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42 Madrid MARTES 22 11 2005 ABC Campmany dará nombre a una plaza o calle de Madrid con el rechazo de PSOE e IU El Gobierno local aún no ha decidido dónde estará ese espacio público votaron en contra del homenaje por razones ideológicas, mientras el PP lo apoyó alegando su trayectoria y afilado ingenio ABC MADRID. El escritor y articulista Jaime Campmany, habitual colaborador de ABC, tendrá un espacio público con su nombre en Madrid. Así lo ha decidido el Gobierno municipal de la ciudad, que elevará la propuesta al próximo pleno de noviembre para formalizarla, aunque aún no ha decidido si el fallecido columnista dará nombre a una calle b Los partidos de oposición dose en el pasado político del escritor y periodista, a quien acusaron de ser cercano al franquismo, homófobo, machista y antidemocrático De afilado ingenio Contrasta esta situación con la vivida hace sólo unas semanas, cuando el pleno del mes de octubre aprobó, a propuesta del alcalde de la ciudad, Alberto Ruiz- Gallardón, asignar el nombre del periodista también fallecido Eduardo Haro Tecglen a una calle o espacio público por determinar en la capital. La petición se aprobó por unanimidad de todos los grupos municipales, y sin que se produjera en el pleno ningún comentario contrario. Alicia Moreno, concejal de Las Artes del Gobierno de Ruiz- Gallardón, defendió ayer su propuesta respecto a Jaime Campmany señalando que el escritor dedicó su vida al periodismo y afirmando que era polémico pero con afilado ingenio La propuesta de la comisión informativa de Las Artes será elevada ahora al pleno municipal, que se reunirá el próximo 29 de noviembre. Más adelante, el área de Las Artes propondrá cuál es el emplazamiento exacto- -nueva calle o nueva plaza, e incluso un equipamiento de titularidad municipal- -que recibe el nombre del desaparecido escritor. Las juntas municipales de distrito también aportan su grano de arena en esta decisión: cuando abren nuevas vías o centros, se ofrecen para ponerle un nombre de entre los que están pendientes de asignación, informaron fuentes de la concejalía de Las Artes. No hay duda de que el de Jaime Campmany será uno de los nombres más solicitados. La Comisión de Las Artes aprobó también ayer designar con el nombre del novelista, dramaturgo y ensayista francés Albert Camus a otro espacio público de la ciudad. Asimismo concederá la Medalla de Oro de la ciudad al Consejo General del Poder Judicial y a la Fundación Juan March. o una plaza. En cualquier caso, indicaron fuentes municipales, será un espacio suficientemente representativo. La responsable de la concejalía de Las Artes, Alicia Moreno, argumentó la decisión de su Gobierno de rendir este homenaje a Campmany (Murcia 1925- Madrid 2005) basándose en su larguísima y muy premiada trayectoria profesional, que le valió haber obtenido, entre otros galardones, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. Galardones y premios El periodista murciano, fallecido el pasado mes de junio, dirigió a lo largo de su dilatada carrera varios medios de comunicación, fundó revistas litera- rias y recibió numerosos homenajes a su labor, entre los que se cuentan los premios Víctor de la Serna por sus artículos periodísticos y crónicas de viajes, el Mariano de Cavia y el César González Ruano además del Premio Nacional Extraordinario de Periodismo, la Placa de la Orden de Cisneros y la Medalla al Mérito Deportivo. La decisión salió adelante en la comisión informativa de Las Artes celebrada ayer, aunque sólo contó con los votos del Partido Popular. Los representantes de PSOE e Izquierda Unida, Rosa León y Concha Denche, sin embargo, se opusieron a que Campmany ceda su nombre a una vía pública, y articularon su rechazo al homenaje basán- Campmany, habitual colaborador de ABC, en una imagen de archivo asomado a la terraza de su casa JAIME GARCÍA HARO TECGLEN, ESQUINA CON JAIME CAMPMANY EMILIO CAMPMANY P uede que dentro de unos años, algún taxista madrileño tenga que escuchar cómo se le pide ir hasta esta dirección. Hace unas semanas, el Ayuntamiento de Madrid decidió, por unanimidad, ponerle a una calle el nombre del recientemente fallecido columnista de El País Eduardo Haro Tecglen. Ayer, el mismo Ayuntamiento ha decidido, con la oposición de los grupos socialista y de Izquierda Unida, ponerle también el nombre de una calle a mi padre, el también columnista, también recientemente fallecido, Jaime Campmany. Haro y mi padre eran de la misma generación. Nacidos con apenas unos meses de diferencia, los dos fueron niños de una guerra vivida de muy distinta manera, aunque eso sí, con el mis- mo espanto y horror. Cada uno se amoldó a la España salida de ella como mejor pudo y cada cual trató de ser coherente con sus ideas de la mejor manera que supo. Yo, que soy hijo de uno de ellos, no debo juzgar moralmente su conducta, ni creo que nadie tenga derecho a hacerlo ahora que no pueden justificar lo que hicieron o dijeron. Lo que todos sí podemos reconocer es que, desde columnas enfrentadas, desde medios ideológicamente opuestos, ambos defendieron sus ideas con vehemencia, casi siempre contra corriente y con un castellano que ya quisieran muchos, incluido yo, para sí. No comprendo por qué los concejales de izquierda del Ayuntamiento de Madrid no han tenido el señorío de reconocer al columnista adversario la virtud que los de la derecha le han reconocido al de ellos. Si el debate acerca de los méritos que los dos pudieran tener para el honor que se les hace se hubiera limitado a lo que debía, esto es, a lo bien que escribían y al haber sido unos columnistas de éxito, no habría habido problema en aceptar que ambos tenían los suficientes. Sin embargo, al parecer, para socialistas y comunistas ese mérito no basta, sino que además hay que ser de los suyos para conseguir el reconocimiento de las instituciones, aunque éstas sean en realidad de todos. Es una lástima. Les hubiera bastado tomar ejemplo de su correligionario fallecido para darse cuenta de que una cosa son las ideas y otra muy distinta los méritos. Les cuento. Ni Haro ni mi padre se andaban con chiquitas a la hora de decirse lindezas. Pero, si se odiaban, lo hacían cordialmente y nunca dejaron, aun con la boca pequeña, de reconocer la gracia en el otro. Ocurrió que durante una Feria del Libro, hace no muchos años, coincidieron el mismo día y a la misma hora, en distintas casetas, Haro y Campmany para firmar sus respectivos libros. Mi madre dejó a mi padre unos minutos diciéndole: Voy un momento a acercarme a la caseta donde está firmando Haro para que me dedique su Niño republicano Y a mi padre le pareció lo más natural del mundo. Hasta allí se fue ella, compró el libro y pidió al escritor que se lo dedicara aclarándole que era Conchita, la mujer de Jaime Campmany. El columnista de El País la saludó amablemente y le escribió una cariñosa dedicatoria firmándola como El Inhóspito que es como, sin tanto cariño, desde luego, lo llamaba mi padre en sus artículos. Cuando terminaron de firmar, los tres se fueron dando un paseo por el Retiro y charlando. ¿Era mucho pedir que los concejales hubieran sido unánimes a la hora de dedicar sendas calles a estos dos columnistas de vidas casi paralelas? No importa. Dentro de unos años, alguien pedirá a un taxista que le lleve a Haro Tecglen, esquina con Jaime Campmany y luego preguntará: ¿Sabe usted quiénes eran? Y el taxista contestará: Eran dos periodistas españoles