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ABC VIERNES 25 11 2005 Opinión 7 cinco veces la cantidad de dinero que había sido pagada en ese trato amañado. Ucrania debe seguir este camino, si es que nuestro pueblo ha de confiar en la ley y sus instituciones. La lección de la venta abierta de Kryvorizhstal es clara: si un presidente no puede actuar a su antojo, de manera arbitraria, por prerrogativas personales, nadie puede hacerlo. Ni los ministros, ni el Parlamento, ni las mayorías, ni los individuos ni las multitudes. Sólo adhiriéndose a esta ley superior Ucrania podrá desarrollar la conciencia de la ley que una verdadera libertad exige. LA ESPUMA DE LOS DÍAS GLORIOSA TRUFA BLANCA ENDITOS sean los meses en que la fragancia de la trufa blanca pasa por nuestros paladares como algo feérico y casi imposible. La tenemos en nuestro plato, sobre un rissoto una pasta fina, un puré, cortada en rodajas finísimas, y luego viene el maître con el cofre del tesoro y ralla otro poco más de trufa, un plus en verdad muy caro, para que saboreemos más aún la calidad reverente de ese hongo otoñal, localizado bajo tierra por el hocico de perros o cerdos amaestrados según leyendas casi secretas. Esa cosa subterránea y de silueta globulosa, fruto del diablo según las restricciones medievales, reanima e VALENTÍ ilumina de repente el PUIG viejo bodegón zumbante de abejas, junto al manantial de aguas profundas. Esos son contentos olorosos del otoño. A uno se le ocurre que un poco de trufa blanca le iría bien a la vida pública de ahora mismo, tan encrespada, tan artillada retóricamente, a veces semejante a una guerra de trincheras en la que los enemigos que de día se han vigilado armados hasta los dientes, llegada la noche se saltan las alambradas y juegan juntos al bacarrá hasta bien entrada la madrugada, mientras los espectadores están en la cama, con pesadillas político- mediáticas, con el mal sueño de la indigestión de quien se cree todo aquello que le cuentan sobre la guerra. Un maître comprensivo debiera rallar el canto romo de una trufa blanca sobre el menú de la opinión pública, a menudo limitado tan arbitrariamente a la condición de plato único, como en años de carestía. Cuanto más pluralista la sociedad, más rotundos aparecen los monolitos de la opinión preponderante. Están los políticos no poco en el partidismo más obtuso y feo. Líderes de opinión reprenden y sermonean, abren en canal los cuerpos políticos y, por no saber cómo coserlos, por ahí los dejan, con las vísceras palpitantes y un añadido avieso. Al saltarnos la diferencia entre opinar y la exhortación, al practicar la arenga y el enardecimiento de las tropas, limitamos la opinión al blanco o negro, a la ocultación del matiz, a la imposibilidad de que otros puedan tener su parte de razón. Una ligera aproximación a la trufa blanca pudiera librarnos de sabores tan ásperos, de tanta hostilidad y de tanto encono. Un escritor gastronómico dijo que hay dos razas de comedores de trufas, una que cree que las trufas son buenas porque son caras, otra que sabe que son caras porque son buenas. Algo parecido ocurre con quienes todavía creen con la mejor de las voluntades que la mejor opinión pública es la más destemplada. vpuig abc. es Al identificar la ley con sus derechos concedidos, los oligarcas que ¡por ahora! han sacado de su recto camino los ideales de la Revolución Naranja trataron de blindar sus propios intereses contra cualquier desafío. Sin embargo, el hecho de que los hombres perviertan una verdad no es razón para abandonarla. Si, como Marx nos enseñara, la creencia en una ley superior es una combinación de sentimentalismo, superstición y racionalizaciones inconscientes, entonces el estado de las cosas que dio origen a la Revolución Naranja es en realidad la única condición en que podemos vivir. Tendremos que renunciar a la esperanza de vivir en libertad en una sociedad y un mercado ordenados, y resignarnos a esa guerra interminable de todos contra todos de la que hablaba Hobbes. De hecho, las políticas que hoy se nos quiere ofrecer parecen estar en contradicción con los ideales de nuestra revolución. Se nos pide escoger entre solidaridad social y crecimiento económico. Para escapar de la necesidad, se nos pide que apoyemos la ilegalidad. Para promover la verdad, se nos dice que los viejos crímenes (incluso la decapitación de un periodista y el envenenamiento de nuestro presidente) no se deben examinar en detalle. Estas disyuntivas son tan falsas como intolerables. Y, sin embargo, son las opciones que nos ofrecen nuestros influyentes dogmatizadores. No obstante, verlas como las únicas alternativas de Ucrania es confundir cansancio con sabiduría, y estar desalentado en lugar de comprender. No puede ser así, ya que la cruzada por la ley tiene una energía irresistible. Ninguna obstrucción humana puede soportarla por demasiado tiempo. Aunque de vez en cuando debamos retroceder un paso, como ha sucedido recientemente, sólo obedeciendo a esta ley superior será posible para Ucrania lograr libertad y prosperidad para todos. Que no quepan dudas: lo lograremos. Project Syndicate, 2005 B nes y una resistencia espontánea. Por eso mi Gobierno trató de recuperar la propiedad estatal robada. Al hacerlo, y después al ofertarla de manera transparente, los ucranianos vieron que una acción arbitraria podía enmendarse, que el imperio de la ley se aplicaba tanto al poderoso como al débil. De hecho, esto ocurrió con la única recuperación de propiedad que mi Gobierno pudo llevar a cabo, el gigante siderúrgico Kryvorizhstal, que el cuñado de nuestro ex presidente obtuviera en una venta arreglada a precio de bagatela. Cuando se vendió nuevamente, Ucrania recibió más de PALABRAS CRUZADAS ¿Debe el Gobierno devolver a UGT su patrimonio histórico? NO ESTÁ EL PATIO PARA REGALOS SUUM CUIQUE N O reiteraré que los sindicatos son imprescindibles en la democracia industrial, que han hecho un buen papel en la España actual, que son útiles y que sin sindicatos la sociedad funcionaría peor. Pero este decreto de presunta devolución de un hipotético patrimonio histórico huele a chamusquina, esconde más de lo que muestra. No es lo que dice, es otra cosa, es un favor- chapuza para tapar el boquete de la PSV y saldar esa vieja cuenta en los balances de UGT y del ICO. ¿No se podía solventar ese problema de otra manera? El precedente que sienta es horrible, más aún cuando CC. OO. ha mostrado se rechazo y cuando algunos diputados socialistas, como AntoF. GONZÁLEZ nio Gutiérrez, han votado en conciencia URBANEJA y en contra. ¿Por qué a UGT y no a todos aquellos que anden necesitados y que puedan argumentar viajas cuentas? ¿Qué consecuencias no previstas va a provocar esta alcaldada? ¿Cuántos van a relativizar sus reivindicaciones con este precedente? ¿Resistirá el decreto ley un recurso en los tribunales? Demasiadas preguntas que abren brechas de incertidumbre tan indeseables para la propia UGT como para el Gobierno y la solvencia parlamentaria. Cuando hay que esmerarse en rigor y celo, se lanzan por lo arbitrario. ¿Qué mosca les ha picado? C ÁNDIDO Méndez y la UGT defienden un precepto jurídico clásico: suum cuique tribuere dar a cada uno lo suyo. Como es verdad, y además es un fundamento del liberalismo, no puedo estar más de acuerdo. Eso sí, tiene gracia ver a los sindicatos, grandes enemigos de la propiedad privada, defendiéndola. Les encantaría aumentar el impuesto sobre el patrimonio ajeno, sea histórico o no, pero mire usted cómo cuidan el suyo. Un aspecto crucial es si de verdad es suyo. Sospecho que no todo, sospecho que quizá el famoso patrimonio sindical tiene en parte un origen expropiatorio que se pierde en los años turbulentos de la guerra y antes (ignoro C. RODRÍGUEZ qué pasó, por ejemplo, con los sindicaBRAUN tos cristianos, que eran importantes entonces) Pero si se prueba que es suyo, hay que devolvérselo. Y por soñar, que no quede. A partir de ese momento, UGT y los demás sindicatos deberían respetar ese antiguo principio y vivir con lo suyo, es decir, no deberían recibir ni un euro de los contribuyentes, y financiarse sólo con las aportaciones voluntarias de sus afiliados. Sentarían así el ejemplo para corregir más prebendas, y, por volver al clásico, cumplirían con otro viejo mandato: alterum non laedere no molestar a los demás. ¿Y usted qué opina? 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