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ABC MARTES 22 11 2005 Nacional TREINTA AÑOS DE MONARQUÍA PARLAMENTARIA 21 saber sus historias siempre que no sea en plan de una venganza, porque si no entraríamos en una espiral de violencia. La ignorancia histórica es enorme y en España somos propensos a esa ignorancia histórica. La historia nunca se repite, pero sí hay una cierta compulsión repetitiva. -Sostenía el barón Montesquieu, que el grado de civilización de una sociedad se mide por el nivel de libertad de la mujer. ¿Cómo es el de la mujer española hoy? -Bastante alto, como el salto que hemos dado en educación. Ahí nos encontramos al nivel de los países más desarrollados en ese sentido en Europa, pero todavía seguimos por debajo de la media- -porque hemos partido desde muy atrás- -en cuestión, por ejemplo, de salarios en empresas privadas, aunque no en la Administración, que es el sitio donde es igual. O en trabajos medios o bajos: se trabaja igual, pero hay distinto salario. El paro afecta también más, en unos porcentajes mucho mayores, a mujeres que a hombres, del mismo modo que a los jóvenes. Hay luces y sombras. ¿Cómo era ese grado de libertad durante el franquismo? -Era cero. Prácticamente, aunque hay que matizar. Las mujeres, desde luego, como sujetos habían conseguido algunas cosas tras una lucha que llevó Mercedes Fórmica. No podían abrir cuentas, no se podía viajar sin el permiso del marido... Mercedes Fórmica había conseguido que las mujeres, al separarse, no quedasen privadas totalmente de la parte que les correspondía, porque se les echaba de la casa y lo perdían todo. Está unida, indudablemente, a un Estado de Derecho y a un Estado en donde las libertades estén aseguradas. Porque la mujer española en los años treinta, en el nivel de élites, al nivel de los demás países europeos, iba en ese mismo camino y el retroceso después de la Guerra Civil fue enorme. -Carmen Iglesias ha sido una mujer pionera en el sentido de haber abierto muchas puertas a las mujeres que antes estaban cerradas de par en par. ¿Cómo lo ha alcanzado? -No ha sido algo intencionado. Simplemente quizás por las circunstancias personales- -quedé huérfana de padre muy pronto- soy hija única, bueno, pues la vida te va planteando retos, problemas, los vas salvando y, efectivamente, me he ido encontrando situaciones en que yo era la única mujer. Y tengo que decir que lo más gratificante ha sido siempre recibir cartas y ánimos de otras mujeres. Yo me siento muy solidaria. Ellas se sentían representadas por mí, cosa que ha sido un privilegio y un dato muy afectivo para mí. De alguna forma yo me he esforzado también en ese sentido: que siempre estuvieran orgullosas de lo que algunas estábamos haciendo. Tengo amigos personales muy leales, pero en general, en un ámbito colectivo, podríamos decir que he encontrado muchas veces más solidaridad en las mujeres que en los hombres. En los varones, el hecho de que una mujer pasara por delante... Yo he sido directora de un centro en la que he tenido unos subdirectores maravillosos, con los que mantengo una gran amistad y eran varones. No se puede generalizar. Pero, en fin, sí creo que he ido abriendo puertas y no siempre ha sido fácil. El Rey es el símbolo de la unidad, moderación e integración -Usted ha sido preceptora de Don Felipe de Borbón. ¿Cómo ha vivido el nacimiento de la Infanta Leonor? -Con mucha emoción. Desde el punto de vista ciudadano porque creo que la Monarquía parlamentaria es lo que los clásicos llamarían un régimen mixto Y ya que estamos con Montesquieu, el pensador francés insistía que no existe la mejor forma de gobierno, sino que el mejor régimen es lo que él llamaba, para entendernos, un régimen moderado, que salvaguarda la libertad y la seguridad de los ciudadanos. Y en el que las leyes protegen a esos ciudadanos, fundamentalmente. Por lo tanto, al no existir la mejor forma de gobierno, la dicotomía no está ya entre una Monarquía y una República, sino entre democracia y dictadura. Y por lo tanto, en esas condiciones de Monarquía parlamentaria tal como la impulsó el Rey y como quería la sociedad española, es una forma- -con independencia de que cada ciudadano tenga sus preferencias- -moderada que salvaguarda los principios. Y que conjuga la estabilidad de no tener la jefatura del Estado cada cuatro años a expensas de elecciones, al mismo tiempo que esa figura del Jefe del Estado está dentro de unas coordenadas legales bastante férreas como es la Constitución. Y es el símbolo de la unidad, de la moderación, de la integración... Desde el punto de vista institucional se afianzan esos valores de estabilidad, de continuidad, de libertad y de seguridad en las leyes, en la Constitución. Y por otro lado, desde el punto de vista personal, tanto los Reyes como los Príncipes están muy felices. Es una niña preciosa. Y sale a los padres y a los abuelos.