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ABC MARTES 22 11 2005 Opinión 7 suna de hoy. Como tampoco se le podría pasar por la imaginación a Ramón Rubial que un día pudiéramos gobernar con los seguidores del Mario Onaindía del proceso de Burgos, a quien tú citas acertadamente en tu artículo. Pero el futuro está escrito en las estrellas. Y a mí me gustaría que un día, desaparecida ETA, vencido el fundamentalismo excluyente y establecido el debate político en términos de izquierda y derecha, pudiéramos pactar con los demócratas de diferente procedencia, con aquéllos que defiendan la igualdad de todos como principio básico de acción política. LA ESPUMA DE LOS DÍAS DE INSULTOS Y DEMOCRACIA N Los socialistas siempre hemos defendido la libertad y la igualdad, y hemos sufrido mucho por ello. Te has preguntado dónde estaban en aquellos momentos críticos las gentes que ahora te adulan Y en ese momento los socialistas estaremos donde hemos estado siempre, defendiendo los intereses de los trabajadores y de los más desfavorecidos. Como lo venimos haciendo desde finales del siglo XIX, desde las huelgas de la minería y de la siderurgia. Los socialistas, Rosa, siempre hemos defendido la libertad y la igualdad, y hemos sufrido mucho por ello. Te has preguntado dónde estaban en aquellos momentos críticos las gentes que ahora te adulan. ¿Dónde estaban cuando tenían lugar las huelgas de las minas? ¿en la guerra civil? ¿en la postguerra? ¿No crees que los herederos de Indalecio Prieto y de Ramón Rubial representan, representamos, infinitamente mejor que quienes ahora te jalean los ideales que hemos defendido juntas? Me duele profundamente, Rosa, que siendo compañeras de escaño en el Parlamento Europeo, defendiendo juntas los valores de la izquierda, me haya tenido que enterar de tus preocupaciones a través de un artículo que publicas en un periódico de la derecha. Rosa, los socialistas no somos perfectos, podemos equivocarnos como humanos que somos, pero nunca hemos traicionado los valores por los que lucharon y sufrieron nuestros abuelos, nuestros padres y en mi caso concreto mi propio marido. Yo nunca traicionaré la memoria de Enrique, ni la de Fernando, y tampoco la de Miguel Ángel o de la de Gregorio. Yo siempre estaré con quienes han defendido en todo momento la libertad y la igualdad, yo siempre estaré con quienes trabajen para que no haya más víctimas, para que termine esta locura. Y tengo muy claro que para defender la libertad es mejor estar con quienes mejor la conocen y más la practican. Y espero coincidir en ese camino contigo, a pesar de tu evidente deslealtad. PALABRAS CRUZADAS ¿Ha dado Madrid una lección de tolerancia en el Bernabéu? DIERON EJEMPLO TOLERANCIA... ¿QUÉ ES TOLERANCIA? LARO, me gustó lo ocurrido en el Bernabéu el sábado. Cuánto me gustaría también poder decir: esto es una lección de tolerancia del pueblo madrileño para los catalanes, etcétera. O sea, lo que tantos dicen ahora, sacando pecho. Imperó, más que tolerancia, buena educación y falta de un fanatismo como el que derrochó hace semanas Laporta, cuando desplegó el mapa de los países catalanes en el Camp Nou, sobre un césped crecido para conocer de gestas deportivas y no de bravatas gratuitas. Para mí, tolerancia es algo más que aplaudir los soberbios goles de Ronaldinho: a la gente, por blancos que sean sus colores, le gusta el fútbol primero; ganar, sólo después. Mi enhorabuena a los espectadores y a los directivos FERNANDO del Real Madrid, que han dado más de JÁUREGUI una prueba de señorío, aunque ahora la suerte- ¿se llama suerte? -no acompañe. Tolerancia entiendo que es concepto amplio, que abarca desde el tráfico- -y en Madrid hay de todo menos tolerancia- -hasta, claro, la política. Y allí, en la Cataluña mediterránea, suelen ser más tolerantes- ¿o más pasotas, o más consentidores? -que en la estepa mesetaria, siempre prestos a desollarnos vivos por un sí o un no, un Zapatero o un zapato. Cuánto me gustaría pensar que ese néctar rarísimo de la tolerancia llega a nuestras praderas. Pero escucho algunas radios, miro al conductor de al lado y pienso no, no, deja de soñar... N O vi el partido- -mi entusiasmo por el fútbol es perfectamente descriptible- -pero me contaron lo que pasó en el campo: en estos tiempos de boicot intolerable y gente que hace ostentación pública en el supermercado de llevar la lista de los que no el aplauso de la afición madridista a los jugadores del Barça que realizaron un gran partido me parece todo un ejemplo. De tolerancia, de saber estar, de educación y de reconocimiento a quienes demuestran ser buenos en lo suyo. Vivimos tiempos difíciles, de crispación, de políticos que juegan al entreguismo; tiempos del todo vale y del que esto se hace porque lo digo yo. La política ha provocado tensiones que nunca se habían vivido con anterioridad, ha roto amistades, PILAR ha dividido al país, ha sacado a la luz agraCERNUDA vios e insolidaridades. El fútbol es un deporte que levanta pasiones y que con frecuencia ha conducido a posiciones irracionales; un deporte que ha dado pie a situaciones de enorme violencia, que eleva el tono de las discusiones y que lleva en ocasiones a situaciones extremas. Pero el sábado ha dado ejemplo. Que un campo haya aplaudido al adversario de su equipo es todo un síntoma de que el sentido común de la afición es muy superior al que demuestran la mayoría de los políticos. Y la mayoría de los periodistas que siguen, comentan y analizan la actualidad política. C ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate O está el maestro Campmany para ilustrarnos con una teórica sobre el arte del insulto, pero ¡qué bien nos vendría en esta época de mediocres censores vocacionales! Insultar como Dios manda es, ante todo, un arte. Más aún, es en esa derivada artística donde el ultraje redime su indiscutible maldad. La maestría del insulto sólo está reservada para aquellos que han curtido su mala leche con lecturas, experiencia y sentido del humor. Hoy que hemos convertido a Alfonso Guerra en un bien de Estado nos permitimos el lujo de sonreír al recordar cómo le endosó a Adolfo Suárez aquel hiriente tahúr del Mississippi Maldita la gracia que le pudo hacer al enCARMEN tonces presidente del GoMARTÍNEZ bierno aquella ingeniosa CASTRO maldad, y peor fue aún lo de Soledad Becerril, caricaturizada por el ahora severo constitucionalista como Carlos II disfrazado de Mariquita Pérez Después de Alfonso Guerra nadie ha vuelto a mostrar públicamente tanto arte en la disciplina; el insulto ha ido a más, pero el ingenio a menos. Cuando el presidente Zapatero hincha el buche para escupir lo de bazofia periodística insulta, con acritud y sin gracia, pero insulta. Cuando Montilla masculla lo de la derecha desvergonzada también insulta, de forma adusta y desabrida, pero insulta. Ni siquiera resultan originales; los políticos y especialmente los socialistas han desarrollado una singular destreza a la hora de transformar las denuncias periodísticas sobre casos de corrupción en vendavales antidemocráticos o basura amarilla Hoy volvemos a estar en ello. Montilla, que se las prometía tan felices como sucesor de Maragall, todavía no sabe de dónde le vienen las bofetadas, pero él, por si acaso, insulta. Su exquisita sensibilidad ante las críticas no se corresponde con su situación claramente insostenible ética y estéticamente. ¿Y qué decir del presidente Zapatero? Ni ojos verdes, ni sonrisa angelical, ni discursos bucólicos que valgan; ZP se nos ha metido de hoz y coz en el recuerdo del peor felipismo: el acoso a las empresas no adictas, los insultos a la prensa y la utilización atípica del Mystère. Sólo en año y medio de gobierno. La bronca entre políticos y periodistas forma parte del guión, incluso se puede interpretar como un saludable ejemplo de tensión democrática. Lo que no es de recibo es intentar cercenar las voces críticas, amenazar directa o indirectamente a un medio de comunicación o utilizar el BOE como arma en esa pugna. Hacerlo con la complicidad de un sector de la profesión resulta particularmente repugnante; aunque tampoco es un fenómeno nuevo; hace muchos años que los perros nos dedicamos a comer carne de perro y así estamos: cada vez más flacos y débiles. Los pregonados códigos periodísticos y los comités de profesionales no han servido jamás para detectar la corrupción y menos aún para denunciarla.