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ABC JUEVES 24 11 2005 Opinión 7 exaltados- -son del pueblo Lo cierto es que según casi todos los indicadores funcionan muy bien; otra cosa es que haya notables diferencias en eficacia y profesionalidad entre unas y otras. Existe un cierto acuerdo sobre la existencia de dos cuestiones relevantes para su futuro: el llamado problema de los fondos propios (cómo crecer complementando la autofinanciación con aportaciones financieras sin derechos políticos) y la llamada politización LA ESPUMA DE LOS DÍAS DEMASIADOS AGUJEROS NEGROS A financiación de los partidos políticos españoles está montada sobre una enorme hipocresía, y de poco o nada sirve para camuflarla que los grupos pillados en falta rebusquen en los basureros de las cuentas fallidas del adversario para blanquear los pecados propios: tarde o temprano el chapapote de las deudas nunca pagadas, o de los canales irregulares ideados para advenir fondos imposibles de obtener por medios legales, termina por pringarlos a todos. El caso de la deuda condonada por La Caixa a los socialistas catalanes viene agravado, es cierto, por una circunstancia demoledora que lo hace diferente: una cantidad de dinero muy imEDUARDO portante les fue perdonaSAN MARTÍN da cuando su máximo dirigente era ya el ministro competente para entender de decisiones económicas que afectaban a la entidad condonante. El asunto deberá ser aclarado hasta sus últimas derivadas porque la probidad de los servidores públicos, como la honra de la mujer del César, debe ser real desde luego, pero también aparente. No basta con proclamar que, mientras no se pruebe, hay que abstenerse de acusar a un alto funcionario de haber dispensado favores a quienes se los han otorgado a él; lo que importa de verdad es que ni siquiera haya sido puesto en situación de poder hacerlo. Además de la presunción de inocencia que cubre a todos los mortales, a los responsables de la cosa pública debe ampararles también la presunción de falta de interés personal en los asuntos sobre los que vienen obligados a decidir. Nos encontramos, sin embargo, ante una miseria más- -grave, pero una más- -de un sistema que produce muchos más agujeros negros que los que son capaces de detectar los telescopios empañados de los tribunales de cuentas. De forma que tanto la reacción (lícita) del oponente que hurga en las llagas del infractor como la defensa (comprensible) de quien utiliza el ventilador para destapar las flaquezas del acusador carecerán de cualquier credibilidad mientras ambos no se sientan a una mesa para deshacer la falacia sobre la que descansa todo el entramado: la de que, sólo a los efectos de no irritar a los contribuyentes, se presupone a los partidos una austeridad espartana que luego son incapaces de llevar a la práctica. Los partidos gastan mucho más de lo que ingresan y el déficit sólo se puede cubrir de aquella manera Hay dos tabúes sobre los que las formaciones políticas españolas prefieren seguir pasando de largo: éste de los dineros de los partidos y el de los sueldos de los cargos públicos. En ambos casos, prefieren no afrontar un debate público por temor a que les pueda lastrar con más dosis de popularidad de las que están dispuestas a soportar, como si la porquería que se filtra por entre los bajos de una apariencia que nadie se cree no les hubiera colocado ya en el banquillo de las instituciones que peor valoran los ciudadanos. El que las Cajas sean de nadie quiere decir que no tienen accionistas, pero no que carezcan de decisores y eso plantea problemas adicionales a los habituales entre los propietarios (principales) y los administradores (agentes) a la hora de alinear sus objetivos. Si las Asambleas, Consejos de Administración y Comisiones de Control están gobernados por políticos, sindicatos o coaliciones entre ellos, nada- -salvo los límites de la regulación financiera- -impedirá que sus decisiones sirvan más a los intereses partidistas, clientelares o de grupo que al interés general, si es que son capaces de definirlo. Sus actuaciones estarán al albur de su ética y profesionalidad, cualidades cuya distribución no es precisamente homogénea. Esta forma de control público- -así lo considera la Comisión Europea si la participación de las administraciones supera el 50 por ciento- -de la propiedad de nadie es defendida por algunos y considerada más democrática que aquélla de las instituciones financieras privadas, y en eso coinciden con ideologías lejanas. Ya el punto 14 de la norma programática de Falange Española proponía en 1934 la nacionalización del servicio de banca (sic) No se trata ya de que las entidades compren favores políticos para mejorar sus cuentas de resultados, sino de que cada facción política hace de su capa un sayo para conseguir prebendas para su propia organización o para sus fieles Si se quiere preservar la naturaleza de las Cajas de Ahorros, bien harían en limitar o anular estos excesos que están en boca de todos como si de una plaga inevitable se tratara. Sólo con transparencia e incompatibilidades se puede conseguir, además de con la oportuna modificación de algunos artículos muy concretos de su regulación nacional y autonómica. Si mala es la corrupción, peor es la corrupción hecha hábito socialmente aceptado. Claro que nuestro problema es más bien la politización partidista de todo lo politizable: las opas, los organismos reguladores, los medios de comunicación, la religión, el apoyo a las empresas, la familia o la educación. No iban a ser las Cajas una excepción. L ÁNGEL CÓRDOBA ción: fundacionales pero no fundaciones, privadas pero controladas por entes públicos y al final por partidos y sindicatos. Las Cajas son beneméritas empresas que se sitúan por delante de los bancos en depósitos (55 por ciento del total) y en créditos (47,59 por ciento) y que dedican parte de sus excedentes a la filantropía y al mecenazgo. Las Cajas, 46 en la actualidad, no tienen accionistas, y eso lleva a sus detractores o competidores a decir que no son de nadie y que juegan con ventaja. Sus defensores- -muchos y bien pertrechados intelectual y económicamente- -llegan a afirmar que son de los depositantes, o que son de todos o- -los más PALABRAS CRUZADAS ¿Cuál debe ser el futuro político de Montilla? DIMISIÓN NO, CESE VETE, MONTILLA, POR TU BIEN Q UE lo echen, que lo destituya Zapatero. Pocas veces coincido con mi vecino de la derecha, pero son tan fuertes las razones que aconsejan poner punto final a la carrera ministerial de un político, que no hay divergencia posible. Aunque soy más drástica que Jáuregui respecto a Montilla: él, siempre salvador, se inclina por la dimisión; yo creo que debe recibir la carta de cese. Y además aporto un dato ahora que no me escucha nadie: destacados socialistas, e incluso algún compañero del propio Montilla, han confesado en petit comité que la situación se les está poniendo imposible con Montilla aferrado a su cartera. No pasa nada porque se le haya condonado una deuda a un partido, aunque a los PILAR mortales nos llena de rabia porque no sólo CERNUDA no nos condonan nada, sino que nos crujen a multas por retrasos. Lo malo es que el ministro de Industria tiene poder decisivo en un asunto que es prioritario, vital, para la entidad financiera que condonó la deuda. Y ya puestos, aunque a Zapatero le parezca una bazofia la interpretación, afirmo que no es pecado entrevistarse un domingo por la noche con el presidente de la Comisión Europea y enviarle un avión; lo inaceptable es hacerlo clandestinamente, como si en efecto fuera pecado. Y lo torpe, lo torpísimo, es hacerlo cuando la UE debe tomar una decisión sobre la dichosa opa. Pero a Zapatero no se le puede destituir con una carta entregada por motorista. C REO que no voy a discrepar demasiado hoy de mi compañera de columna. Pienso que ahora mismo es malo, para él, para su partido y su Gobierno, para España, que José Montilla siga en el cargo de ministro. Es mejor, lo digo sin acritud, que se marche antes de que las heridas sean incurables. Acaso mi discrepancia con la vecina resida en el método: el señor Montilla, cuya inocencia o culpabilidad soy incapaz de prejuzgar, por lo que me veo forzado a presumir lo primero, debería, más aún por estética que por ética, abandonar ese cúmulo de cargos incompatibles, antes que ser destituido. No se puede ser juez y abogado, fiscal y parte, delegado oficioso de la Generalitat FERNANDO en Madrid y vigilante de los intereses caJÁUREGUI talanes desde la atalaya ministerial, sin despertar lógicos recelos. Montilla no tiene ya quien le escriba (a favor) y ni siquiera lo defienden quienes deberían hacerlo en su ministerio, o en La Moncloa, en Ferraz, o Gobelas. Estás solo, Montilla, con poderosos enemigos que ejercen contra ti la vendetta mediática, no sin cierto matonismo, pero tampoco sin algo de razón. No has convencido de tu inocencia (el ventilador de la basura y el tú más no bastan) y eres un problema para tus jefes y compañeros políticos: a este paso, obligarás a Zapatero a apresurar una amplia crisis ministerial. Que, por otra parte, ya va haciendo falta. ¿Y usted qué opina? Deje su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate