos abren hoy en Rafah su primera frontera no controlada por Israel Una misión europea, con quince guardias civiles españoles, supervisará la seguridad b Cuarenta y tres cámaras, que enviarán la información a una oficina de enlace en Israel, captarán en tiempo real los registros de equipajes y los controles de documentos JUAN CIERCO. CORRESPONSAL GAZA. Los ojos de Ahmed lo dicen todo. O casi. Los de Walid también hablan por sí solos. Como los de Mohamed y Mahmud. Y los de Ittisaad, Rania y Rima, pintados pero no demasiado, para no levantar ampollas en casa. Son ojos todavía tristes pero esperanzados. Todavía incrédulos pero confiados. Todavía apagados pero expectantes e inquietos. Ahmed, Walid, Mohamed y Mahmud no creyeron nunca que la evacuación judía de Gaza fuera a convertirse en realidad. Ittisaad, Rania y Rima dudaron siempre sobre la posibilidad de cruzar el paso fronterizo de Rafah, entre su maldita Franja y la puerta al mundo que para ellas es Egipto, sin la vigilancia directa y cercana de soldados israelíes. Hoy, Ahmed y Walid; Mohamed y Mahmud; Ittisaad, Rania y Rima, jóvenes palestinos con aficiones diversas, objetivos en la vida diferentes, sonríen. Con sus ojos más que con sus bocas. Pero sonríen. Y lo hacen porque la retirada israelí de Gaza de este verano ha dado pie a algo más importante para ellos, muchachos y chicas con enormes ganas de vivir, de viajar, de conocer, de ser tan normales como los jóvenes de su edad de cualquier país del mundo: la apertura de una vía de escape por la que huir de la cárcel que ha sido, y seguirá siendo mientras mantenga niveles de paro como el 38 por ciento actual, la Franja mediterránea de Gaza. Palestinos procedentes de Egipto cruzaban el paso fronterizo de Rafah hacia el interior de la Franja de Gaza viaje planeado desde hacía meses... Ya no será así. En Rafah, desde hoy mismo, cuando la terminal de paso sea inaugurada por el presidente Mahmud Abbas, no habrá un solo soldado israelí por vez primera en la historia de las fronteras palestinas. Habrá, y de eso se encargarán los más de cincuenta agentes de la UE (entre ellos quince guardias civiles españoles) enviados para supervisar los mecanismos de seguridad, estrictos controles de mercancías, equipajes y pasaportes. La secuencia será permanentemente retransmitida en directo por 43 cámaras de circuito cerrado hasta una oficina de enlace en Kerem Shalom (Israel) en la que trabajará codo con codo personal israelí, palestino y europeo. El paso estará abierto, en un principio, doce horas al día, aunque la intención es que pronto funcione sin interrupción. Los palestinos de entre 18 y 40 años (las mujeres no) necesitarán de un visado egipcio para poder cruzarlo. Los milicianos incluidos en las listas negras hebreas lo tendrán vetado. Los extranjeros tampoco podrán transitarlo, salvo diplomáticos, inversores especialmente autorizados y casos humanitarios o de emergencia. Otros detalles de seguridad quedan en el tintero de la imprescindible confidencialidad de la que hace gala el responsable europeo de la misión, el general de los caribinieri italianos Pietro Pistolese. Pero a Ahmed y Walid, Mohamed y Mahmud; a Ittisaad, Rania y Rima, no les importan demasiado. No vamos a poner pegas a lo mejor que podía pasar en Gaza. Es como si nos regalaran 10.000 dólares y discutiéramos que si este billete de cien dólares está sucio, manchado, arrugado o pintado explica Ahmed, consciente de que su familia, que vive desde hace quince años en Egipto, está más cerca que nunca. Su risueña mirada está menos justi- AP ficada que la de sus compañeros. Entre otras cosas porque Ahmed, como otros 70.000 palestinos de Gaza, carece incluso de documento de identidad palestino. No lo recibió por no estar aquí su familia en 1967, y lucha desde hace años por lograr uno. Ahora, con la apertura de Rafah y el control de seguridad en manos palestinas, será más fácil conseguirlo. Y una vez que deje de ser irregular podré ver a mi madre y a mi padre después de ocho años Más de 1,3 millones de palestinos No es que Rafah lleve cerrado muchos años. No. No es que el paso entre Gaza y Egipto, con el vecino y amenazador corredor Filadelfi a tiro de piedra y de balas, haya sido un muro infranqueable para los más de 1,3 millones de palestinos que viven en Gaza. No. Pero aquellos que pretendían pasar por Rafah durante los últimos tiempos se enfrentaban a esperas interminables (algunas superiores a las tres semanas, en las que mujeres embarazadas han dado a luz en tierra de nadie) dependían de los caprichos del Ejército de Israel; sufrían la humillación de amontonarse como ganado para ser registrados, controlados, auscultados por agentes hebreos detrás de cristales tintados que, con sólo levantar el dedo acusador, podían dar al traste con un Encantados con los europeos El coronel Musa, responsable palestino de la seguridad del paso de Rafah, también está radiante. Todo está controlado. Todo está en su sitio. Todo funciona. Las cámaras, los ordenadores, los arcos de seguridad, los escáneres... ¿Los europeos? Estamos encantados con su presencia. Por fin vamos a poder demostrar (por mucho que lo intentáramos, los israelíes nunca lo reconocerían) que hacemos las cosas bien Más le vale. De haber problemas por su ineficacia o incapacidad, Israel tomaría nota, la UE abriría expediente, pero, sobre todo y por encima de todo, nunca se lo perdonarían Ahmed y Walid; Mahmud y Mohamed; Ittisaad, Rania y Rima, la esperanza en carne y hueso- -sus ojos hablan por sí solos- -del desesperanzado pueblo palestino. El paso estará abierto 12 horas diarias, aunque la intención es que pronto funcione sin interrupción Los extranjeros no podrán transitarlo, salvo diplomáticos, inversores autorizados y casos humanitarios