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94 Deportes LIGA DE CAMPEONES GRUPO F JUEVES 24 11 2005 ABC Expectante al comienzo del partido Eufórico con el gol de Guti Vanderlei Luxemburgo no se tapó en su función de coronel al mando del Real Madrid. Sentó a Míchel Salgado y a Baptista. Dirigió el partido con intensidad desde la zona técnica, pero al final del encuentro el público le abucheó cada vez que salió del banquillo La grada le increpó al grito de ¡fuera, fuera! cuando sustituyó a Beckham por Míchel Salgado Su momento de felicidad fue el gol de Guti, al que levantó el pulgar en un gesto de complicidad cada treinta segundos porque el encuentro ya no tenía un dueño. Su minuto de prime time fue el 20. Se desgañitó con los defensas para que el equipo no se hiciese excesivamente largo y los franceses no encontrasen demasiados espacios en el centro del campo. No había terminado de transmitir el mensaje cuando se fue como una fiera hacia los dominios del cuarto árbitro para pedir explicaciones por un posible penalti a Zidane en una jugada embarullada en el área gala. Fue De pie, pero en la diana TEXTO JULIÁN ÁVILA FOTOS IGNACIO GIL MADRID. El banquillo del Real Madrid es una silla eléctrica para Vanderlei Luxemburgo. Y mucho más ayer, cuando se anunciaba un plebiscito para jugadores y técnico ante un rival como el temido Olympique de Lyon. Pero Luxa es el coronel y no se sintió vigilado pese a los rumores que anuncian a bombo y platillo su entierro deportivo. Sentó a Míchel Salgado, una de las vacas sagradas del vestuario, y dejó a Baptista en el banquillo. Como mando ejemplar no se tapó. Siguió sin inmu- tarse desde la banda el calentamiento que dirigió Antonio Mello. Pensativo, con la mirada perdida en algún punto indefinido del estadio fue quemando la tensa espera. Luego, en el vestuario, la última charla. Y a jugar. Vanderlei no acostumbra a seguir los encuentros desde la moderna butaca del banquillo. Prefiere plantarse en la zona técnica para corregir sobre la marcha. Ayer se pertrechó en la madriguera más de lo esperado. No saltó como un resorte en el minuto cinco cuan- do Pavón entregó por error un balón a Carew al borde del área y llegó el primer susto serio para la grada. Aguantó hasta el minuto dieciocho. Todo un mundo, quizá porque el Madrid dominaba el partido y no pasaba apuros. Fue entonces cuando se erigió su estiloso perfil. Nadie pitó. Es más, él pitó. Mandó un recado a Roberto Carlos porque cometió un error de juvenil y casi llega el primer gol francés. Ya no se sentó en todo el primer tiempo. Iba y venía desde la silla a la zona técnica