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6 Opinión MIÉRCOLES 23 11 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JOSÉ MARÍA POZUELO YVANCOS PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE TEORÍA DE LA LITERATURA CONTRA EXCELENCIA, MEDIOCRIDAD SEGURAN los mexicanos, gente buena que vive con la pasión encendida, que no es bueno, entre bomberos, andarse pisando la manguera. Traído el dicho de allá para acá y quitándole el casco a los bomberos para dejarles en purititos políticos, el lema incrementa su valor. Tanto que, desde el advenimiento de José Luis Rodríguez Zapatero, los padres de la Patria no tocan el suelo, sea éste de parqué, moqueta o cerámica. Sólo andan pisando el zigzag de las mangueras ajenas. Es una alarmante pulsión que puede llegar a ser extremadamente grave si, Dios no lo quiera, llega a producirse algún incendio. El vicio cursa sin excepciones partidistas y M. MARTÍN sin huecos fulanistas. FERRAND Aquí, como en el Carnaval napolitano, nadie se quita el disfraz y todos bailan, dándose o quitándose el agua, al margen de cualquier reglamento. Ahí están, por mirar primero los síntomas del poder establecido, dos ministros estelares, José Bono y Miguel Ángel Moratinos, sacando pecho y atribuyéndose, cada cual para sí mismo, la gloria y el mérito de que la presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal, haya garantizado que en su mandato no se ejecutará la sentencia de muerte que pesa sobre Francisco Larrañaga. Se pisan la manguera para presumir de lo que no admite presunción y es, de serlo, tarea para un segundo nivel en la embajada de Madrid en Manila. Cuando se tiene un Ejército sin tropa y un Servicio Exterior distante de los grandes ejes de la decisión internacional, parece excesivo que los titulares de tan notables carteras gasten su tiempo, mucho, y sus fuerzas, pocas, en tarea tan emotiva como irrelevante para el interés nacional. Por supuesto que los pisotones a la manguera del adversario resultan todavía más emocionantes, aunque igualmente infecundos. Ángel Acebes, secretario general del PP y persona de tantos méritos morales como liviano en su peso político, después de estudiar lo que nos pasa, tras una honda reflexión, ha concluido que el Gobierno de Zapatero es un auténtico churro Eso no llega a pisotón y se queda, como mucho, en un pellizco monjil sobre la dura piel ignífuga del PSOE. Aún coincidiendo con Acebes en la orientación de su juicio, ¿no merecen las circunstancias un análisis de más calado? La lista de pisotones, basta con repasar las páginas de esta edición de ABC, resulta interminable. Lejos de recuperar el espíritu y el diálogo de la Transición, como reclama el presidente de la Conferencia Episcopal española, Ricardo Blázquez, para el entendimiento entre la Iglesia y el Gobierno, parece haberse desatado una fiebre cainita, que desgraciadamente no nos es desconocida. No es que no haya entendimiento entre los unos y los otros; es que no lo hay tampoco entre los unos con los unos y los otros con los otros. Parece que el mal ajeno tiene más demanda que el bien propio. Esperemos que nadie grite ¡fuego! A ESCUELA, NO ALAMBRADAS Después de las revueltas en los suburbios franceses, el autor critica la falta de identidad cultural en Europa, derivada del desmantelamiento de la herencia grecolatina y de los estudios literarios y filosóficos. Esa ausencia de referencias hace que los jóvenes no puedan amar lo que no conocen L OS análisis sobre los sucesos de barbarie en Francia, algunos de los más agudos publicados en este periódico, nos arrojan la cruda realidad de que Europa no es una cultura que los europeos tengamos ganada, ni mucho menos. Europa es un contenido en parte bastante ajeno a muchos de quienes lahabitan, ajeno al imaginario que nutre susvivencias culturales. Haría bien la Comisión Europea y en concreto los ministros encargados de asuntos educativos y culturales en plantearse si no habría que invertir en la formación de una cultura europea tantas cantidades como se invierten en estructuras ferroviarias, en fondos de desarrollo o cualesquiera otros de los capítulos vinculados a las políticas de cohesión. ¿Qué es una cohesión? Claro está que es una moneda, claro que un mercado, pero ¿no se ha planteado el Parlamento europeo y la Comisión que por muchas que sean las vías monetarias, de comunicación o mercantiles, Europa solamente será una realidad cuando se cumpla el ejercicio de una identidad cultural de amplios contenidos que acerque a los ciudadanos de cada nación lo que son los otros ciudadanos de las otras nacionesque forman esoque llamamos común? Desmantelando como hemos ido haciendo la cultura grecolatina, los estudios literarios y filosóficos, y los contenidos a ella prendidos, nos hemos quedado con una estructura económica que no encuentra apoyo en una identidad cultural, en el sentimiento de una empresa y unas referencias comunes que nos identifique con otros europeos. Cuando ese gran humanista europeo que fue G. W. Goethe, en su conversación con Eckerman de 31 de marzo de 1827, ha- blaba de una Weltliteratur (Literatura Universal) como el horizonte al que debían dirigirse los estudios del futuro, estaba precisamente conjugando la defensa de ese ideal de cultura europea que él mismo había aprendido en los clásicos grecolatinos y en los italianos del Renacimiento y que tanto influyeron en el giro dado a su obra. Frente a las literaturas nacionales, atrincheradas en los espacios de sus propias singularidades, tan a menudo sobrestimadas, Goethe soñaba con un espacio de literatura, llamada universal por él, que uniera a todos los hombres de Europa, en una empresa que ayudara a sostener el edificio de la cultura humanista, cosmopolita y abierta, desarrollado solamente por ese tronco de los estudios literarios que se llamó la Literatura Comparada y que propongo que sedebería recuperar en la reforma de las titulaciones universitariasconun grado de Literatura y CulturaEuropea Comparada que se estudiase en los diferentes países de la Unión. Sería el momento, ahora que se está creando el Espacio Europeo de Educación Superior, animado por la Declaración de Bolonia, de repensar los estudios humanísticos y entre ellos los literarios, dentro de un marco europeo. Un Espacio Europeo de Educación debe ser algo más que definir estructuras de Grado, Posgrado, y una vertebración de equivalencias en unidades de créditos. Hay que pensar en que Europa debe ser también estimulada encuanto contenido común enartes, enhistoria, en pensamiento. Y la Literatura, el conocimiento de lo mucho que nos une, puede ser un elemento excelente de cohesión, del mismo modo que lo es la cultura básica grecolatina y el -Señor Durao Barroso: ¿a usted también le ha condonado un préstamo la Caixa de Cataluña?