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64 Cultura MIÉRCOLES 23 11 2005 ABC María Giménez pone de largo a su compañía de ballet con Giselle b El Ayuntamiento de Madrid se comprometió ayer a colaborar de manera estable con el conjunto, que empezó su actividad en octubre en Santander J. B. MADRID. Con el eco de las visitas de Tamara Rojo y Ángel Corella a Madrid todavía vivos, otra de las grandes bailarinas españolas, María Giménez, rompe el habitual desierto de la danza clásica en la capital con la presentación de su nueva compañía, Arte 369- -un nombre cuyo significado no quiere desvelar la artista- que estrenará mañana Giselle en el Teatro de Madrid. La botadura oficial de este conjunto- -un nuevo intento de crear una compañía privada de ballet clásico- -se produjo en Santander, el mes pasado, y ahora llega a Madrid, donde estará hasta el 11 de diciembre. La propia María Giménez, premio Nacional de Danza, encarna a la protagonista, Giselle, mientras que para el papel de Albrecht, su enamorado, ha viajado hasta Madrid el argentino Maximiliano Guerra, uno de los grandes bailarines de la actualidad. Treinta y cuatro bailarines componen el cuerpo de baile. María Giménez, como es lógico, se mostraba ayer muy satisfecha de la decisión de emprender esta aventura a pesar de las dificultades, porque España necesita una compañía de ballet clásico Su intención es profundizar en el repertorio clásico, y confía tener como compañeras de viaje a las instituciones públicas, de las que espera generosidad. De momento, el Ayuntamiento de Madrid prometió ayer, a través de Manuel Lagos, su director de actividades culturales, una colaboración estable con María Giménez. No se ha definido la manera todavía, dijo Lagos, pero la voluntad existe. María Giménez comparó la danza clásica con el arte y dijo que no creía en la modernización de las coreografías clásicas que, según ellas, resisten el paso del tiempo igual que lo hace un cuadro de Goya, aunque la técnica haya evolucionado. Giselle es uno de los ballets más representados. Prácticamente todas las grandes compañías lo tienen en su repertorio. Narra la historia de una joven campesina a quien seduce un noble. Al enterarse ella del engaño, enloquece y muere. Ejemplo del ballet romántico, el segundo acto se desarrolla en un bosque en el que se aparecen a medianoche las willis los espíritus de las mujeres que han sido abandonadas por sus novios antes de la boda y que, si se encuentran con un hombre, le obligan a bailar hasta lograr su muerte. Chris Martin, vocalista de Coldplay, en un momento de su contundente concierto de anoche en Madrid EFE MÚSICA Concierto de Coldplay Fecha: Martes 22 de noviembre. Lugar: Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid BUENOS CHICOS PABLO CARRERO o hacen todo tan bien que hasta producen cierta repelencia, la misma o parecida que daba el clásico empollón de la clase; son tan perfectos que se acaban no cayendo bien, haciendo que algún compañero de profesión le desee a Chris Martin una manita a cargo del macarra de Liam Gallagher. Pero, hay que fastidiarse: si sus discos- -correctos, agradables, escasamente molestos- -son cada vez más aburridos, los conciertos de Coldplay son más entretenidos, vistosos y animados en cada nueva gira (infinitamente más, en cualquier caso, que los de los pelmazos de los Gallagher, que precisamente ocupaban el mismo escenario hace solo unas semanas, sembrando bostezos por doquier) Pero Coldplay son listos, son hábiles y se lo creen demasiado como para dejar cabos sueltos. Todo en su espectáculo está perfectamente pensado; calculado milímetro a milímetro para que quede a la altura de su arrolladora popularidad. Y lo cierto es que el concierto que servía para la presentación ante el público español de las canciones de su más reciente álbum, X y un disco tan soso como los anteriores y seguramente con un nivel menos atinado en lo que se refiere a la composición, fue verdaderamente espléndido. Ubicados ya en el limbo de las estrellas del rock, a Coldplay les basta con L alguna melodía de gancho, un sonido tan pulcro y grandilocuente como el que exhiben en su álbum y una buena campaña promocional para cumplir con las expectativas, de modo que el cuarteto londinense sigue encabezando la primera división del actual pop británico, y, de acuerdo con esa condición, el Palacio de los Deportes de la Comunidad ofrecía un lleno absoluto, y, naturalmente, un ambientazo ante el cual difícil se iba a poner que el concierto no fuera un rotundo éxito. Lo fue, desde luego, y no solamente por la inmejorable predisposición del público, sino también por la sobria pero brillante y efectista puesta en escena, por el magnífico sonido- -muy pocas veces antes se había logrado una acústioca tan nítida y a la vez contundente en el palacio, ni en el antiguo ni en este nuevo, que ya va teniendo curriculum- por los atractivos vídeos que se proyectaban sobre el fondo del escenario, por un repertorio que no se olvidó de ninguno de los muchos éxitos del grupo y, especialmente, por la contundencia en directo del cuarteto.