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66 Cultura MARTES 22 11 2005 ABC CLÁSICA Orcam Obras de Boccherini Berio, Soler Marco, Torres y Ravel. Intérpretes: J. Segovia, clave. I. Alberdi, acordeón. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director: J. R. Encinar. Lugar: Arsenal, Metz (Francia) FLAMENCO XXII Festival de Jazz Tres cubano, guitarra, cante y baile: Grupo Son de la Frontera. Lugar: Centro Cultural de la Villa, Madrid. Fecha: 20- I EL TESTIGO ESCUCHÓN ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE GRAN RITUAL DE MUSICA FLAMENCA MANUEL RÍOS RUIZ H a hilado fino la Orquesta de la Comunidad de Madrid en el Arsenal de Metz, donde ha actuado como agrupación invitada de la Orchestre National de Lorraine. Hasta Francia ha traído las músicas madrileñas de Boccherini Berio y su Ritirata junto a la de Soler Marco presentada como Apoteosis del fandango el concierto para acordeón de Jesús Torres, que la propia orquesta estrenara hace poco más de un año, y la Rapsodia española de Ravel. La agrupación madrileña se crece en sus actuaciones fuera de casa. Viaja con los deberes bien hechos y hace de la responsabilidad virtud. La muy calurosa recepción dispensada por el público de Metz debería ser suficiente testimonio. Para más ahondar, al frente de la orquesta madrileña ha estado su titular, José Ramón Encinar, en un día de especial fortuna. No es fácil, pero en Metz se ha conseguido, dotar de unidad y coherencia el trabajo que Tomás Marco propone en su Apoteosis En definitiva, se ha reescrito la obra sabiendo colocar en una posición discreta a la percusión, aquilatando la peligrosa recurrencia rítmica, armonizando el afán deconstructivo de algunas partes o resaltando la guasa de ciertos efectos instrumentales. José Segovia, al clave amplificado, se hermanó añadiendo el justo punto de brillantez. Como Iñaqui Alberdi con el acordeón. Ante el concierto de Torres llegó José Ramón Encinar, durante un ensayo a palpar el milagro al que se refería esa vieja y ahora recuperada expresión de la música inefable, que tanto gustaba a la estética de principios del XX. Quizá todo su secreto radicara en la forma de respirar, a lo mejor en la capacidad para dejar en el aire sonidos que flotaron con cuerpo y alma, que parecieron llorar. La suya fue una actuación emocionante, que contó con el acuerdo de la orquesta madrileña, quien, además, ha logrado, con esta nueva interpretación de la obra de Torres, hacer aflorar lo que en ella hay de J. M. SERRANO sincero, oscuro, dramático y perturbador. Hasta ahí solistas, orquesta y director no hicieron otra cosa que trabajar a favor de la intención última de los autores. También con la Ritirata de Berio donde Encinar propuso un ejercicio de verdadera transformación de la materia a partir de un arco expresivo sutilmente regulado. O al esforzarse por resaltar lo que hay de evocativo, atmosférico y quebrado en la complicada Rapsodia española final de un concierto sentido y con personalidad. CLÁSICA Fundación Juan March Obras de T. Marco, R. Barce, J. R. Encinar, G. Gombau y A. Blancafort. Intérpretes: Grupo Modus Novus (director: S Serrate) y L. Maesso, mezzosoprano. Lugar: Fundación Juan March, Madrid MEDIO SIGLO DE MÚSICA ESPAÑOLA ANTONIO IGLESIAS uando la Fundación Juan March alcanza su medio siglo de existencia, ofrece un breve ciclo de tres conciertos dedicados a algunos de los compositores españoles pertenecientes a su coetánea segunda mitad del siglo XX, ejemplar actitud que se aplaude, y dio comienzo en la tarde del miércoles en su sala de la calle Cas- C telló. El primero de sus programas lo encabezaron quienes, hoy, son académicos, algo que se trae a colación para una reflexión aleccionadora: son Tomás Marco, Ramón Barce y José Ramón Encinar. Del primero escuchamos aquella célebre Rosa- Rosas para violín, flauta, clarinete y violonchelo que, cuando la escuchamos por vez primera, suponía un valiente ejemplo de aquel momento de hace ya casi ocho lustros y permanece hoy tan jove e inconformista. Abunda en una misma estética Ramón Barce con su Soledad primera, Op. 20 sobre un texto de Góngora, para voz y cinco instrumentos, con adscripción serial en sus cinco secciones y soli que eleva la voz de una mezzosoprano. José Ramón Encinar, comenznado la segunda parte con su Sammandhi alude de algún modo a lo oriental en una página de un cuarto de hora, abierta a la reflexión y que brota de tres instrumentos de viento y otros tres de cuerda, en lo que escribió hace algo más de treinta años adscribiéndose desde Italia a un evidente vanguardismo. Siempre maestro, Gerardo Gombau estrenó en el Ateneo de Madrid (entidad que poseía tanta importancia en aquel momento de hace más de cuarenta años) No son todos ruiseñores para clarinete, guitarra, viola y voz. Una pieza dodecafónica en esencia, cambiando su anterior total estética. Por último, Alberto Blancafort, con su Divertimento para 6 instrumentos se acerca excesivamente al mundo de Falla, en particular en el primero de sus tres tiempos. Con este sexteto tan valiente como los demás, por voluntariamente militante en el mundo tonal. Las interpretaciones, tan diáfanas como perfectamente comunicadas por el director Santiago Serrate, tuvieron como vehículo responsable al Grupo Modus Novus, alcanzando límites de excepción la mezzosoprano Luisa Maesso, que subrayó en perfecta dicción los textos gongorinos utilizados en sus obras por Barce y Gombau. omo en anteriores convocatorias, en la programación del Festival de Jazz madrileño se ha incluido una sesión de música flamenca. En esta ocasión a cargo del grupo Son de la Frontera, que dirige Raúl con su tres cubano. Y estamos ante un conjunto verdaderamente original dentro del género, compuesto, además del tres, por guitarra, dos bailaores y un cantaor, en el que la percusión solamente se realiza con las palmas, no les hace falta instrumentación alguna más, para desarrollar Ese repertorio compuesto por una decena de temas, en los que predominan los aires festeros. Son de la Frontera lleva a cabo, a lo largo de hora y cuarto de actuación, un entretenido y lucido gran ritual de música flamenca, un ceremonioso espectáculo gracias a la compenetración extraordinaria de sus artífices. La conjunción del tres cubano con la guitarra es admirable, poniendo de relieve que sin despegarse de los estilos tradicionales, se pueden brindar giros plenos de originalidad. Y también se aporta la recuperación de otros giros olvidados o en desuso, como en las alegrías, reviviendo falsetas antiguas, entre ellas las que atribuyen a la legendaria cantaora y tocaora Anilla la de Ronda. Es un número sumamente brillante y un tanto inusitado. Otro número muy bien consumado, es el que se titula Cambiaron los tiempos basado en los cantes básico, así como el apoyado en la soleá, en el que se le rinde homenaje a la inmortal cantaora La Serneta Cuando murió La Serneta la escuela quedó cerrá porque se llevó la llave del cante por soleá y en el que el baile tiene un acentuado y relevante protagonismo. Posiblemente es el pasaje más logrado, aunque en todo momento Son de La Frontera mantiene un nivel un encomiable. Lógicamente, los palos festeros, repetimos, adquieren la mayor presencia, abundando las bulerías y un tema por tangos. En ellos se manifiesta continuamente la creatividad estilística y la capacidad interpretativa del grupo, que remata su programa con Bulerías de las Flores de una acentuad vistosidad y un enjundioso araque en el compás y el baile. La audiencia aplaudió con fuerza, valorando la singularidad y calidad del concierto. C