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20 Nacional TREINTA AÑOS DE MONARQUÍA PARLAMENTARIA MARTES 22 11 2005 ABC CARMEN IGLESIAS Historiadora y académica La nación es una nación de ciudadanos; no hay nación de naciones, ni de nada MADRID. Carmen Iglesias es una mujer pionera: ha abierto de par en par las puertas de muchas instituciones, tradicionalmente masculinas, a la mujer. Ha consagrado su vida al estudio de la Historia de las Ideas y, de modo particular, a la filosofía y política de la historia moderna y de la Ilustración Europea. Catedrática de Historia de las Ideas y Formas Políticas en la Complutense durante dos décadas y desde el año 2000 en la Rey Juan Carlos, dirigió el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, fue consejera nata del Consejo de Estado entre 1996 y 2000 y es académica de las Reales Academias Española y de la Historia. Ha sido tutora de los estudios universitarios de la Infanta Doña Cristina y profesora de Historia y Humanidades del Príncipe de Asturias. Por su labor posee el premio Internacional Montesquieu, en 1985 (por El pensamiento de Montesquieu que acaba de reeditar en Círculo de Lectores Galaxia Gutenberg) el Nacional de Historia en dos ocasiones (1998 y 2004) la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio (en 1995) y el premio Vocento a los Valores Humanos (en 1996) Conversar con la doctora Iglesias es un placer. Ella se amolda, con absoluta paciencia y gran generosidad, a lo que el entrevistador proponga. La charla se desarrolla en la buhardilla de la sede social de Círculo de Lectores, donde presentaba su libro El espíritu de Montesquieu entre albaranes, facturas y cajas de libros repletas. -Usted es historiadora, no política, pero, desde el punto de vista histórico, ¿el Estatuto es una amenaza para la nación española? -Si saliera, sí. Es indudable que rompe allí muchísimas cosas. La nación es una nación de ciudadanos; no hay nación ni de naciones ni de nada. Es nación de ciudadanos. Si no queremos volver al antiguo régimen, al criterio del grupo, al criterio del nacimiento por encima del criterio del individuo, que nos ha costado tanto conseguir... pues indudablemente. Dicho esto, hay que confiar en la sensatez de esta sociedad abierta en la que se pueden llegar a los consensos suficientemente como para que no se produzca ningún enfrentamiento grave. ¿Reivindicaría la figura del barón francés para la política actual? -Por supuesto, totalmente. Todo su pensamiento está basado en la libertad de los ciudadanos, de los individuos y me parece que eso hay que reivindicarlo siempre. Porque también él decía que el problema que había es que estando inscrita en la naturaleza de los seres humanos su ansia de libertad y autonomía, también hay una tendencia al reposo y a la pereza. Y por eso son tan peligrosos los demagogos. La profesora de Historia y Humanidades de Don Felipe disecciona los cambios en la sociedad española cuando se cumplen treinta años del Reinado de Don Juan Carlos TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTOS: DANIEL G. LÓPEZ Carmen Iglesias, en un momento de la entrevista con ABC La dicotomía no está ya entre una Monarquía y una República, sino entre democracia y dictadura La Transición se hizo porque se tenía memoria, no porque se olvidaba el pasado. Fue muy inteligente -Dejando a un lado Montesquieu, ¿cómo ha evolucionado la sociedad española en los últimos treinta años? -Yo creo que bastante bien, pero quizás con cierta aceleración. Ha sido impresionante en el campo, por ejemplo, de la educación y en el de la incorporación de las mujeres no sólo al mercado de trabajo y a puestos que cada vez van rompiendo más el llamado techo de cristal sino sobre todo en la percepción que hombres y mujeres han tenido que remodelar respecto a sí mismos y a sus personas o sus relaciones. Los cambios son muy interesantes. Lo que ocurre es que no hay ganancias absolutas en la Historia. La solución de unos problemas crea otros retos y desafíos que hay que afrontar. ¿Cómo se veía la idea de cambio entre los españoles antes de 1977 y después de 1977? -En diferentes encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas y de la Fundación Santa María, que estudian los cambios de los españoles, llama la atención que antes de 1977 la idea de cambio se veía como algo peligroso, más por parte de las mujeres que de los hombres. A partir de la Transición, el cambio es un valor en sí entre los españoles y todo lo que sea cambio está bien visto. Pues bien, esa confianza que estaba bajo mínimos antes de 1977 ha subido espectacularmente, pero seguimos por debajo de la media europea. Sin embargo, sigue habiendo una fuerte percepción de desigualdad social, unida a un fuerte igualitarismo. En teoría, indudablemente todo el mundo está a favor del criterio del mérito personal y del propio por encima del criterio de nacimiento, pero a la hora de la verdad, a veces en los exámenes, se valora más las intenciones que los resultados. Y en función de ese fuerte igualitarismo social hay en la sociedad española a veces, en ciertos sectores, una mentalidad que llamaríamos de jugadores a sumas cero ¿La Transición se hizo porque existía memoria? -En efecto, se hizo porque se tenía memoria, no porque se olvidaba el pasado. Fue una Transición muy inteligente de la dictadura a la democracia a través de la ley a ley. Se tenía memoria de lo que había ocurrido, de que el siglo XIX y principios del XX había sido una época en la que cuando un partido ganaba el poder expulsaba totalmente al otro, cambiaba la Constitución y media España quedaba fuera. Y no se quería volver a repetir. Un enfrentamiento civil, nunca más. La memoria histórica jugó un decisivo papel. Salíamos de una situación donde todavía existían coletazos de miedo y de peligro de golpes militares de ciertos sectores. La Transición fue posible porque se había creado un tejido social. ¿Se ha perdido la memoria histórica, hoy? -La memoria histórica nunca se ha perdido. No ha habido olvido. Los seres humanos ni podemos olvidarlo todo, ni tampoco podemos recordarlo todo. La Transición es producto de la memoria de lo que había ocurrido. En la Transición se tuvo en cuenta que aquello, lo anterior, no se volviera a repetir. La justicia de las víctimas hay que tenerla siempre en cuenta. Las víctimas de ETA siguen ahí sin ser reconocidas. Y sobre las víctimas de la Guerra Civil está muy bien que se quieran