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6 Opinión VIERNES 25 11 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA YULIYA TYMOSHENKO EX PRIMERA MINISTRA DE UCRANIA EL NÚMERO NO DA LA RAZÓN UANDO, perdida la vergüenza, un partido en el Gobierno reduce los planteamientos de la razón a la mera contabilidad de los escaños, la democracia se ahueca y se nos vuelve fofa. Estoy pensando en José Montilla. Nadie no afectado por la fiebre partidista podría defender, desde la decencia y el rigor, la posición política del personaje. Aunque la voluntariosa vicepresidenta del Gobierno haya encontrado 19 razones para avalar el trabajo del ministro de Industria y defender su continuidad en el Gobierno, es evidente la incompatibilidad entre el secretario general de un partido moroso y su estancia al frente de una cartera diM. MARTÍN rectamente relacionada FERRAND con la institución financiera que alegre e irresponsablemente, en perjuicio de sus impositores, administra el interés común con el más personalizado de los criterios. Muy posiblemente, Montilla, el promotor de una norma para evitar la morosidad en los pagos- ¡ole, señor ministro! seguirá en sus puestos y con ello el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero habrá perdido su dignidad al tiempo que el partido de Pasqual Maragall, otrora socialista y hoy nacionalista, diluirá su respetabilidad. Ese es el inconveniente de los juicios de valores correspondientes al orden ético: no se ganan o pierden por razones de número o cantidad, sino en función de los criterios morales del observador. De nuevo es una historia furtiva relacionada con la financiación del socialismo la que compromete el respeto de uno de los dos grandes partidos nacionales y abre una vía de agua en su línea de flotación. Esta nueva filesa valga la expresión, es una bomba de tiempo situada en el corazón del PSOE y de sus franquicias nacionalistas. Si esperan neutralizarla con la réplica de las acusaciones, con la falsa asunción de que todos somos iguales pincharán en hueso. Todos somos iguales, claro está, en los derechos; pero, afortunadamente para el bien común, no todos lo son en la conducta. Es posible que la fuerza de Montilla resida en su sabiduría. Seguramente, dados su cargo y su experiencia, sepa cosas mucho peores y más escandalosas que las que ahora le señalan como un ministro indeseable y un secretario general impresentable; pero, aunque la vicepresidenta De la Vega haya encontrado 19 razones que le defiendan, ¿cuántas son las que le señalan como inadecuado? En esto, contra lo que marca la tradicional astucia al modo socialista, dejar pasar el tiempo no suele actuar en defensa del personaje al que se ha pillado en falta; sino, por el contrario, lo frecuente es que extienda el mal a su entorno catalán, y el desprestigio, dada la coincidencia de la opa contra Endesa y el curso del nou Estatut, a todo el ámbito socialista nacional. C LA LUCHA DE UCRANIA POR EL IMPERIO DE LA LEY La autora, pieza esencial de la Revolución Naranja y del gobierno resultante tras su triunfo, analiza la frustración y el- -a su juicio- -fracaso que ha supuesto un proceso de privatizaciones en el que se dio de lado a la ley U N año después de nuestra Revolución Naranja, muchos ucranianos sienten que sus ideales han sido traicionados. La convicción de que es posible lograr un gobierno que rinda cuentas al pueblo y un mercado transparente que esté libre de especuladores que se aprovechan de información interna ya no guía la política del Ejecutivo. En su lugar, los ideales por los que luchamos parecen eslóganes que invocan quienes desean proteger sus intereses creados. Los cínicos explican esto diciendo que nuestros ideales naranjas nunca fueron otra cosa que las racionalizaciones de un grupo de oligarcas que luchaba por sacar a otro del poder. Dicen que el celo de quienes prometieron reformas se convirtió en celo por conservar sus riquezas personales y las de sus amistades. ¿Cómo llegó Ucrania a este estado de cinismo? Hace un año, todos quienes nos manifestábamos en las calles de Kiev sabíamos contra qué luchábamos: un Gobierno corrupto que intentó manejar a su antojo la vida, el trabajo y la propiedad estatal. A pesar de que existían derechos legales formales, no se podía confiar en ningún tribunal para su aplicación. Al derribar ese régimen, creímos que esta forma de absolutismo había llegado a su fin. En lugar de ello, quienes se beneficiaron con las corruptelas del régimen insistieron en que sus derechos a las propiedades que habían robado eran inviolables. Estos capitalistas de camarilla argumentan que, si los dejan desarrollar sus bienes en paz, darán prosperidad al país. Esta es la excusa más antigua para justificar los actos carentes de ética: el fin justifica los medios. Sin orígenes legítimos, el poder, sea político o económico, es arbitrario. Una economía que resulta arbitraria e ilegítima a los ojos de la mayoría del pueblo puede, por un tiempo, funcionar sobre la falsa confianza de las utilidades fáciles. Sin embargo, la corrupción es inevitable porque el imperio de la ley depende del consentimiento de todos sus participantes. En el corazón del proceso de privatización en Ucrania hubo una radical falta de apego a la ley. De manera que no nos debemos dejar engañar por el hecho de que quienes obtuvieron poder económico mediante el saqueo de los recursos del Estado ahora empleen abogados, invoquen las panaceas del libre mercado y afirmen que siguen la letra de la ley, pues existe una cosa llamada legalidad ilegal. A este respecto, los oligarcas y sus títeres políticos que insisten en lo sagrado de su derecho a la propiedad robada hacen la misma inaceptable afirmación que el régimen que derribamos: que tienen un derecho inabrogable al ejercicio del poder. Niegan el principio de que hay una ley que es superior a presidentes, magnates, mayorías o turbamultas. Para mantener un orden constitucional y un sistema de libre mercado viable, se necesita una desafección intuitiva hacia la arbitrariedad, sensibilidad ante sus manifestacio- -Qué lección les estamos dando a los políticos alemanes, incapaces de pensar en ellos antes que en su nación.